La trampa de vivir con miedo: ¿cómo librarse de él? Por Edmundo Campusano

Cuántas veces podríamos distinguir o ver que vivimos desde el miedo, escondidos de todo y de todos, incluso de nosotros mismos, no atreviéndonos a ser.

Imagen

Hace unos días atendí a una persona que consultaba por varios síntomas, pero al ir construyendo y explicándonos éstos, apareció una fuerte vivencia generalizada de estar constantemente con miedo. No terror, ni pánico, ¡no!, es una extraña sensación vital de estar funcionando y viviendo desde el miedo, una posición en la vida que mantiene hace algunos años (por supuesto que no intencionadamente y tampoco conscientemente), que la hace temer, la hace no atreverse a ser ella misma, a tener constantemente miedo del futuro, a no arriesgarse a hacer cambios en su vida, a no atreverse a decir, a pensar, a sentir, por miedo a lo que "pueda pasar".

Ciertamente, todos tenemos distintos orígenes, hemos vivido diversas experiencias en la vida y distintas historias familiares y personales, y todos vivienciamos así nuestro presente de modo particular y personal. Sin embargo, al pensar en esta paciente, recuerdo a muchas personas, y por qué no decirlo, también muchos momentos en mi vida y experiencias personales que, de algún modo, tienen que ver con la vivencia de miedo, similares a las de aquella mujer que me consultó. Cuántas veces podríamos distinguir o ver que vivimos desde el miedo, escondidos de todo y de todos, incluso de nosotros mismos, no atreviéndonos a ser, en la desconfianza (de los otros y de uno también), con miedo a existir de tal o cual modo, "¡quizás qué van a decir los demás!", "¿y si no me resulta?", "¿y si me dejan?", "¿y si fallo?…", etcétera. Incluso, con miedo a vivir. Cuando se vive, aunque sea sutilmente desde el miedo y con estas sensaciones que he descrito, luego la actitud constante es de estar viviendo y actuando permanentemente con cuidado.

Así, estamos muchas veces cuidando (desde el miedo) la imagen personal, el ego, el que no nos dejen, el que nos quieran, el que nos acepten, el que los demás no se vayan, incluso el que las cosas ojalá no cambien y teniéndole mucho susto a la incertidumbre y a la inestabilidad (cuando es una de las cosas claras que la vida nos muestra constantemente, que todo cambia y que nada es estático). Luego de esto,  cuántos errores hemos cometido entonces por cuidar desde el miedo, por callarse desde el miedo, por transgredirnos a nosotros mismos, o a estas alturas, mejor decir, creer que cuidamos equivocadamente algo, ya que cada vez que hemos actuado desde el miedo, hemos visto los efectos en nosotros mismos, en las consecuencias emocionales y para peor, en que a la larga tampoco se tiene lo que se quería, y nos quedamos con una amarga sensación de estancamiento y de estar como aprisionados en nuestras propias emociones, sin libertad. En síntesis, el miedo es un pésimo consejero.

No estaría de más que algunas veces nos preguntáramos a nosotros mismos cómo sería vivir sin miedo, cómo sería vivir con la sensación de poder elegir constantemente la vida que queremos y movernos con más libertad, ¿a que le tengo miedo?, ¿en qué área de mi vida vivo más miedosamente?, para quizás poder hacer algo al respecto, y confiar en la vida y en mí.