La anorexia en el ballet es culpa de George Balanchine

“Black Swan” y Natalie Portman reabrieron la polémica.

George Balanchine (1904-1983) fue un maestro de la coreografía que nació en Rusia, se radicó en Estados Unidos y fundó el New York City Ballet. Él le dijo una vez a la bailarina Gelsey Kirkland, en los sesenta: “Quiero verte los huesos” y así nació el concepto del “cuerpo Balanchine”: sin curvas, solo líneas rectas. El problema es que sus sucesores han impuesto con énfasis este tipo de figura en cualquier aspirante a bailarina y lo peor es que las pobres chicas tienen como única herramienta para lograrlo el dejar de comer.

La polémica la reabrió la cinta “Black Swan” (“Cisne negro”) y la interpretación que hace la ganadora de los Globos de Oro por Mejor Actriz y aspirante a los Oscar en la misma categoría, Natalie Portman. Natalie interpreta a Nina Sayers, una bailarina que solo come medio pomelo en toda la película y que en dos ocasiones va al baño a vomitar, todo por la “figura ideal” que le exigen en el ballet.

Yo, como la mayoría, culpo a Balanchine de la anorexia en el ballet porque ese hombre impuso un modelo extremo de cuerpo imposible de seguir en forma natural, a menos que se intervenga con vómitos y desórdenes alimenticios. Lo peor fue que su pensamiento no se basaba en la técnica (cuando se inventó el ballet hace 200 años las bailarinas tenían un peso normal), sino en la estética. Él prefería los cuerpos con huesos salientes y las bailarinas profesionales lo tomaron como forma de vida y competencia: mientras más delgada, eres mejor. Casi no importa tanto cómo bailes.

Algunos dicen que el peso sí es un problema a la hora de bailar y que es cierto que no se pueden hacer todos los movimientos requeridos, como en todas las cosas. La diferencia está en que el ballet busca que las bailarinas a penas toquen el piso, que vuelen y se vean gráciles y para eso necesitan estar delgadas, pero una delgadez normal, no de 35 o 40 kilos (y a veces menos). Para que las chicas se pudieran mover al ritmo enérgico y en constante movimiento que Balanchine esperaba, entonces debían dejar de comer y así pesar poquísimo.

El ballet del siglo XIX privilegiaba la técnica y la postura, mientras que hoy tiene preferencia la anorexia. Es un tema terrible que no se arreglará con una película, tendría que aparecer otro Balanchine que privilegie nuevamente la técnica para que no sigan muriendo bailarinas que tienen la piel pegada a los huesos.