Terapia narrativa

La identidad personal se encuentra en las múltiples significaciones que hacemos de quienes somos en los distintos contextos en los que vivimos.

Tradicionalmente estamos acostumbrados a pensar que nuestra identidad es algo que se fija luego de la adolescencia, donde quedan mas o menos establecidas nuestras características (autoestima, personalidad, cualidades, defectos, etc.). Somos entonces un Yo estable y nos embarcamos en la tarea de “conocernos mejor”.

La teoría narrativa tiene una mirada bastante distinta, exponentes como Bruner, White, Gergen, Sarbin, Anderson, entre otros, han desarrollado y profundizado tanto en la teoría como en su aplicación a la psicología. Así han llegado a postular que el Yo, o más bien los múltiples Yoes, se despliegan en el discurso acerca del Yo, en nuestros relatos acerca del Yo, tanto en nuestras conversaciones con otras personas como con nosotros mismos.

Por lo tanto la identidad personal se encuentra en las múltiples significaciones que hacemos de quienes somos en los distintos contextos en los que vivimos. Llamamos contexto, a la red de relaciones y conversaciones en las que participamos en un momento dado de nuestra vida. Según Gergen es una construcción social dialógica (es decir en el dialogo) dada en el lenguaje producto de las narraciones que nos contamos, entonces “el yo es la manera más o menos estable, más o menos emocional, como nos contamos a nosotros mismos, y les contamos a otros, quienes somos y quienes seguimos siendo en medio de nuestro constantes cambio” (Anderson, 1999).

Teniendo en cuenta como base lo antes expuesto, la terapia narrativa consiste no tanto en sustituir una narración de nuestra vida que se ha vuelto dolorosa o impracticable por una más tranquilizadora o útil, sino permitir que el paciente se involucre en un proceso continuo de creación y transformación de significados.
Re-contarnos o re-significar nuestra vida puede parecer algo tan simple como complejo, sumergirse en este proceso requiere de tolerancia a la incerteza, atreverse a aceptar la relatividad ilimitada del significado. Según este enfoque psicológico, cuanto más capaces seamos de construir y reconstruir nuestra autonarración, seremos más capaces en nuestras relaciones afectivas.

¿Cómo nos hemos contado nuestra historia? ¿Cómo se la hemos contado a los otros? ¿Hasta dónde la “verdad” que nos hemos narrado ha limitado nuestras posibilidades de crecimiento? ¿Qué evitamos o qué conseguimos con un relato o con una significación, qué conseguimos con otro? ¿Somos más que los cuentos que nos contamos acerca de nosotros mismos? La invitación a cuestionar nuestra narración autobiográfica queda abierta. Para aquellos que la acepten, como bien dice Gergen, este modo de ver la vida ofrece la perspectiva de una participación creativa en el significado interminable y en desarrollo de la vida.