El peso de ser parte de una familia real

¿Sabrá Catalina lo que le espera?

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Más allá de las princesas de Disney con que crecimos todas, quienes después de pasar por muchas penurias lograban casarse con el príncipe encantado y vivir felices para siempre, existen las princesas en la vida real, aquellas que vienen de una larga sucesión familiar, y que han debido soportar el peso de la corona, en las buenas y en las malas.

Para nosotros los latinos, la realeza más “cercana” es la europea, especialmente el caso de Inglaterra, España y Mónaco. Para mí, los españoles son medios quitados de bulla, y quizás lo más “escandaloso” que han hecho es permitir que el heredero de la corona se haya casado con una plebeya, y peor todavía, divorciada. También una de sus hermanas se divorció, pero a ella le dan menos pelota, es solo una simple infanta. Pero en general yo les tengo respeto a los reyes, a la reina Sofía y el rey Juan Carlos, se ven personas educadas, serias y hasta inteligentes.

Los ingleses en cambio, se han destacado por sus escándalos. Desde la abdicación del rey Eduardo VIII (tío abuelo de la reina Isabel) quien tomó esa decisión para poder casarse con una mujer divorciada (hay todo un tema con el divorcio), pasando por el desdichado matrimonio de Diana y Carlos, los escándalos de su hermano rebelde Andrés y Sarah Ferguson (quien de hecho, no fue invitada al matrimonio de su sobrino, atroz, mi teoría es que los sombreros horribles de sus hijas eran votos de rechazo por esto) y el triste final de Diana con su novio Dodi, por culpa de los paparazzis.

Y de este triste desenlace saltamos al matrimonio del hijo mayor de Carlos y Diana, segundo en sucesión, el más correcto, responsable y buena gente Guillermo, que tiene mi edad, pero que seguro vive una realidad tan distinta a la mía. Qué decir de su mujer, Catalina (ahora Catalina, antes Kate) que se convirtió en princesa, por muchos motivos, entre ellos amor, pero aceptando a ojos cerrados la vida que se le viene por delante. Terror. Imagínense las comidas familiares de fin de semana, con la esposa del suegro con cara de pocos amigos, la abuela del marido que casi no se le puede hablar si ella no te habla primero, un suegro que me tinca pesadote, y millones de fotógrafos intentando captar alguna imagen, ojala donde salgas lo peor posible, para inventarte alguna historia digna de Primer Plano.

Y siguiendo por el recorrido real, no quiero dejar de lado la familia Grimaldi, casa reinante del Principado de Mónaco, que no son propiamente reyes, pero que son realeza total. Mi conocimiento de su historia parte con el matrimonio del príncipe Rainiero III con la actriz norteamericana Grace Kelly, en lo que se enmarca como el cuento de hadas, la actriz y el príncipe que vivieron felices para siempre. Lástima que “siempre” duró hasta que Grace murió en un accidente de auto, a los 53 años. Su matrimonio con Rainiero alcanzó a durar 26 años, y el príncipe la sobrevivió por otros 23 antes de morir el año 2005, poco antes de su cumpleaños número 82. Nunca volvió a casarse. De la unión de Rainiero y Grace Kelly nacieron tres hijos: Carolina, Alberto y Estefanía. A la muerte de su padre, fue el príncipe Alberto quien heredó el título, siendo perseguido toda su vida adulta por las sospechas de sus preferencias sexuales. Carolina, su hermana mayor, también tiene una historia triste. Carolina se ha casado tres veces. Su segundo marido, Stefano Casiraghi, murió en una carrera deportiva cuando su embarcación se volcó, a los 30 años. Carolina quedó entonces viuda a los 33, con tres hijos, el mayor de apenas 6 años.

Mi intención no es para nada comparar la vida de estas familias con la vida de cualquier ser común y corriente, ya que seguro las semejanzas son poquísimas. Tampoco es retratarlos como pobres víctimas de la fortuna. Las tragedias suceden todos los días, a todas las personas, quienes tienen mucho menos espalda para soportarlas, pero lo que sí es cierto, y que es lo que más me conmueve, es que estas tragedias que les suceden a la realeza, son tema de conventilleo, y de usufructo periodístico internacional por varias semanas, incluso por años, cuando se conmemoran. El mundo entero acompañó a los príncipes, duques de Cambridge, en su matrimonio la semana pasada, pero seguro el mundo entero los criticará cuando se sepa alguna llegada estrecha, alguna acción que no sea digna de admiración, y (ojalá que no pase) alguna triste consecuencia de ser parte de una familia real.