Anto Larraín: “El femicidio y la violencia intrafamiliar es mucho más grave que ser talla 48”

Influencer, grandiosa. Por estos días, terminando el BodyPosiTour en La Serena y Viña del Mar, dinámica que busca que todes se animen a ponerse traje de baño y disfrutar la playa. Una muestra explícita de amor propio y goce, sin importar el color de pelo, disfrute sexual o dimensión corporal.

 

¿Podemos amar a alguien si no nos amamos a nosotras? Antonia Larraín (@antolarrain_) irrumpió en el circuito influencer por una razón tan obvia como urgente: no todas somos talla única. Las consecuencias de vivir en un mundo que te etiqueta en S/M/L, y la necesidad de lograr identificación para todas, en nuestras variadas formas y tamaños, se transformaron en el motor de la comunicadora y feminista de 27 años. Desde las redes sociales, las marcas y los eventos, logra recordarnos la importancia de respetarnos y querernos, pero, por sobre todo, se permite aterrizar esas injustas culpas que se imponen a quienes no cumplen con el estándar físico y romántico-sexual.

Lo canta Ariana Grande, lo escribió Alejandra Pizarnik; el amor propio es complejo en su inmensidad, pero sanador. Un trabajo arduo, probablemente eterno. No sólo para las mujeres ni mucho menos sólo para las gordas. Larraín lo entrena y expone desde la maternidad, la bisexualidad, los cuestionamientos al amor romántico y la violencia sistemática, como, por ejemplo, del retail y sus conceptos de mujer.

En vísperas del Día del Amor, conversamos con la ex participante de Amor sin banderas, parte del podcast Grandiosas y fundadora de la campaña Tallas para todes (@tallasparatodes), para saber cómo ha sido el proceso para dejar de odiarse, cómo su mutación interna ha facilitado el amar a otres, y cuáles son los conceptos que deberíamos ir dejando atrás para amar y amarnos mejor.

Anto Larraín

Amarse

¿Recuerdas algún momento específico en el que empezaste a dimensionar el quererte, respetarte?

Qué difícil. Es como responder “¿cuándo te diste cuenta que tenías cuerpo?”. Es un trabajo grande. Tengo un momento grabado de hace unos años cuando participé en Amor sin banderas; era un ensayo y nos mostraron un musical diciendo que eso teníamos que lograr. Fue la primera vez que me levanté y dije “esto es injusto, porque no todos vamos al mismo ritmo”, lloré de frustración y rabia. Ese día entendí que mis propias metas eran válidas, que tenía que superarme a mí y no al resto. En ese programa sentí que había gente mirando y, si me echaba a morir, era como decir “no puedo, tú tampoco, no lo intentes”. Así que fue un “por mí y por todas mis compañeras”. Ahí empezaron los comentarios de desconocidos: bullying escolar, que su cuerpo era parecido, que les pasaba lo mismo con sus piernas, que me vieron con una prenda y se atrevieron.

¿Qué tanto cambió la percepción que tienes de ti desde la adolescencia hasta hoy?

Toda la Media me quise morir. Fui mucho a terapia, estuve con depresión, sufrí mucho bullying y ni siquiera pesaba lo que peso hoy. Mi mejor amigo se suicidó a los trece y, desde ahí, todo me costó mucho. Sentía que no valía nada, que nadie me escuchaba y que hacía todo mal. Mis papás no supieron escuchar y yo no me daba bien a entender. Intenté suicidarme, estuve internada y no volví al colegio. En esa época el cuerpo era un tema de tantos. El problema es que ser grande impide esconderse y pasar piola, siempre he estado expuesta. Sentía que la vida era muy mala. Me molestaban por ser guatona cuando no lo era, por lesbiana cuando no lo era. Me molestaban por ser diferente y en esos años una sólo quiere calzar, no ser marginada.

Claro, tratar de encajar…

Ahora me tatué la palabra rara, lo encuentro bacán. Me gusta ser única y no tratar de ser parte de la masa total. Nada mata más la autenticidad y honestidad que tratar de encajar constantemente. Vivir tratando de encajar te destruye y mata tu identidad. Hice las paces conmigo. Hace unos años encontré mi vestido de graduación, cuando pesaba 20 kilos menos, me lo probé y te juro que me encontré mejor. Me encantó ver mis tatuajes, mis aros, mi pelo. Siempre dicen que soy un disfraz, pero la sensación de sentirme más yo que nunca es innegable.

