Encontrarse un tesoro

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Quién no ha soñado que al fondo de mi clóset, hay una pieza gigante, luminosa, con vista al mar y llena de todas las cosas que a uno le gustan. Qué niño no se ha imaginado, como en las películas, sacar un libro de la biblioteca del abuelo y que se abra un cuarto secreto lleno de tesoros.

O al menos, llegar a una casa nueva y encontrar una caja con ridiculeces que parecen baratas, pero darse cuenta que valían una fortuna. Teníamos esa esperanza con un florero que era de mi mamá, que le regaló una tía abuela millonaria, que supuestamente era muy fino. Se cayó con el terremoto y nunca pudimos tasarlo, pero siempre está la curiosidad.

Lo que le pasó a esta mujer inglesa, es que iba a vender por 10 libras (menos de 10 mil pesos) un broche que le había dado su madre. Como a ella no le gustaba, lo tenía al fondo del joyero. Un día, decidió venderlo en una feria de antigüedades, pero como se le quedó en la casa, se quedó con cuello. Eso pensaba ella.

Pero cuál no sería su sorpresa cuando vio en la televisión un programa que hablaba de una serie de broches del año 1864, hechos como un regalo para el matrimonio de John Pollard y Margaret Seddon. Pollard fue un reconocido arquitecto y artista, que se movía en los mismos círculos del autor de la pieza de joyería, William Burgues.

La verdad, yo encuentro que el prendedor es bastante bonito, así que lo hubiera usado; no lo hubiera dejado por ahí botado en el joyero. Qué suerte para la señora que no lo vendió por 10 libras.

El prendedor era uno de los artículos más buscados del mundo, y la mujer lo terminó vendiendo por 35 mil libras, algo así como 35 millones de pesos chilenos.

¿Se han encontrado algún tesoro de aquellos?