Yo mujer, voto

Conoce a las mujeres que lucharon por lograr el voto femenino.

Amanda Labarca

Si eres mujer y votas, usas mini, labial o manejas tu dinero, tienes que saber que detrás de ello hubo cientos de mujeres que reprimidas por la sociedad, la religión y las leyes, sacaron todo su punkrock, desgarraron sus estilosos vestidos y se pusieron los pantalones para que hoy, tú, tengas más que el derecho a respirar.

¡Gracias Amanda Labarca!

En realidad se llamaba Amanda Pinto, pero como su esposo Guillermo Labarca, era un bakán de la literatura y la política, decidió llevar orgullosa su apellido.

Nació en 1886 y desde joven supo que las mujeres habían nacido para algo más que cocinar y tener hijos.
Estudió para profesora de Castellano en la Chile, siguió en la Universidad de Columbia en Estados Unidos y continuó en La Sorbona, la mítica universidad de la patrie française.

Ya convertida en una talentosa crítica literaria, escritora y feminista (como ella misma), en 1917 forma parte de la iniciativa del primer círculo de lectura femenino del país, con lo que consigue que muchas mujeres comiencen a leer y participar en la sociedad -o más bien , en contra de ésta-.

Desde el círculo, la lleva en el periódico “Acción Femenina” y consigue, con una crítica antí-retrógrada y bastante escandalosa, impulsar el derecho a voto femenino para las presidenciales de 1949.

En 1922 Amanda se las trae y presenta el proyecto sobre derechos civiles, políticos y jurídicos, -naturalmente a favor de la mujer- y traducido en 1925 como un decreto que popularmente ganó el nombre de “Ley Maza” (por el Senador José Maza). Desde entonces, el Código Civil restringió las atribuciones del padre, a favor de la madre y por otro lado -aunque muy absurdo parezca-, permitió que cada mujer pudiera manejar una y cada una sus lucas.
En 1933 fundó el Comité Nacional pro Derechos de la Mujer, y en 1944 participó en el Primer Congreso Nacional de Mujeres que dio origen a la Federación Chilena de Instituciones Femeninas (Fechif).

Y como si todavía esto no fuera suficiente, se convirtió en la primera mujer latinoamericana en dar una cátedra universitaria, estableciéndose como miembro permanente de la Facultad de Filosofía y Educación de la Universidad de Chile.

Entre sus muchos logros y libros vale destacar la publicación de 1934 “Adónde va la mujer”, un hecho que a estas alturas sigue siendo una interrogante, pero gracias a mujeres avanzadas como ella, la respuesta es claramente hacia adelante.