Poesía, método antiestrés

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“Debemos arrojar a los océanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aquí existió un mundo donde prevaleció el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad” Gabriel García Márquez.

Es mejor no centrarse en acciones de placer relativo y bienestar pasajero, parecidos a la sensación, aún indiferente, que produce ver la “vida” de otros en un reality. Seguimos pasando por la vida, mientras estamos ocupados haciendo otras cosas, y cuando tenemos tiempo para vivir, hacemos nuestro propio reality, para no tener que pasar por la posibilidad de sufrir.

Lamento hacer ver que así vivimos poco y sufrimos aún más, y lo que es peor, lo negamos y escondemos.

Escribir para olvidar… o recordar, ser recordado, olvidar-lo, pero conservarlo. Sí, la poesía mantiene vivos los mejores y peores acontecimientos de nuestras vidas, pero qué es lo mejor y peor, ¿no es el amor algo bello, subliminal e insoportablemente insufrible? La Real Academia de lengua Española (RAE), describe al amor como “la propiedad de las cosas que nos hace amarlas”. Uf… gracias a Dios no dice nada de entendimiento ni razón, sino seríamos todos unos estúpidos.

La poesía nos permite liberar ese algo que no sabemos qué es, que está dentro de uno y nos condena a vivir entre pasiones y sentimientos que no logramos identificar con un solo nombre.

Escribir es cantar, dejar fluir la tinta en una impensable danza. Así es, no se debe pensar lo que se escribe, mucho menos si se hace desde uno mismo, desde lo que se tiene dentro y no se puede sacar más que con la pluma. Lo bello, lo grotesco, todo lo aguanta.

No debe tomarse la poesía como algo tonto o cursi, como solemos hacerlo, sino como una oportunidad para tener el poder de crear, incluso para destruir.

Esta medida, que de nueva nada tiene, sirve para liberar ese estrés, pena, o alegría; al escribirlo, lo identificamos, lo vemos desde afuera, casi objetivamente y podemos, en lo posible, ver las cosas con mayor claridad, porque en este mundo cada vez más turbio, claridad es lo que falta, y no sé ustedes, pero claridad es lo que busco.