Papelucho y yo, un poco marciana

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Hoy se cumple en Chile un nuevo aniversario de la entrega del Premio Nacional de Literatura la escritora Marcela Paz (Esther Huneeus) autora de la saga para libros infantiles Papelucho. Una mujer privilegiada que supo ocupar su educación para desahogar su creatividad. Aunque el niño que llamó la atención de esta mujer para ser Papelucho ahora sea un ex obispo escondido en Suiza por las acusaciones de abuso sexual contra menores que pesan en su contra, todos nos entrañamos alguna vez con Papelucho, un muchacho como cualquier otro.

Luego se hizo una película, eso sí, de dibujos animados, porque Marcela Paz fue sabia y prohibió que un niño cualquiera elegido por un productor de cine en un casting personificara a aquel que sólo existía en su cabeza; también se hizo una obra de teatro donde los actores interactuaban con Papelucho que les hablaba desde una pantalla. Ahora se lanzará una colección de comics, lo que me parece fabuloso para acercar este personaje a los más chicos que aún no leen tanto, y porque ya que estos niños de hoy son todo imágenes.

Ignoro porqué a pesar de ser una ratona de biblioteca, sólo leí Papelucho y el Marciano y Papelucho y Mi Hermana Ji. Nadie me regaló nunca los libros, en el colegio nos mandaban leer cosas de El Barco de Vapor, en la biblioteca no se veían, y mis primos los tenían todos pero por algún motivo nunca los pedí prestados. O quizá nunca me decidí por cuál leer.

Entonces, vino la promoción de la leche. Una caja de 12 leches, un Papelucho. Pero yo era más bien grande, y como 12 leches duraban 12 semanas, la rotación no fue seguida y si tuve 4 libros, fue mucho; y dos fueron repetidos.

Pero lo que sí ocurrió con Papelucho fue que por primera vez me enfrenté a un libro “escrito por un niño”. No, no estaba escrito por un niño, era una mujer y yo lo sabía, pero a veces se me olvidaba y por momentos creía que todo lo que estaba leyendo era verdad y que un amiguito me contaba que tenía un amigo marciano. Quizá me gustó porque siempre me sentí como de otro planeta. Mi primer acercamiento a lo que luego en la universidad llamaríamos “el punto de vista” y estudiaríamos con Flush, de Virginia Woolf.

Y esa es una de las cosas que más me fascinan de la literatura y del periodismo, y era que no, del periodismo online y de los blogs. El que un tema, cualquiera sea, puede cobrar diversas tonalidades  e importancias, y desplegarse en muchos otros, dependiendo desde donde lo miremos, con qué anteojos y quién los tenga puestos.

Desde que terminé Papelucho y el Marciano exigí un diario de vida y me puse a escribir. Obviamente eran huevadas que luego fueron evolucionando un poco más y un poco menos, y donde jamás anoté lo que sentía con algo; sólo redactaba hechos y listas –mis favoritos- y recapitulaba lo que pensaba que podría olvidar, e incluso un testamento que donaba mis colecciones de esquelas y servilletas.

Papelucho en la clínica, historiador, misionero y todos los otros, engrosan la lista de  libros que quiero algún día leer; nunca está demás recordar porqué uno empezó a hacer ciertas cosas y cómo eso te ha llevado a lo que haces actualmente.

¿Ustedes leyeron Papelucho?¿Cuál fue su favorito?