Anto Larraín

 

 

¿Qué tanto de esta aceptación tiene que ver con acercarse al feminismo y al feminismo gordo?

Es muy difícil darse cuenta de que una no se merece que le griten cosas en la calle, que el ginecólogo pregunte cómo el marido aguanta o si mis papás no me quieren, porque no se preocupan por mi peso. No está bien no tener ropa para ponerse. Las tiendas no ponen un letrero de “no se admiten gordas”, pero al entrar la respuesta es “no tenemos nada como para ti”. No te mereces los comentarios de tus familiares. Mucho menos de las parejas que dicen “te dejaste estar”. El feminismo gordo me parece clave para mostrar que existimos, que vivimos una violencia muy normalizada. La discriminación es un tema amplio, pero ser gorda te hace visible, ocupas espacio, incomodas a los estándares de belleza, de salud, al espacio público. Es visto como malo. El feminismo gordo permite manifestarse y hacerse cargo de eso. Apoderarnos de nuestro cuerpo, reapropiarnos y decir “esto es mío y tengo derecho a hacer lo que yo quiera con mi cuerpo”.

¿Y qué pasa con esa gente que opina de tu cuerpo, porque se preocupan por la salud?

Mi salud también es parte de mi decisión y eso sólo me compete a mí. Si es cercano y te preocupa, puedes hacer una pregunta para saber qué onda, pero no cuestionar ni juzgar. No es algo positivo obligar a la gente a bajar de peso, porque no es una preocupación real; nadie piensa en los fumadores, en los famosos que se violan fans o le pegan a la mujer, nadie se preocupa por su salud ni castiga su estilo de vida, tampoco el de las mujeres extremadamente flacas. Mostrar un cuerpo gordo no tiene nada de incorrecto. Es muy distinto hacer ejercicio porque amas tu cuerpo a hacerlo porque lo odias. Es distinto preocuparte de la alimentación toda la vida que sólo dos meses antes del verano. El problema es el culto a un tipo de cuerpo. ¿Mostrar a una persona con obesidad mórbida es lo mismo que mostrar a una persona con anorexia? Sí y no. A la gordura se le castiga mucho más. Son dos personas que, probablemente, tengan algún tipo de problema de salud o salud mental. Hay que diversificar el tipo de cuerpo que se muestra en los medios, en las películas, en la publicidad. Cuando hacemos culto a un tipo de cuerpo hacemos que la gran mayoría sienta que el suyo es incorrecto. Es imposible que todas quepamos en la talla única.

Anto Larraín

 

 

Body, Valeria Zicavo

Muñequeras, Adidas

Además de comentarios que nadie pide y falsas preocupaciones, ¿qué grandes obstáculos hay en el trabajo hacia el amor propio?

Una cosa es el trabajo de amor propio que hacemos puertas adentro y otro es chocar con la realidad del sistema. No toda la responsabilidad está en mí. ¿De qué sirve levantarme con autoestima, dispuesta a comprar una prenda linda, si llego a la tienda y nada me queda? No importa todo el trabajo que hice internamente para aceptar mi tamaño, respetarme y exponerme a los maniquíes flacos, si la tienda no tiene ropa para mí. Eso es lo que hace el despertar de Chile también, el querer cambiar todas estas cosas que nos impiden ser felices, que no nos dejan tener una buena calidad de vida, que nos privan de derechos básicos garantizados, como un pedazo de tela para ponerse y salir a trabajar.

Hay que cambiar la mentalidad de la sociedad en su conjunto…

El amor propio es mitad adentro y mitad afuera. Hay que cambiar la parte exterior o vamos a exponer a más niñas a crecer inseguras, odiando sus cuerpos y dándose la vuelta larga como nosotras. Tú no te sientes mal con tu cuerpo porque se te ocurrió, te lo enseñaron. Te dijeron que tu cuerpo estaba mal y tú también, por no hacer nada para cambiarlo. No se trata de eso. Hay una lista de factores, como el tiempo, los recursos y las motivaciones. No es justo que se nos exija ser madres, trabajadoras competentes y encajar en el cuerpo perfecto de publicidad, porque no se puede.

