Mi Túnel de Sábato

¿Tú, te has sentido en un túnel?

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Cuando eres una adolescente-matea-perna-frenilluda; cuando no has descubierto la plancha para el pelo ni la crema para peinar; cuando no entiendes a tus compañeros que se quedan en el colegio, en la plaza o en el mall haciendo nada más que fumar; cuando  no puedes concebir que la gente carretee y se vuelva a su casa caminando… Estás en un túnel.

Tienes la certeza que el camino que has tomado es el lógico para llegar a tu destino y necesariamente el más corto, pero no necesariamente el más fácil. Tienes una noción del final, pero no estás seguro de que el destino que elegiste sea el mejor. Pero no te puedes escapar, tienes que esperar poder salir.

Mi profesora de castellano era una pobre mujer que no encontraba cómo motivar a los flojos de mis compañeros a leer un mísero libro o a estudiar para una prueba. Lo único que le quedaba para que no reprobáramos el ramo y algo aprendiéramos, era que nos mandaba a sacar nuestra veta artística y expresiva y la prueba del libro era por decir lo menos, atípica. Porque nos pedía hacer maquetas y otras expresiones “artísticas” con respecto al libro que nos había mandado a leer.

Pero claro, como jamás las artes plásticas y yo tuvimos una buena relación, decidí que en vez de eso, escribiría lo que me pasaba con el texto, independientemente si lo entendía o no. Y muchas veces me pasó lo de estar en un túnel adolescente pésimo. Aún no estaban de moda los Emos y eso de deprimirse a propósito tampoco era una opción. Por lo mismo, doté al túnel de ventanas. Y si bien no podía salir, podía al menos asomar la cabeza para tomar aire y recoger vituallas para continuar el camino. Ese fue mi túnel, personal y sólo mío.

Y a propósito de túneles y la reciente muerte de Ernesto Sábato, dicen que los viajes al más allá los hacen en un colectivo con capacidad para cuatro personas, así que si contamos al conductor, quizá por eso dicen que las muertes son de a tres.  Los colectivos se organizan, me imagino, con quienes tengamos algo que compartir. Y como el colectivo sólo parte cuando está lleno, Gonzalo Rojas juega dominó con Sábato como dos viejos amigos, aunque no lo fueran. O quizás, esperan a compañero que se quede sin aire para suspirar más letras.

¿Quién más faltará para empezar ese viaje?