¿Y si dejamos de ser tan hipócritas con lo de Ilia Calderón?

Por: Luz Lancheros

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Como muchos de ustedes, admiro a Ilia Calderón por entrevistar a la persona que más la odia no por ser una gran periodista y presentadora, sino por lo que es de nacimiento: negra. Es loable lo que hizo la periodista. Pero cada vez que nos indignamos por el racismo que pulula en Estados Unidos, me pregunto por qué nunca miramos nuestra propia casa.

El racismo es una tara asquerosa que todavía tenemos desde la Colonia y está en todos los países latinoamericanos. Creemos que ser de ciertos países nos hace “mejores” que los de otros. Los mexicanos nos tratan mal en el aeropuerto porque se creen superiores a nosotros ,porque creen que todos tenemos cocaína en los bolsillos y Pablo Escobar nos heredó millones. Nosotros nos burlamos de los peruanos y ecuatorianos porque somos “más blancos” y tenemos cantantes y diseñadores que no cantan como sus grupos folclóricos a los que tachamos de vulgares. Y los argentinos y chilenos racistas tratan mal a todos por igual por ser más oscuros que ellos y venir a trabajar a su país, entre muchos otros ejemplos . En Latinoamérica nunca dejamos el Virreinato: el que es más blanco tiene más poder, más posibilidades de trabajos mejor pagos y por supuesto, tiene el derecho “” de burlarse de otro con “tez humilde”.

Y con este dicho tan popular en redes sociales podría comenzar en Colombia, donde cada alegato para respetar una raza y colectivo menoscabado se trata de silenciar con el: “pero es que uno ya no se puede burlar de nada”. Pero ¿qué hacemos cuando esas personas de las que nos hemos burlado por quinientos años siguen en las mismas gracias a estos imaginarios? ¿Qué hacemos cuando seguimos viendo a la misma gente en los mismos barrios por esa endogamia social que nos cargamos y que nos segrega (los sur con los del sur y los del norte con los del norte, como se ve en Bogotá, por ejemplo)?

¿O qué tal cuando hablamos en datos y vemos que los niños de la Guajira y del Chocó son los que más se mueren por desnutrición, porque sus poblaciones están olvidadas del Estado? Y ni hablar, en contextos opuestos como la de la entrada a los bares por la raza. Vean al hijo de Carlos Jacaminoy, uno de los mejores pintores de Colombia, hace cuatro años, sin poder entrar a Baum.

Cuando usted cree que lo único que está bien es ser flaca y blanca “como Natalia París” (y esto me lo dijo una muy desubicada contradictora), es porque inevitablemente es producto de un sistema que no mira su otredad desde hace mucho tiempo. Cuando cree que está bien llamar “la negrita esa” o el “negro hijueputa ese que no le pega a un balón” es producto de ese sistema. Cuando condena por “vulgar” y “loba” un baile como la champeta y otras expresiones afro-colombianas, sigue siendo parte de ese sistema. Cuando se burla del costeño solo porque “no tiene su refinamiento londinense malcopiado de la época de Independencia”, sigue siendo parte de ese sistema. Y no, no llega a ser como Charlie Parker, pero influye para que muchos Charlie Parkers, que son más abiertos al respecto que usted, tengan el derecho a tratar mal a alguien solo porque no corresponde a ese ideal de “blanco es bueno” que le ha vendido esta sociedad inmóvil toda la vida.

No, no se sorprenda de que Charlie Parker sea racista con alguien como Ilia. Sorpréndase de lo que hace usted todos los días para que alguien como él siga teniendo voz y promulgue el odio en una sociedad como la suya.