Christina Rosenvinge y mi vuelta a los ’90

La cantante española anoche deslumbró con su concierto en Centro Cultural Amanda

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Hace un tiempo pensaba en que emocionarse en extremo en un concierto era sinónimo de formar parte del grupo de esas típicas minas locas que pertenecen a algún tipo de fan club o que se declaran de frentón como groupie de algún artista. Eso hasta anoche, porque comprobé que no era necesario ser de ese tipo de minas para que una cantante me hiciera sentir la garganta apretada y tener que llegar a contener las lágrimas. Christina Rosenvinge fue la responsable.

Por primera vez en muchos años puedo decir que mi domingo no fue un “fomingo”. Ayer, las canciones de mi ídola de niña, me alegraron la noche y me sentí nuevamente regresar a mi infancia de los años noventa. Recuerdo que la primera vez que tuve en mis manos el CD de Christina y los Subterráneos fue cuando tenía nueve años. El disco no era mío, sino que de mi hermano mayor- el kinesiólogo ¿lo recuerdan?– el que le había regalado mi papá para su cumpleaños número 13. Claramente, porque la encontraba exquisita.

En la carátula aparecía una mina rubia, con chaqueta de cuero, pelo largo y tirado hacia un lado tapándole un ojo. Y con letras rojas se leía Christina y Los Subterráneos, “Que me parta un rayo”, el nombre del álbum. Ella era tal cual como yo quería ser, sobre todo en cuanto a su pelo largo, ya que odiaba la melenita que me hacía mi mamá. Me encantaban- y me encantan- todas sus canciones, las que creo que me hicieron volverme un tanto rebelde y pará de la hilacha. De hecho, nunca más volví a dejarme el pelo corto.

Me acuerdo que este disco, al igual que “Pies descalzos” de Shakira, fueron y siguen siendo parte de la banda sonora de mi vida y son canciones que me acompañan a cada parte donde voy. Son artistas que jamás faltan en mi auto o Mp3 o IPhone y que cada vez que escucho, es como si se me apretara la guata, tal como me ocurrió anoche.

Porque iba con la mentalidad de conocer su nuevo disco, La Joven Dolores, álbum con el que ha recorrido todo el país y que con el recital de ayer cerró la gira por Chile. No pensaba en escuchar canciones de su disco de 1991, pero me equivoqué. “Alguien que cuide de mí”, fue una de las primeras canciones que me caló dentro y por supuesto que “Tú por mí” también. Ésta última es uno de los himnos que tengo con mi mejor amiga Dani, a la que llamé en medio de concierto para cantársela, mientras sentía que mis ojos estaban cada vez más colmados.

Si bien había algunas canciones que no conocía, su voz e interpretaciones hacían que estuviera en una especia de trance, totalmente concentrada en cada una de sus frases. Porque Christina tiene la perfecta capacidad de contar historias de manera precisa, de calar hondo y sí, esta vez, hacerme llorar.

Lo más increíble de todo, fue volver a recordar cuando a mis nueve años miraba el libro que venía dentro de CD del álbum “Que me parta un rayo” y pensaba en lo inalcanzable que podía ser llegar a verla en vivo. Pero ayer eso cambió. Vi a Christina Rosenvinge a menos de diez metros y descubrí que aún quiero ser como ella, y puedo decir que ha sido lo mejor de lo que va de este 2011.

¿Alguien fue o es fan de esta rubia seca?