La Muralla Infernal: reciclaje de famosos

Anoche el canal Mega mostró un nuevo programa para la temporada: la Muralla Infernal, una franquicia que se ha reproducido con éxito en ochorrocientos países con rotundo éxito.

El programa proviene originalmente de Japón, un país en donde la gente es seria el 99% del tiempo y hace falta un escape televisivo, un desahogo que redima en forma de chacota. Acá en Chile, en cambio, en donde hasta las más altas esferas del poder son pura chacota, esta clase de programas peca de redundante.

Sin embargo vale la pena analizar el truco de Mega, el reciclaje de los famosos.

Hacer desfilar al plantel

Pese a que muchos programas que se exhiben en Mega no son producidos por Mega sino comprados a otras productoras como Kike21, esto es en realidad una forma derivada de subcontratación, y como en toda subcontratación los intermediarios están pintados. Para los efectos, figuras como Che Copete o su séquito son empleados de Mega, directa o indirectamente.

La gracia de tener una variada parrilla programática de elaboración propia es que puedes explorar sinergías: haces que los comediantes de Morandé con Compañía se paseen por los matinales (con una caña de antología), que los del matinal vayan a Mira Quien Habla, éstos a su vez demandan a la vecina en Veredicto y así sucesivamente la popularidad de un programa chorrea al de al lado. Esto es lo mismo que los Crossover Batman-Superman que la DC Comics explotaba en los años 50.

Hasta ahora la cúspide del género “reciclaje de famosos” era “Sabes más que un niño de 5 años” en donde me parece que quedó en claro que no importaba tanto el programa como el desempeño del famosillo. Es decir, las preguntas le mostraban a uno que había olvidado cosas del colegio -quien no- que los chiquillos, por cierto muy simpáticos, sabían harto pero a nuestra edad probabemente también habrían olvidado la mayor parte y que finalmente, los famosos saben menos que un niño de 5to básico. Todo eso es cierto, pero si alguien veía ese programa (supondremos que alguien lo veía, quien sabe) era más bien para reírse un rato con el famosillo de turno fuera de su personaje. La doctora Polo convertida en risueña participante en vez de cariátide de la justicia, Javiera Contador como hippienta natural en vez de ícono Kitsch en su rol de Peggy Bundy… cosas asi.

Sentado el punto anterior, se entiende que el género de reciclaje de famosos se apoya justamente en invitar a famosos que tengan empatía con la gente, que sean en persona tan graciosos como sus personajes y que no teman al ridículo. Teniendo eso da lo mismos si los invitas a competir con niños de 5to básico, pasar una muralla de plumavit, darse de martillazos en el dedo gordo del pie o ser hipnotizados por Tony Kamo. En esta clase de programas, si nos remitimos al análisis morfosintáctico, el sujeto es el que importa, y el predicado da prácticamente lo mismo mientras sea ligeramente denigrante… o muy denigrante como Golpe Bajo.

La Muralla Infernal

El programa en sí no es malo, para nada. Es sólo que de infernal no tiene mucho y la muralla, como explicamos en el acápite anterior, es comparsa: los que sacan el programa adelante son los invitados. Así que en vez de “La Muralla Infernal” podrían ponerle “La” y quedamos donde mismo.

Para los que no lo vieron, el invitado, por sí solo o en grupos de dos o tres personas, deben intentar pasar una figura recortada en una muralla movediza.

De la Muralla no se puede contar mucho más: es eso, un puto muro de plumavit que se mueve. Es el resto lo que saca adelante el programa, a saber:

  • Los Invitados: Es de esperar que mantengan el nivel, porque al menos los de ayer anduvieron de antología. El Che Copete que tenía la talla a flor de piel y ponía sus famosas muecas ala cámara así como el Poeta que es un bufón postmoderno y por lo que se vio, sorprendentemente ágil.
  • Las acompañantes del poeta: tanto el Che como el Poeta recibieron a dos chicas que completaban su equipo. Las chicas del poeta estaban de lujo: una mendocina llamada Sandra muy linda y muy dulce, más otra chica que nunca supe de donde era pero se llamaba Jhen y al menor asomo de música se ponía a bailar como los dioses. Cabe destacar que el uniforme del programa emula a la famosa garrafa galáctica, ese vino en bolsa que vendían en mis años de universitario, por lo que a las chicas se les marcaba todo.
  • Las acompañantes del che: tal como dijo Belloni con cruda honestidad, las acompañantes del poeta eran más atractivas que las suyas, en grado superlativo, pero una de las dos, una negrita de nombre Retelie y proveniente de Haití, se robó la película. Hablaba un castellano paupérrimo pero derrochaba risa y simpatía. La otra era bien dejadita de la mano de Dios, pero trataba de participar. Cuando las dos esculturas del Poeta se ponían a bailar y a medio Chile le dolían las muelas, ella también bailaba sólo que en segundo plano. En fin.
  • Los animadores: Viñuela nunca me ha caído bien, pero tiene el seso suficiente para no tratar de hacerle sombra a ese derroche de desplante que es Javiera Contador, que llena la pantalla con su personalidad relajada. Acá Viñuela asume un papel secundario y a lo sumo flirtea con Lucila Vit, que es nuestro siguiente punto.
  • Los Salvavidas: considerando que la piscina no es profunda y que los salvavidas no se meten al agua, en realidad asumo que por “salvavidas” se refieren a los implantes de Lucila”, pero lo importante es que esta chica argentina está muy bien, tiene un lindo cuerpo y no es excesivamente tonta. A lo mejor la cara no convence mucho pero en suma anda super bien. La acompaña un supuesto guapetón, también argentino, que es como del porte de Viñuela. Algo me dice que los ejecutivos de Mega hacen los castings en el hipódromo porque esos dos podrían ser Jockeys.

Asi como los puntos anteriores aportan, hay otros que restan. Primero, la voz en off se atribuye a un tal “Araujo”. Claramente en alusión a Marcelo Araujo, el relator trasandino que para algunos transforma el futbol en circo y para otros es un poeta del balón. Me da lo mismo a quien imite pero el tipo es pesado de por sí, y le hizo un chiste a Retelie sobre los cascos azules que por suerte ella no entendió. A lo mejor creerá que lo que pasó y sigue pasando en Haití es para la risa… quien sabe, pero lo que sí está claro es que la voz en off de La Muralla no es más que una pálida, mala e insoportable imitación del Araujo original, sin gracia para los chistes, con poco o ningún tino hacia los participantes y en la raya para la suma, quita valor más que agregarlo.

Segundo, en un momento se apareció en escena un tipo disfrazado de oso panda -con un disfraz apolillado dado de baja por Santa Isabel- que primero le regaló flores a Lucila Vit y luego le regaló un poema, que cuando Viñuela leyó en voz alta resultó ser un intento de chiste picaresco como las canciones de Yayo en Videomatch (“…te voy a romper el orto” literalmente). El chiste salió mal, Lucila Vit se hizo la ofendida (oh c’mon) y el Panda empezó a saltar por todas partes hasta que el Che Copete lo agarró por sorpresa y se lo punteó. Todo finísimo, un programa familiar.

En resumen, tenemos un programa que a lo mejor hace falta pulir pero que se apoya conscientemente en los famosos que aparecen en cada capítulo. Si Mega pretendiera en cambio hacerlo con chilenos comunes y corrientes probablemente pasaría sin pena ni gloria. Esperemos que con el correr de los capítulos la voz en Off se haga menos desagradable, que despidan al panda desubicado, que Lucila Vit pase más tiempo en el agua y que Javiera Contador siga siendo Javiera Contador. Con eso estamos dados.