Entre el trabajo, McCartney y la UC

Javier Ramos tiene un día agitado.

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Escribo esto mientras trabajo a toda velocidad en un montón de pendientes que debo entregar –a más tardar- mañana temprano. Se trata de casi un centenar de portadas de libros a las que debo darle un visto bueno a sus textos para que luego pasen a la etapa final de diseño.

En circunstancias especiales, no estaría tan apurado. Porque probablemente trabajaría durante el día a velocidad normal y luego, entrada la tarde, me mentalizaría para quedarme hasta bien entrada la noche –o pasar de largo si es necesario- para cumplir con la pega en el plazo estipulado. Sin embargo, hoy no podrá ser.

¿Por qué? Porque hoy estoy más que apretado de tiempo. Es que a las premuras del trabajo se suman dos hechos importantes: esta tarde Universidad Católica (mi equipo) juega por Copa Libertadores ante Peñarol en Montevideo, y Paul McCartney toca en el Estadio Nacional por la noche. En otras palabras, estoy sobre vendido.

Claro, para algunos esto les puede sonar a exageración. Pero para mí, las tres cosas que me copan la agenda este día: trabajo, fútbol y música; son igual de importantes. Por ende, debo ingeniármelas para cumplir y hacerlas todas. Pero no es fácil.

¿Cómo lo he hecho? Bueno, ayer estuve más de doce horas trabajando en la oficina y hoy estoy al pié del cañón desde las siete de la mañana. De hecho, ya pedí algo de comida para el almuerzo, porque no pienso perder un sólo minuto que me pueda ser valioso para terminar a tiempo con mi trabajo. Calculo, tipo seis. Porque el partido de Católica es a las seis y media. Y aquí, en la oficina, no tengo televisión por cable. Por lo mismo, tengo reservada mesa en un bar de Providencia para las seis y media en punto.

Ahí, taxi mediante, llegaré sobre la hora  a ver el partido y comer algo. Además, sucede que llevaré a mi hija al recital. Así que ya tengo todo coordinado para que su madre me la lleve al bar y ahí me acompañe mientras coma algo. Y cuando termine el partido, pasadas las ocho y cuarto, tomaremos un taxi para llegar –con algo de suerte- justo a las nueve al Estadio Nacional, que es la hora en que se supone parte el recital.

Lo sé, está un poco complicado el itinerario, pero creo que lo puedo lograr. Por lo mismo, hasta aquí llego con esta columna.