(099) Folcloristas Latinas: Hasta que la muerte nos separe

Con cuatro mujeres que marcaron a fuego la historia del continente.

Cuatro mujeres han estampado en Latinoamérica el incalculable valor de preservar la cultura de los ancestros. Cuatro mujeres que han dado su vida por defender la identidad de nuestro continente. Cuatro mujeres que no tienen miedo a la sociedad. Cuatro mujeres que jamás serán olvidadas por los habitantes de este extraño y nuevo mundo llamado América.

Por motivos de la celebración del Bicentenario de Chile, México, Venezuela, Argentina y Colombia hemos preparado 200 artículos con lo mejor de nuestra historia y para mi definitivamente estas mujeres representan lo mejor de nosotros y nuestra culturas ellas son las folcloristas latinoamericanas.

El 4 de octubre de 1917 nace en San Fabián de Alico, Chile, una niña de familia humilde. Hija de Clarisa Sandoval (campesina) y de Nicanor Parra (profesor de música), esta pequeña de cabello oscuro y ojos tristes es nombrada Violeta del Carmen Parra Sandoval y se convertirá en una de las primeras folcloristas que mostró su arte y la cultura latinoamericana al resto del mundo.

Pasa una niñez estrecha económicamente pero rica en identidad, en amor familiar, en cultura. Cuando cumple 15 años viaja a Santiago, para vivir con su hermano Nicanor quien estudiaba en la capital. Es junto a él que Violeta explota lo mejor de sus aptitudes artísticas, él la motiva a cantar música chilena que ella conoce tan profundamente. Pasan los años y la joven se casa y se separa un par de veces. Matrimonios de los cuales nacen sus cuatro hijos.

Pero Violeta quiere cantar y lo hace todo para cumplir su sueño. Es así como en 1953 grabó los exitosos sencillos “Casamiento de Negros” y “Qué Pena Siente el Alma”, canciones que la harán famosa en su país. Un año después viaja a Varsovia tras ser invitada gracias a ser nombrada la folclorista del año. Ese viaje marca su vida en un antes y un después ya que la chilena descubre millones de fuentes de inspiración para hacer más canciones. Pero en 1958 regresa a su país tras la muerte de su hija Rosita Clara. Su tristeza es indefinible, sin embrago, Violeta decide utilizar sus sentimientos como fuente de inspiración para grabar cuatro discos ese mismo año. Pareciera que la artista se nutre de las desgracias.

En 1960 diversifica su carrera ya que se siente atraída por técnicas manuales de artesanía como cerámicas, pinturas al óleo y arpilleras, viaja por Chile enseñando estas artes. Es feliz con este trabajo, pero no está contenta con su país y se va a vivir a Francia donde desarrolla un fuerte e incansable servicio de embajadora cultural independiente. Es así como muestra en Europa los tesoros de la cultura de este lado del mundo y se convierte en la primera latinoamericana en exponer con una muestra completamente personal en el museo más importante del mundo, el mítico Louvre.

Durante estos años compone “Miren Cómo Sonríen”, “Qué Dirá el Santo Padre”, “Arauco Tiene una Pena”, “El Gavilán, Gavilán”, “Qué He Sacado con Quererte”, entre muchas otras grandes de sus obras musicales. Pero al parecer la artista siente una deuda con su país y vuelve. Instala una carpa en la comuna de La Reina, Santiago. Ahí organiza decenas de presentaciones junto a otros músicos que comienzan a involucrarse en el mundo de Violera, ahí se encuentran dos jóvenes que luego seguirán sus enseñanzas Víctor Jara y Patricio Manns. Pero el público no la apoya y la cantora se vuelve a decepcionar de su tierra ingrata.

En 1967 tras un nuevo quiebre sentimental, Violeta vuelve a inspirarse y escribe sus dos más populares canciones “Gracias a la Vida” y “Volver a los 17”. Un año después la prodigiosa se suicida en la carpa de La Reina. Su legado en Chile y Latinoamérica es indescriptible y una de sus seguidoras es la segunda folclorista más importante del continente, Mercedes Soza.