Noche de mujeres: los secretos que aquí se revelan. Por Leo Marcazzolo.

Las noches de mujeres son 100% mujeres, y por lo mismo, se transforman en un verdadero festín del pelambre. La plataforma ideal para "pelar" a los hombres. Con total destajo.

 

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Lo mejor de las noches de mujeres es que jamás aparecen hombres. Sencillamente no existen. No existen ni las parejas aburridas, ni los halcones jotes, ni mucho menos los del tipo cacho que uno siempre termina paseando como a los perritos. No. Las noches de mujeres son 100% mujeres, y por lo mismo, se transforman en un verdadero festín del pelambre. La plataforma ideal para "pelar" a los hombres. Con total destajo.

¿Y es que qué clase de hobby en el mundo puede ser más entretenido que ese? Ninguno. Absolutamente ninguno. Es lejos el más gratificante. En especial si la mujer en cuestión tiene poco mundo y casi ni sale de su casa. En especial si la mujer en cuestión es como la Sarita.

La pequeña y cándida Sarita, que en este último tiempo no ha parado de practicar –con especial sordidez– dicho hobby. De hecho, para ella pelar al Oso Hormiguero es como saborear un genuino dulce. Prácticamente ya no habla de otra cosa. Se ha convertido en una verdadera emperatriz del asunto. No hace más que develar detalles y más detalles. Todos, por cierto, tétricos y repugnantes. Dice, por ejemplo, que es un mequetrefe, un cero como semental, y que además ya no lo soporta. No soporta más sus bufidos de búfalo en celo y su actitud imperturbablemente sedentaria de hombre madera en la cama. El Oso Hormiguero no mueve ni un dedo, esa es su eterna actitud. Y no hay más vuelta que darle.

Pero eso no es lo peor; lo peor de todo es que la Sarita lo delata siempre en nuestros "Lady´s Nigth" (las cursis de mis amigas llaman así al asunto). Al nivel que sólo en el último que organizamos se puso tan endemoniada que llegó al extremo de desclasificar lo más íntimo. Dijo inclusive que el Oso Hormiguero lo hacía tan mal que ya ni siquiera se enteraba de cuándo lo hacía. Era tan "efímero" que esperaba quietecita no más a que terminara de emitir sus "bufidos" y después se dormía. Sin pena ni gloria.

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