¿Cuándo ir al cine se transformó en una pesadilla?

Javier Ramos se estresó el fin de semana.

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arianeb.wordpress.com

El pasado fin de semana fui dos días seguidos al cine. El sábado vi la película chilena “Violeta de fue a los cielos”, mientras que el domingo opté por “Si la cosa funciona” de Woody Allen. Y aunque las dos películas son muy diferentes, ambas me gustaron mucho. Con la primera recordé, reflexioné y hasta me emocioné. Mientras que con la segunda me entretuve de principio a fin, con carcajadas incluidas. Sin embargo, hoy no quiero hablar de películas, si no de las salas de cine y de lo complicado que resulta visitarlas; sobre todo en fines de semana.

Porque sucede que en Chile –y particularmente en Santiago- ya casi no existen las salas de cine unitarias, sino que lo que tenemos son recintos con seis, ocho, diez o más salas. Es decir, multisalas. Peor aún, varias de estas se ubican al interior -o adosadas- de malls. Por lo mismo, a la gente que atrae el cine se suman las multitudes que siempre llenas estos lugares.

¿Cuál es el resultado de todo esto? Que los cines y sus alrededores están siempre llenos, por lo que no queda otra que llegar cerca de una hora antes de la película para alcanzar a comprar la entrada. Es cierto, también se pueden comprar previamente por internet, pero si uno va en auto igual debe tomarse su tiempo, porque estacionar en estos lugares es toda una odisea. Incluso yendo en transporte público es necesario calcular llegar antes al cine, porque es tanta la gente, que todos los desplazamientos, consultas y filas toman demasiado tiempo.

¿Opciones? La verdad, no muchas. Organizarse y planificar muy bien cada ida al cine. Porque eso de -en un acto impulsivo- partir al cine, lo más probable es que termine mal.

Tampoco quiero pasar como uno de esos lateros nostálgicos que sostienen que todo tiempo pasado fue mejor. En este caso, cuando había cines de barrio en muchas partes y hasta rotativos, en donde uno podía meterse a ver una película a la hora que quisiera. Porque, hay que decirlo, antes de la irrupción de las multisalas en los cines antiguos la verdad es que penaban las ánimas. Más encima, en la mayoría la calidad de imagen, sonido y hasta de las butacas era menos que regular.

En resumen, la irrupción de las multisalas generó una mejora en nuestras condiciones a la hora de ver una película. Eso sí, también trajo aglomeraciones de gente, problemas para estacionar y al final algo de stress.

Bueno, nada es gratis en la vida. Por lo mismo, si alguien quiere ir al cine en Chile, no le queda otra que organizarse y tener paciencia. Mucha paciencia. O en su defecto, verlas en DVD o internet. Pero claro, nada se compara a una sala de cine. A pesar de todo.