Murió un pedazo de mi infancia

Murió María Elena Walsh.

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Murió María Elena Walsh, la mujer tras la voz de las canciones infantiles que escuché en mis primeros años. La que me marcó profundamente con sus letras, porque extrañamente a lo que sucede con las canciones regulares para niños, las de ella tenían contenido. Y no cualquiera.

Con mi hermano crecimos escuchando el cassette Canciones para mirar (1963).

Una de las más conocidas es el Reino del revés:

“Me dijeron que en el reino del revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.”

Pero nos gustaba mucho más La familia polillal:

“La familia polillal
la espía por un ojal,
y le apunta con la aguja
a la Naftalina bruja.

Pero don Polillo ordena:
–No la maten, me da pena;
vámonos a otros roperos
a llenarlos de agujeros.”

Pero había una que nos marcó… porque nadie habla de muerte en las canciones infantiles, menos de una provocada por un niño. Pero María Elena sabía que era necesario que los niños dejaran de matar pajaritos y escribió La Pájara Pinta:

“Yo soy la Pájara Pinta,
viuda del Pájaro Pintón.
Mi marido era muy alegre
y un cazador me lo mató
con una escopetita verde
el día de San Borombón.

Una bala le mató el canto
-y era tan linda su canción-,
la segunda le mató el vuelo,
y la tercera el corazón.

Ay ay la escopetita verde,
ay ay mi marido Pintón.

Si al oírme se ponen tristes
a todos les pido perdón.
Ya no puedo cantar alegre
ni sentadita en el limón
como antes cuando con el pico
cortaba la rama y la flor.

Yo soy la Pájara Pinta,
si alguien pregunta dónde estoy
le dirán que me vieron sola
y sentadita en un rincón
llorando de melancolía
por culpa de aquel cazador.

Al que mata a los pajarillos
le brotará en el corazón
una bala de hielo negro
y un remolino de dolor.

Ay ay la escopetita verde,
ay ay mi marido Pintón.”

Por supuesto, mi hermano jamás volvió a apuntarle a un pájaro ni con la honda, ni con los postones, ni siquiera con los aviones de papel. Porque desde que la escuchamos, todos los pajaritos eran posibles “marido Pintón” y cómo íbamos a dejar viuda a la pobre Pájara Pinta!!

María Elena Walsh murió a los 80 años en su Argentina natal, luego de más de 40 libros y una veintena de discos. Su estrella era la Tortuga Manuelita. Murió con ella su voz, pero jamás su mensaje.

Si tienen niños menores de 6, no lo duden: se reirán a carcajadas con la Canción del Estornudo o la Mona Jacinta, también aprenderán con Canción para vestirse y a cuidar a los animales con la Pájara Pinta.