El día en que la música dejó de ser lo más importante

Es triste pero cierto, la música ha pasado a segundo plano. Hoy parece ser más importante ir bien vestido a un concierto que conocer al artista que toca.

¿En qué minuto la gente que empezó a llenar locales “alternativos” para conciertos dejó de importarles la música? ¿En qué minuto pasó a ser más importante elegir con qué pantalones ir que si llegar cuatro o cinco horas antes? Sé que no se puede generalizar y que sí hay gente que va por un verdadero amor a la música a estos lugares, pero ¿qué pasa cuando esos al final terminan siendo una minoría?

Voy a tomarme la libertad de citar un excelente artículo que leí en el sitio POTQ respecto a la discusión que tuvo Jorge González con un tipo que estuvo en su último concierto en el Centro Cultural Amanda. El texto es del gran Andrés Panes. Dice así:

“Cállate, conchetumadre”, espetó González, antes de largarse con una colorida diatriba. Varios en YouTube lo tomaron como el acto de un rockstar prepotente con su público; pero los que estaban la noche del 9 de diciembre en Amanda, y otros muchos que lo vieron en sus computadores, aplaudieron las palabras del ex Los Prisioneros. Todo lo que el cantautor estaba exigiendo era ser escuchado y que no lo vapulearan durante su propia presentación, o sea, lo mínimo; algo que un tipo que ha escrito himnos generacionales y discos imprescindibles ni siquiera debería estar pidiendo. “Cállate, conchetumadre”. Cállate y calla todas las voces que te hagan pensar que la música es el arroz del plato, que los artistas no merecen respeto y que su trabajo es una excusa para “tomar y echar el pelo”.

Personalmente soy de los que apoyan la “chuchada” de González, pero estoy aún más de acuerdo con lo que el autor expone en el siguiente párrafo.

“Por supuesto que la ubicación de Amanda (Vitacura) propicia la ocurrencia del problema, porque llegan personas que no tienen idea sobre el artista de turno, pero cuentan con el dinero para pagar una entrada, consumir y actuar como si un músico de pub cualquiera estuviese en el escenario (ese trato recibieron Cat Power y Coralie Clément, por ejemplo). Sin embargo, pasa lo mismo en varios puntos de Santiago, desde las juntas de vecinos en que se organizan tocatas de rap, hasta en las contadas veces en que el Liguria se transforma en espacio para shows en vivo”.

Hace poco vino uno de los mejores djs que hay en el mundo (puede ser algo subjetivo, sin embargo el hecho de haber ganado cinco campeonatos de DMC -el máximo galardón que puede ganar un dj de tornamesas- y el hecho de haber ganado su primero a los 15 años). Se trata de A-Trak.

Un amigo que es dj de tornamesas y que es un erudito del tema, fue al concierto que dio hace unos días en Santiago y me dijo que sólo él junto a un par de amigos -que eran todos “cabezas de tornas”- estaban delirando con el dj, mientras que la gente que había llegado hasta el concierto sólo movían sus cabezas. Y no fue hasta que el dj reprodujo el tema que lo hizo estar en radar de mucha gente que no saben ni le interesa nada de los tornamesistas -Barbara Streisand- que el público se volvió loco.

Entonces mi pregunta es la siguiente: ¿Para qué traen a artistas tan destacados como A-Trak o el mismo Diplo que también tocó un día antes si en verdad la gente no va a los conciertos por la música, sino por para ver y ser visto? Bien podrían haber llevado a cualquier pelagato y probablemente el local lo hubiesen llenado igual.

Como dije al principio, hay gente que va a esos lugares y esos conciertos por un auténtico amor a su música, pero lamentablemente, ya somos varios los que creemos que son una minoría.

Pueden leer el artículo completo de Andrés Panes en el siguiente link: “Cállate, Conchatumadre”

Bonus Track: El video de Jorge González encarando al tipo que lo insultó.

Foto: Pablo Gutiérrez V.