Gente odiosa en los conciertos

Hay gente muy desagradable

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Ir a un concierto es como viajar en avión o en bus. Si te toca un compañero desagradable al lado, puede hacer de tu experiencia un suplicio. Cuando uno viaja encuentro que los peores vecinos son el que te quiere hablar cuando tú quieres dormir o leer, el que habla por teléfono (en los buses), el que te pide permiso para ir al baño cada media hora (frecuente en los aviones. Nunca he entendido la fascinación de la gente por el baño del avión) y el peor,  el que se queda dormido y se va corriendo para tu lado, como queriendo apoyarse en tu hombro.

Cuando vamos a un concierto y tenemos que esperar a que empiece, empezamos a mirar a los compañeros de al lado. No sé a cuántos conciertos he ido en mi vida, pero he podido identificar a ciertos tipos de “concerteros” desagradables.

El tipo de pelo largo, bien largo, que aún no descubre los collets y que te pone la mata de pelo en la cara, como si a uno no le diera asco ese pelo sudado y suelto que casi se te mete en la boca. Me he fijado que casi todas las mujeres se amarran el pelo en los conciertos así que los hombres podrían seguir el ejemplo.

La hueca hiperventilada que histéricamente grita “mijito ricooooooooooo” cada un minuto y medio. Esto me pasó en Lollapalooza, cuando una cuica muy gritona gritaba como una loca cada vez que Brandon Flowers, el guapo vocalista de The Killers, abría la boca o levantaba un brazo.

El que se va en la volada sentimental y llama al mejor amigo para jugosear y recordar viejos tiempos y grita y llora toda la canción. Uno de estos seres me arruinó “Don’t look back in anger”, la primera canción que me gustó de Oasis, cuando tenía 13 años y que me ha gustado toda la vida. Para mí igual es una canción bacán, pero no llamé a nadie para gritar y dar la lata, impidiendo que la persona de al lado escuchara su canción favorita.

El hediondo. Esto es cruel, pero cierto. Con unos amigos en Lollapalooza nos vimos obligados a cambiarnos de lugar cuando veíamos a James. Eran como las 4 de la tarde, a pleno sol y de repente, empezamos a sentir un olor a podrido insoportable. Teníamos al culpable totalmente identificado pero no le podíamos decir “oye, hueles a rayos”, así que nos corrimos nosotros.

El que hace ruidos de instrumentos musicales. El año pasado fui a ver a Regina Spektor en un concierto íntimo, tranquilo y relajado. Todos estábamos sentados en silencio, escuchando  atentamente a esta mina tan chiquitita, pero tan seca, con una voz increíble, tocando su piano: alucinante. Era el concierto perfecto si no fuera por el amigo de atrás, que hacía todo el rato el ruido de la batería con la boca, hasta que con una amiga lo hicimos callar porque ya era simplemente insoportable.

Esto es como un bonus track, pero la semana pasada en Paul McCartney, había un tipo demasiado mino, simpático y prendido adelante mío, con su mamá, muy prendida y chora, y su polola: la mina con menos gracia que he visto en la vida, con cara de enojada y parada como una estatua durante todo el concierto. Ni siquiera era como la galla parece modelo y por eso está con ella; no, ella era nada. Yo me pregunto, si no te gusta, ¿para qué vas a gastar plata si ni siquiera vas a ser una buena compañía, si no eres ningún aporte y sólo vas a poner cara de ogro cuando tu acompañante te diga lo emocionado que está por escuchar las canciones de Los Beatles en vivo por única vez en su vida? Y si te regalan la entrada y aceptas ir, por lo menos pretende estar pasándolo bien. Aprovecho de mandarle un saludo a la mamá del cabro, la señora más bacán que he visto en un concierto y le paso el dato que feliz me ofrezco de nuera.

¿Con qué otros seres desagradables se han topado en los conciertos a los que han ido?