Crop top y falda, H&M

¿Qué otras perspectivas adquiriste tras la crisis social de octubre?

En lo personal y respecto al trabajo del cuerpo y las mujeres, me pasó que se me hizo más evidente que nunca la cantidad de tonteras de las que nos tienen preocupadas a las mujeres. Vernos flacas y sexies no puede ser el mayor problema de nuestras vidas o a lo que le dedicamos más esfuerzo. El femicidio y la violencia intrafamiliar es mucho más grave que ser talla 48. Me costó volver a hablar del cuerpo, porque estamos en una situación crítica con muchas urgencias, pero el feminismo no puede quedarse atrás, no de nuevo. Lo que hemos hecho nosotras no tiene precedentes, porque el feminismo es la empatía que se necesita en este tipo de escenarios. Entiendo que no es lo mismo ser mujer que ser mujer gorda, ni ser mujer gorda a mujer gorda negra, ni mujer gorda negra a mujer gorda negra pobre. El feminismo interseccional es necesario hoy, y la gente que no lo entiende es porque no tiene información suficiente o tiene valores diametralmente opuestos a lo que es vivir en sociedad.

Amar

¿Qué tanto ha cambiado tu forma de amar desde que te amas?

Amarme me ha ayudado a amar mejor. Ya no me privo de lo físico ni lo emocional. Quererme y sentirme segura me ayuda a entender los comentarios de mi mamá, las críticas de las personas con inseguridades. Me ayuda a no privarme de hacer el amor con mi pareja y de expresar físicamente cómo lo quiero. Me ayuda a no privarme de jugar con mi hijo en la plaza, meterme a la piscina con él, correr en el parque sin miedo a que se me mueva el cuerpo. Son formas de mostrar amor de las que nos privamos sólo por cómo nos vemos.

Una cosa es amar y otra cosa es amar de manera sana. ¿Qué pasa con el amor romántico?

Hice un diplomado en Estudios Interdisciplinarios de la Mujer con Perspectiva de Género en la Academia de Psicología & Bienestar. Tuvimos un ramo sobre amor romántico y fue cuando me di cuenta de que no me había librado de él. Creo que hablar y leer es importante; conocer otras historias, otro tipo de formas de relacionarse. Eso me ha ayudado a cuestionar mis convicciones. He dejado de consumir películas y series, porque enseñan corrientes que no quiero replicar. Hay muchos mitos del amor romántico que he ido derribando, como aprender que el amor no duele o que el amor no todo lo puede.

Como en las relaciones tóxicas.

Hay una lucha constante entre el amor hacia el otro y el amor propio, porque te puedo ceder muchas cosas, pero jamás cederme. Estamos rodeadas de toxicidades del amor romántico, por ejemplo, cuando en los matrimonios declaran “marido y mujer”, siendo la mujer la que se entrega entera y el hombre sólo en su rol de marido, como si nosotras fuéramos una posesión. Tenemos que dejar de concebirnos en pareja. A las mujeres se nos valida sólo con un hombre. El otro día dije que era mamá soltera y me dijeron que no lo dijera así, porque no es que me falte un algo. Soy mamá y punto. No me falta un complemento.

¿Estas indagaciones personales mejoraron tu vida sexual?

Salí del clóset a los 16 años y mis papás se preguntaban qué hicieron mal, porque yo era bisexual. El año pasado volvió el tema por una persona cercana y me di cuenta que no era una etapa, como se me trató de convencer. Soy bisexual, aunque ahora tenga pololo. Perdoné a mis papás por no entenderme y me perdoné por no darle la importancia que merecía. La inseguridad se traduce mucho en el plano sexual. Mis primeras relaciones sexuales fueron siempre con polera, por años. Qué triste. Otro tema es el cuerpo después de ser mamá… Los conceptos han cambiado mucho. Hoy escuchamos términos como la pansexualidad o la demisexualidad. Ahora me identifica la bisexualidad, pero más adelante quizás no. Es un espectro amplio y no es necesario etiquetar, aunque es verdad que puede ayudar para generar comunidad, visibilizar y así poder legislar. Me parece importante entender que no hay forma correcta o incorrecta de vivir tu sexualidad.

 

 

Body, H&M

Jeans, TWIGA

Revisa el backstage de la sesión de fotos de Anto Larraín para Nueva Mujer