Vale la pena preguntarse: ¿Por qué estamos juntos?

Aquello que parece tan evidente, a la hora de mirar la relación, de ver qué pasa, de comprender tal o cual problema en ella, se nos olvida y vemos al otro como “causante” de lo que sucede.

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Por Edmundo Campusano

Pareciera algo evidente decir que una relación implica al menos dos, que cuando estamos en una relación de pareja estamos de a dos y que ambos tenemos que ver con lo que en ella ocurre. Pero aquello que parece tan evidente y que repetimos continuamente, a la hora de mirarla, de ver qué pasa, de comprender tal o cual problema en ella, se nos olvida y vemos al otro como "causante" de lo que sucede.

Sí, el "ego" o uno mismo se hace sus jugadas y a veces nos es difícil reconocernos en ella y asumir la mitad de la responsabilidad de  lo que en esa relación ocurre, para bien y para mal.

Otra idea que es compleja de asumir, y quizás tiene que ver con lo formateados que estamos para pensar estática y atomístamente (visión cultural: los cosas Y LAS  PERSONAS SON -SIEMPRE-ESTABLES Y SEPARADAS de las relaciones), es que vemos al otro y a uno mismo como estático e inmutable, como si uno fuera quien es, independiente de los espacios, los tiempos, las experiencias, las situaciones, etc. Así creemos que el(la) otro(a) es o tiene un YO, de un modo rígido e inamovible, y así le y nos restamos posibilidades de cambio y de poder estar de un modo distinto con nosotros mismos y con el(la) otro(a).

Otra premisa y reflexión, que me parece fundamental, es que todos los humanos tenemos lóbulo frontal y ¡la mayor parte de nosotros lo tenemos intacto!!!! Es tan extraño que no lo usemos para tomar conciencia de lo que nos pasa, de qué sentimos, de qué queremos, de cómo y qué estamos pasando. Y luego,  actuar en consecuencia (ojo que este lóbulo es el 40% del cerebro y sirve para tomar conciencia y decisiones).

Así, si echamos a la licuadora estos tres ingredientes: visión parcelada de la relación y no responsabilizarnos por ella (al menos en el 50%), visión estática y rígida de uno y del otro(a) y, por último, una buena dosis de poca conciencia de nosotros mismos y de VER, tenemos el cóctel preparado y listo para el sufrimiento en pareja y el atrapamiento eterno en relaciones tortuosas y sin sentido.

También dado lo anterior, es muy fácil estar con la sensación de que no se sabe para dónde uno va, qué quiere de una relación y, en consecuencia, aparecen esas frases como: "toda las micros me sirven".

Es como ir a comprar al supermercado antes de almuerzo, con hambre y se compran puras tonteras (muchas de las cuales, ciertamente no se necesitan). Y por el contrario, si uno tiene la guatita (por supuesto que en esta metáfora es el "corazón") "llena", se busca y escoge lo justo y necesario.

De este modo, modificando esos tres ingredientes que antes mencionaba, quizás la relación de pareja sea y se convierta en un espacio de desarrollo, de crecimiento, de aceptación mutua (de amor), de evolución de uno y del otro, y como tan sabiamente en la jerga popular se dice: "cada oveja con su pareja" y  "se tiene la pareja que se merece". Pero no como un sentido de castigo divino o algo que por designio de un ser supremo le "toca vivir", sino que de algún modo, dados los tres elementos del cóctel, uno lo elige, para bien y para mal, aunque no le guste reconocerlo.

Y quizás entonces, el sentido de la relación sea vernos en el otro, evolucionar juntos, vivir más en el presente y tal vez, en una de ésas, estar siendo más  felices.

A lo mejor, el sentido de la relación tiene que ver a la larga con el sentido de la vida que cada uno tiene, si es que lo tiene o lo puede construir.