A 30 años de su muerte el profeta del reggae aún sigue vivo

Hoy es el aniversario de su muerte. El editor de VeoVerde les dedica algunas palabras.

38871hibobmarley2.jpg

La primera vez que tuve en mis manos un disco de Bob Marley fue en séptimo básico y tenía 13 años. Estaba haciendo un trabajo para el colegio en la casa de un amigo. Yo había escuchado canciones de él antes, pero nunca había relacionado canciones con su cara y nombre. Han pasado 14 años desde entonces y hoy sigue siendo mi artista preferido.

Desde entonces he escrito ensayos, artículos, comentarios de discos y toda clase de notas conmemorativas a efemérides relacionadas a él. Incluso tuve la oportunidad de entrevistar a uno de sus hijos -Ky-mani Marley- en una de sus visitas a tocar en el país.

De esa entrevista siempre cuento la misma anécdota: Una de las preguntas que le hice fue cuál creía él que había sido el mayor legado de su padre. A lo que él me miró, sonrió y dijo sin pensarlo un segundo: “One love” (un amor).

El domingo paseaba por el Cajón del Maipo y en la feria había un puesto que tenía una gran bandera de Bob Marley con su cara pintada, los colores verde amarillo y rojo de fondo y un gran “One love” escrito en la parte de abajo. La bandera no era algo que estaba a la venta, pero pregunté por si las moscas: “¿Por casualidad no vendes esa bandera?”, a lo que automáticamente puso un precio. Luego de una vuelta a la manzana y de regatear un poco el precio, la bandera era mía y lucirá mañana en una fiesta conmemorativa que organizo para celebrar los 30 años desde que muriera producto de un cáncer.

Frente a esto último vale la pena detenerse un poco para derribar falsos mitos en torno a su persona. Varias veces he escuchado decir que se encontraron varios tipos de piojos cuando murió ese 11 de mayo de 1981. Eso no puede ser más erróneo, ya que en sus últimos días Bob había perdido sus legendarios dreadlocks producto del cáncer que se le había expandido por todo el cuerpo.

Marley era fanático del fútbol y en una de sus giras jugó un partido contra un grupo de periodistas ingleses. En el transcurso del partido, un periodista tuvo un encontrón con Bob. El resultado fue una uña encarnada en el artista. Uña que nunca se hizo revisar y de la cual se dejó estar. Debido a sus fuertes creencias en el rastafarismo, no quiso ir donde un médico tradicional y le restó importancia. Años después, esa uña encarnada, se transformaba en un cáncer mortal que se llevaría al artista de reggae más importante de todos los tiempos a sus jóvenes 36 años.

Hoy, a 30 años de su muerte y 66 de su nacimiento, el legado de Bob Marley sigue más vivo que nunca: Es polera, canción, poster y bandera. Es la razón por la que algunos en emancipan y porque otros exigen sus derechos. Es también la razón por la que gente común y corriente, como yo, formamos hace años atrás, bandas de reggae para tocar su música.

Hoy tengo 27 años. Durante siete no me corté el pelo y tuve dreadlocks. Tengo una banda (de reggae), soy dj (principalmente de reggae) y casi la única música que escucho es el reggae. No por algo que me proponga ni mucho menos, simplemente es lo que me nace. Tanto así, que mi polola incluso a veces se ríe de mí y me dice que cuando me enoje, va a ponerme una canción de Marley, porque me pasa lo mismo que ese  que se tranquiliza escuchando a Bob. Y la verdad, es que tiene razón.

Marley denunció todo lo malo que pasaba en una isla perdida en el Caribe a fines de los sesenta. Puso a Jamaica en el mundo y logró difundir su mensaje por el mundo entero. Muchos creen que el reggae se trata sólo de amor y paz, pero en realidad habla sobre discriminación, sobre pobreza y sobre no tener qué comer por la mañana. Como decía Marley, el amor y la paz vienen luego de que se solucionan ese tipo de cosas.

“El suelo frío fue mi cama anoche, y una roca fue mi almohada” Bob Marley, “Talkin Blues”.