El libro se revitaliza, ¡larga vida al libro!

Ipad, Kindle o el libro cómplice en el velador: todo vale a la hora de leer.

A ninguno debería sorprenderle que “El Código Da Vinci” o “Harry Potter” sean libros que podrían destronar, desde el podio de uno de los más leídos, al célebre “Quijote de la Mancha”. Pero en esta suerte de ranking de escritores hay claras diferencias…. no en vano el día que Cervantes falleció fue escogido para celebrar el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Mucho después la UNESCO registró esta fecha en las efemérides internacionales, y todavía mucho después algunos de nosotros tiene en su wish list un Ipad, un Kindle u otro de los dispositivos que prometen poner a nuestros pies la biblioteca de clásicos, best sellers, textos de trabajo y un sinfín de otros libros de nuestro interés.

No me extrañaría que muchos de los que arguyen que el romanticismo del libro impreso es irremplazable, podrían terminar cediendo ante la tentación de tener su biblioteca en el bolsillo. ¿Qué mejor que evitar andar transportando y cargando peso? ¿Qué mejor que evitar “achurrascar” las páginas de nuestros planos y rectangulares amigos?

Parece que este despliegue tecnológico nos confronta con un hecho: No importa que tan cibernéticas hojas-byte vista el libro hoy. Lo que importa es el contenido, el mensaje, y la forma en que lo comprendemos y comunicamos. Y es que el libro versión impresa, el incondicional que nos acompaña sin importar la rudeza de la mochila o de la cartera de turno, es el mismo que nos permite estar conectados. Curioso, ¿no?. “Estar conectados” es un concepto que relacionamos con la red digital, la web 2.0. Pero, para que esa conexión se logre, debemos procesar, comprender e interpretar lo que leemos…desde los 140 caracteres de los twitters que recibimos a diario, hasta la novela que disfrutamos en el metro camino a casa.

Este año los chilenos estamos más cerca de nuestra versión criolla de los supersónicos: Ipad y Kindle son una realidad a la vuelta de la multitienda más cercana. Nosotros cambiamos, y el libro cambia con nosotros. Parece que a Negroponte no le quedará más que conformarse, porque a principios de los ’90 este señor profetizó la muerte del libro. ¿Desorientado? ¿Influenciado por aires ambientalistas?. No lo sabemos, pero evidentemente no le pidió la opinión a los aficionados a la versión impresa. Esos…los mismos que leen desde el clásico de tapas duras y empaste inglés –disfrutando su “olor a libro viejo”- hasta el pocket con las sempiternas hojas arrugadas y manoseadas.

Sin duda estamos adaptándonos a nuevas e ingeniosas maneras de consumir contenido, de leer, de informarnos y de cultivarnos. Pero existe algo que permanece constante: la fascinación que ejerce una historia bien contada, el deseo de aprender acerca de nosotros mismos y del mundo, el placer culpable por identificarnos con un personaje. Impreso o electrónico, lo importante es que leamos y consideremos la lectura como una oportunidad para crecer y encantarnos.

Y, si acaso a algunos de ustedes tiene alguna duda respecto a mis preferencias, les aclaro de inmediato que no me interesa mucho el formato. Privilegio, por sobre todo, que el contenido me acompañe. Si tengo ganas de gozar el placer estético de la lectura, querré que mis dedos saboreen la suavidad de las hojas, si tengo que buscar referencia optaré por hacer zapping, y me refugiaré en la versión digital… puedo cambiar de uno a otro sin reparos ni remordimientos.

Y que el señor Cervantes y Saavedra me perdone…