Colombia

“El hijo del viento”: Fredy Moreno, un mensajero que despertó su pasión al correr

Cuando vi la primera carrera en mi vida pensé “quiero ser un gran atleta”.

Fredy Moreno

Fredy Moreno nunca había corrido en su vida. Empezó a hacerlo tras ver una carrera en el barrio 20 de julio en Bogotá. El acto lo cambió para siempre transformándolo en un gran corredor de running. Ésta es su historia.

En el 2003 realizaba su primera carrera y conforme se iba adentrando en el apasionante mundo del ejercicio, se enteraba de mas competencias. Y fue cuando vio por vez primera, una carrera que se hacía en el sur de la ciudad, lo único que sabía, era que corrían amantes al deporte y corredores profesionales conocidos por su resistencia y correr largas distancias, y eso le llamó la atención.

“Me dio la locura de inscribirme, terminé de último pero lo logré, desde ahí entendí que esto es para mí y aquí voy a seguir, el running es lo mío” dice Fredy.

El valor de probar algo nuevo

A principios de los años 90 poca gente corría por diversión. Aunque el deporte había crecido y los maratones de Nueva York se acercaban ya a su vigésimo aniversario, la actividad todavía parecía reservada para unos cuántos: atletas profesionales y amateur obsesionados con imponer marcas. Personas con niveles competitivos, disciplinados, formados durante arduos entrenamientos en sus años universitarios.

Pero el caso de Fredy era distinto, aunque estudió para ser técnico en entrenamiento personalizado, su experiencia en ese campo ha estado limitado. Él es un mensajero que gracias a su trabajo y recorrer (algunas veces a pie) la ciudad le enseñaron la disciplina que se necesita para ser un buen corredor.

En ese contexto él se dio cuenta de que correr le gustaba. Entendió que a su ritmo podía cubrir cualquier distancia, aunque fuera poco experimentado, “en los primeros años me entrenaba un coach empírico, él me miraba cuando yo corría y me decía “a usted le hace falta esto y esto”…ya después por mi cuenta comencé a mirar cosas y aprender, aprender la afinación de la técnica y la manera en la que debía caer en el pie” explica.

Entonces tuvo la idea de convencer al mundo de que caminar en su trabajo, era algo bueno. Porque los beneficios no solo estaban ligados a la velocidad, el reto era superarse a sí mismo. Porque correr era divertido y lo hacía sentir bien.

“Soy maratonista y he corrido 12 maratones, he ido fuera de Colombia a correr, claro con la ayuda de personas que creen en mí y me han dado su apoyo económico…cuando fui a Berlín la empresa donde trabajaba me apoyó con todo, no pagué nada, me dijeron “¿quieres ir? ve te patrocinamos eso, yo no lo podía creer” agrega.

Entonces Fredy sabía que entrenarse era algo indispensable, fue ahí cuando encontró Adidas Runners, una comunidad formada por personas de diferentes orígenes y contextos sociales, unida por el deseo de superarse y convertirse en mejores corredores.

Ahí fue descubierto por uno de los coach que entrenan en algunos parques de Bogotá de forma gratuita a todos los amantes del running. Así que su afición se hacía cada vez más popular, él había encontrado la actividad que le daría sentido a su vida.

Cada vez que tiene opción este hombre de 46 años aprende a mirarse sin prejuicios, aceptándose como es y encantando a los demás a partir de las diferencias. “Tarde o temprano alguien me volteará a ver” expresa. Su familia no aparta sus ojos y aunque a veces no comprenden mucho sobre su amor por correr, siempre están ahí: “a usted toca llamarlo el hijo del viento”, le dicen quienes lo han visto cómo se entrega en cada competencia.

El momento cumbre

Aunque Fredy ya suma algunas medallas siempre está presto a dar más, por eso uno de los entrenadores de la comunidad donde se ejercita se dio cuenta que él tenía un talento único, una velocidad especial al momento de competir…entonces lo invitó a representar a Colombia en una carrera de alto rendimiento llamada The Speed Proyect 2021, organizada por el club de Adidas Runners.

El equipo, que estaba representando a la región de América Latina mientras la competencia transcurría en simultáneo en otras partes del mundo, tenía que completar la mayor cantidad de kilómetros en un lapso de 30 horas sin parar, es decir que los integrantes tenían que cumplir con varios hiits y hacer milimétricos empalmes para no perder tiempo ni distancia, incluso corriendo en horas de la madrugada.

Fredy “el hijo de viento” hizo lo suyo, completó seis hiits y se encargó de ayudar al equipo para sumar kilómetros, “yo tengo una frase que es “para adelante porque para atrás asustan y hagámosle”. Y uno tiene que dominar la mente y eso fluyó y fluyó, pensé en mi familia, pensé en el equipo, pensé en el momento, en qué lugar estamos y en qué quedamos” expresa con una sonrisa en su rostro.

Todo esto le enseñó que los miedos que sentimos al empezar a correr, las dudas, los calambres que lo llevan a pensar en desistir, los gritos de aquellos que alientan con una palabra de ánimo desde la orilla, aunque ni siquiera lo conozcan. Y la satisfacción de ir cruzando metas que creíamos imposibles, le mostró que todos los sueños son posibles.

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