Clive y Aslán

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En los tiempos en que en mi casa no existía la televisión por cable y que la mayor diversión de las tardes (después de la bicicleta y de la piscina en la casa de mis vecinos) era “Cine en su casa”, cada año esperaba con ansias la película de dibujos animados El león, la bruja y el armario. La debo haber visto al menos tres veces.

Con el tiempo descubrí que tenía la saga completa de los libros, de la editorial Andrés Bello, con unas ilustraciones muy lindas para niños. Creo que fue uno de los primeros libros que leí porque quise, no impuestos por el colegio, y lo disfruté mucho. Claro, en ese momento “Las Crónicas de Narnia” trataba sólo de unos niños, y de distintas aventuras, todas relacionadas con este mundo paralelo. Pero después, cuando me tocó releerlo, me di cuenta que en verdad el tema principal era mucho más profundo y simbólico.

Narnia podría ser la lucha del bien y del mal en la tierra, Aslán (el león) podría ser Jesús y el tema principal de El león, la bruja y el ropero podría tratarse de la crucifixión y la resurrección. Los libros están llenos de simbolismo cristiano, que a ojos de una pequeña lectora pasaron completamente desapercibidos.

Clive Staples Lewis, conocido para todos como C. S. Lewis fue un escritor irlandés que nació en 1898 y murió a los 64 años. Fue compañero en la universidad de J. R. R. Tolkien, con quien tuvo una importante amistad. He leído que, a pesar de haber sido criado en una familia sumamente religiosa, Lewis era declarado ateo, y afirmaba que estaba “muy molesto con Dios por no existir”. Pero fue justamente en la época universitaria e influenciado por Tolkien, entre otros, que Lewis se convirtió al cristianismo.

Me acuerdo que de boca de alguien, en alguna charla o algún profesor, me contó que Lewis estaba casado con una mujer que sufrió de cáncer, y que a pesar de su escepticismo, recurrió a las oraciones como medida desesperada. Su mujer milagrosamente se mejoró y en honor esto, escribió la saga de Narnia. La realidad es mucho menos romántica. La mujer de Lewis si enfermó de cáncer, pero él ya se había convertido al cristianismo hace un buen tiempo, y lamentablemente murió pocos años después de su matrimonio.

A pesar de desconocer el verdadero motivo, o la real intención que tuvo Lewis para escribir “Las crónicas de Narnia” (he leído que fue una forma fácil de acercar la religión a los niños), prefiero quedarme con la falsa idea que fue para agradecer por la mejora de su esposa. Al menos así, cada vez que veamos una nueva película de la saga, más allá de pensar en los éxitos de taquilla hollywoodenses o de la genialidad de un hombre para crear un mundo (mucho más simple que la Tierra Media de Tolkien, pero igual de mágico) podríamos pensar que Aslán le dio a C. S. Lewis una segunda oportunidad.