Miley Cyrus: Toda una adolescente

La mini diva no quiere aparecer.

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Hay edades en la vida donde las cosas que te gustan te gustan mucho. Demasiado. De partida, tienes tiempo para obsesionarte porque finalmente el costo de oportunidad de escuchar 100 veces una canción, bailarla y memorizarla, no es tan alto. No es como que dejaste de salir. A lo más, dejaste de estudiar, para furia de tu madre. Y en segundo lugar, no tienes parámetros para lograr evaluar a tus ídolos. Solo con el tiempo, te vas dando cuenta de que existen otros cantantes, que tus actores favoritos están gordos y carreteados y tus amores se van haciendo cada vez menos incondicionales.

Eso es lo que le pasa a mi sobrina con  Miley Cyrus. Ella tiene 12 y hace un tiempo la pillé viendo un video clip de la morena cantante. “¿Por qué  Hannah Montana se tiñó el pelo café?” “NOOOOO… ES MILEY CYRUS” dijo mirándome como si fuera de otro planeta. Y es que claro, mi planeta no tiene el Disney Channel todo el día. Su planeta es tan, pero tan tweenie, que no me cree que Lindsay Lohan tiene mi edad, que es alcohólica, drogadicta, compradora compulsiva, que ha estado presa y que no tiene una hermana gemela, que hizo sola esa película.

Yo no sé si le pidió a mi hermana o a su papá que la llevaran al concierto, pero de todas maneras mi hermana la mandó a la punta del cerro. No porque le diera lata acompañarla, sino porque esta misma obsesión con Lohan, Biever, Cyrus y el Disney channel no la han ayudado mucho a subir las notas.

Pero hay muchas niñitas y niñitos tanto más obsesionados, que mantuvieron un promedio estrella, todo para que sus papás hicieran el tremendo esfuerzo económico para llevarlos al único concierto que la intérprete de Party in The USA hará en nuestro país: $198.000 cuesta la entrada más cara. Ojo, están estas, así como varias locaciones, todas agotadas.

Plop. La cantante de 18 años, ex chica Disney, se las trae. Ha hecho de todo; canto, actuación, baile, modelaje, diseño, composición. No sé si lo ha hecho todo bien, pero al menos lo ha intentado. Y le ha salido. Por algo todos quieren verla, y pagan o hacen lo que sea para que sus padres paguen la entrada. Por algo adolescentes la esperan en el aeropuerto una noche entera, sólo para que al llegar, la gringa no les diga ni hola. “Es bonita, pero un poco pesada”.

Entera pesada pues. Su público mayoritario son adolescentes y prepúberes; niños al fin y al cabo. Ella también es casi una nena; tiene 18 años cumplidos no hace muchos meses. Da para pensar que esta vida un poco de adulta ha forjado su carácter haciéndola madurar. Desconozco si fueron sus agentes y equipo publicitario quienes le recomendaron no hacer un saludo general que fuera.

Si esas fueron las indicaciones que le hicieron, mal pues. Mal que se las hagan, pero peor que les haga caso. Si soy cantante adolescente para adolescente, si me van a ver niñas más chicas que yo, mínimo, es que mínimo saludarlas. Una cosa es que uno que está hediondo a viejo sea ignorado, rechazado y mirado en menos por su ídolo, ya, pasa.

Pero me dio mucha tristeza ver las caras de esas niñas llenas de ilusión, casi llorando; cansadas, sin haber dormido nada, para que la otra pesote no les dijera ni hola. Nones. Sería como un pediatra, un dentista para niños, una profesora básica que no fueran cálidos ni amables con sus pacientes o alumnos. Mala onda Miley. Una actitud totalmente correspondiente a una cabra chica. Bueno, eso es lo que es.

¿Qué creen ustedes?¿Fue o no mala onda?