¿Eres una de ellas? Las madres 2.0 y las "culpas" que afectan su siquis

Tener que dejar a los hijos al cuidado de otros para seguir con nuestra vida laboral ha implicado muchos efectos colaterales, que nos hacen reaccionar de cierta manera, sin siquiera darnos cuenta La sicóloga y experta en EMDR (por la sigla en inglés de la sicoterapia, desensibilización y reprocesamiento por el movimiento ocular), María Luisa Gumucio, nos explica cuáles son esas consecuencias que afectan directamente a nuestra siquis.

 

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Por María Luisa Gumucio

Nuestros hijos, en particular cuando son niños, suelen darnos los momentos más felices y el más profundo sentido a nuestra vida. En ocasiones, cuando los vemos contentos, cuando son tiernos, cariñosos, agradecidos o tienen logros, es cuando sentimos la tibieza de sentirlos bien y de sabernos buenas mamás.

Pero también los hijos son generalmente fuente de nuestras mayores preocupaciones. Muchas de ellas tienen que ver con temas reales que les ocurren y de los que, en general, estamos las mamás todo lo atentas que podemos para prevenir situaciones, para apoyarlos cuando hay problemas, y para potenciarlos, en la medida de nuestras posibilidades.

Además de estas situaciones más objetivas de problemas, muchas veces los hijos  también pueden ser los reyes de la manipulación, con habilidad experta para descubrir los puntos débiles de sus padres y manejarlos para lograr sus objetivos, actuando egoístamente.

La madres que trabajamos solemos ser presa fácil de la manipulación de nuestros hijos, que se demoran poco en darse cuenta que el trabajo femenino es aún reciente en nuestra historia, y que con facilidad nos afloran las culpas por tener a nuestros hijos "botados".

Entonces, además del habitualmente cuatriple esfuerzo de trabajar, hacernos cargo en forma principal de la casa, de los niños, y del entorno que nos necesite (padres, amigos…), nos cuestionamos e intentamos "reparar" el "abandono" de nuestros hijos. Y aquí es cuando podemos equivocarnos en serio y empezar a gastar lo que no debemos en regalitos para que nos perdonen por llegar tarde, o por estar cansadas para jugar al llegar a la casa; o que podemos permitirles más allá de lo que nos parece adecuado para que no se vayan a enojar y el poco tiempo que pasamos con ellos no se vaya a enturbiar; o podemos también no dejarnos ni media hora para nosotros aunque la necesitemos urgentemente. No es un tema fácil y es muy común, varía la intensidad, la conciencia al respecto, y por tanto cuánto nos dejamos manipular o influir.

Este es un tema relativamente nuevo; hace 100 años casi no existía, porque la mujer estaba en la casa y con los niños "como debe ser".

Hoy existe en nosotros la pelea entre la mujer antigua, que siente que debe estar en la casa, y la mujer de hoy, que se da cuenta que su vida –y la de sus hijos– generalmente es mucho mejor y más segura cuando la mujer trabaja. Es difícil hoy que una familia viva con un solo sueldo, y esto en los casos más afortunados, que es hijos con mamá y papá presente, y con padre con trabajo. Y además, tenemos el agravante de vivir en un país donde todo se paga, y caro.

En las familias de los sectores de menores ingresos, lo que generalmente marca la diferencia entre ser pobres o no, es si la mujer trabaja.

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