José Pérez de Arce y el rescate del folclore latinoamericano

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Desde que era muy niño, hubo un folclorista que estuvo a punto de asesinar por completo mi escaso gusto por la música chilena. Se trata de Tito Fernández, ese que le canta al huaso del sur y al Chile lindo con fomedad y voz horripilante, sumada a esa arrogancia que nace de un status sobrevalorado que definitivamente no comparto.

Por suerte mis padres me llevaron por otros caminos como Inti Illimani, los ritmos festivos de la Tirana y el rock altiplánico de Los Jaivas. Fue luego con los años que conseguí comprender, gustar y valorar la obra de Víctor Jara, así como también la belleza de la música de Violeta Parra, pero hasta ahí no más llego. Sí hay quien sin embargo, me llevó a re-encantarme en éste ámbito musical chileno y latinoamericano, conmoviéndome con su melodía un poco áspera, bien guitarreada y con voz aguda y achilenada, un tal señor Pérez de Arce.


No recuerdo bien cómo fue que llegué a su música, pero apenas escuché las canciones de don José, enganché de inmediato con el espíritu rural de su sonido de cuerdas rebosadas de carisma y sencillez. Y es que la música de Pérez de Arce no nació así nada más, sino que es consecuencia de su profesión como investigador y abnegado historiador de la música folclórica, y cuyo trabajo consistió por años en escudriñar los misterios sonoros detrás del guitarrón chileno, lleándolo a plasmar tal vez de modo azarozo, ese amor por el instrumento en la reinterpretación de reconocidas canciones del rock latinoamericano contemporáneo.

Pérez de Arce y su disco Nometomesencuenta (2004), nos traslada al campo criollo con alegría e ingenio, logrando un pop folclórico único, enternecedor y emotivo, que cruza el rock de artistas como Café Tacuba y Cerati, con clásicos tradicionales del folclore nacional que no dejan ausente a la Violeta Parra, entre otros. Fusión latinoamericana, le dicen.
Si quieres saber más de este José Pérez de Arce, visita Música Popular.

“El guitarrón es un instrumento raro, raro, rarísimo. (…) El toquío del guitarrón conlleva un poco el desafine. Esa estética de lo desafinado no es para nada un defecto. Incluso puede ser algo que se busca”.
JP de Arce.