No quise carretear ayer

Tranquilita en casita, así está mejor para mí.

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“Es que es sábado, cómo no vas a salir”. En Chile, la institución del carrete se ha tomado los fines de semana e incluso los días entre el lunes y el viernes. Se perdona que uno no salga esos días porque al día siguiente hay que trabajar. Pero a veces siento que socialmente es prácticamente mal visto o ridículo que un sábado o un viernes, uno decida quedarse en la casa.

Anoche, no salí. No tenía ganas. No estaba ni triste, ni deprimida, ni cansada. Simplemente quería usar mi tiempo en otras cosas. Quería acostarme temprano, hacer un par de cosas de la pega, ver un rato televisión, ordenar un par de pilchas o simplemente disfrutar del silencio mientras leía un libro abandonado meses en mi velador.

No es no tener plata, o estar enfermo, o no tener nada que hacer. Siempre uno puede inventar algo si quiere carretear. ¿Pero por qué HAY que carretear? ¿Por qué HAY que salir?

A veces hay como una desesperación por salir; lo que puede llevar a finalmente pasarlo bien, sí, pero otras veces, ni siquiera uno lo pasa tan bien. Gastaste más plata que la que debías, pasaste frío, tuviste que hacer una fila, la música no estaba ni tan buena, te perdiste de algunos con los que ibas, alguien se quedó sin batería y ahí estás tú, muerta de frío esperando un taxi que te saldrá carísimo, para que el otro día sea un día totalmente desperdiciado por el sueño, la caña y la sensación de cuerpo cortado.

Para mí no corre eso del sábado sagrado carretear ni nada por el estilo.

¿Me estaré volviendo una vieja fome? Quizás, pero estoy tranquila y feliz, así que no me importa.

¿Qué opinan ustedes?