Grafitti de lana

¡Qué cosa más linda!

Nada de sprays, pinturas, brochas o plumones. Para este nueva forma de expresión callejera, sólo se necesita lana, palillos y de vez en cuando un ganchillo de crochet. “Yarn Bombing” es su nombre en inglés. Nunca lo había visto hasta que hoy me topé con un artículo en el NYT; luego, busqué en la web y aparecieron montones de imágenes, ya que sus creadores deben inmortalizar su obra antes que venga alguien de la municipalidad a desvestir árboles, parquímetros, autos, cabinas telefónicas, tuberías, carteles y bicicletas – entre miles de otras cosas más-

Todo comenzó con Magda Sayeg, una texana que no encontró nada mejor que colocarle un sombrerito a la manilla de su puerta, lo que atrajo clientes y llamó la atención de los que pasaban. Ahora, Magda cerró su tienda y trabaja tejiéndole fundas a autos para promociones.

Mi abuelita le hacía fundas a los guateros, teteras, manillas y palos de escoba; había que tener cuidado de que no lo enfundara a uno. Quizá por eso es que también se le llama “Grafiti de la abuela”. Jessie Hemmonds encontró que la estatua de un toro en Wall Street “Era demasiado amachotada y turística” así que la forró con un tejido fucsia.

A pesar de que esto técnicamente es un acto de vandalismo y de ensuciar, los artistas del “Bombing” no han tenido demasiados problemas; los policías se acercan pero terminan muertos de la risa.

Yo lo encuentro demasiado entretenido, que la ciudad pueda sorprenderte de ese modo. Además, que a diferencia del grafiti, no daña la superficie y no queda marcado, además, puede desarmarse y retejerse en otro lugar, haciendo un abrigado reciclaje.

¿Qué les parecería si el Pilucho del Estadio Nacional apareciera con un poncho de lana?

Les dejo una galería con algunos ejemplos del Yarn Bombing.