Javiera Jordán: "En algún momento nos vamos a aburrir del fast fashion"

Se inspira en la personalidad de cada mujer que usa alguno de sus vestidos, intenta interpretar la esencia en sus diseños, no arma moldes, respeta la calidad y caída natural de las telas. La diseñadora chilena, quien vistió a Kate Moss en su visita a nuestro país, habla de sus procesos creativos y su camino en la industria de la moda.

Tenía poco más de cinco años cuando dibujaba vestidos en la pizarra del colegio que sus compañeras copiaban en sus cuadernos, mientras soñaba con las princesas de Disney. Su mamá tenía una máquina de coser en la casa, así que Javiera Jordán (30) creció entre hilos, agujas y telas. Parecía lógico, cuando comenzó a manifestar su interés por diseñar su propia ropa y carteras.

Estudió Arte, pero durante la carrera se debió operar una de las manos. Esa situación la llevó a explorar las propiedades de materiales más livianos y fue así como volvió a relacionarse con el textil. No fue hasta el 2012, cuando una de sus amigas le encargó que diseñara su vestido de novia, que Javiera descubrió que quería dedicarse a crear este tipo de prendas por el resto de su vida.

Partió hace unos seis años y sus diseños han sido usados por actrices, modelos e influencers para instancias como el Festival de Viña o el Copihue de Oro. También, hace casi un año exacto, diseñó un vestido para  la modelo Kate Moss, a quien conoció durante su visita a Chile como embajadora del Museo de la Moda.

Desde su taller, un espacio bien iluminado y calmo, en plena comuna de Providencia, entre dos percheros con vestidos y capas de diferentes géneros y texturas, una huincha de medir de costurera sobre el sillón y una serie de tijeras doradas de formas y tamaños diferentes colgadas en una pared al fondo, repasa su carrera hasta ahora.

Partiste haciendo vestidos de novia, pero ahora trabajas con alta costura. ¿Cómo ha sido tu evolución como diseñadora?

Mi crecimiento ha sido orgánico. Partí con una novia al año, después con dos, después con cinco y así. No estudié Diseño, no sabía lo que era una colección, entonces, al principio, hice cuatro vestidos, fui a la playa, les tomé fotos y ésa fue la primera que saqué. Mucha gente me decía que mi trabajo era bacán, pero me daba un poco de pudor. Nicole Putz (bloguera chilena) fue la primera con quien trabajé y de ahí vino el boom, llegó a más gente. Llevo más de seis años, he hecho un recorrido importante, ha sido doloroso, he tenido miedo e incertidumbre.

¿En qué te inspiras?

Vivo en el sector El Arrayán, siempre he estado ligada a la naturaleza, por ejemplo, un tiempo estuve pegada con las estaciones y en otoño saqué una foto en el patio, lo que me dio la idea para crear un vestido que en el pecho tiene pedazos de tela de colores burdeo, ocre y verde. Después empecé a trabajar con la personalidad de las mujeres, algunas power, otras quizás no tanto, pero que yo sentía que tenía que ayudar a empoderar. Me fui fijando en las mujeres que me inspiran, en mis amigas y con las novias, hago lo mismo; me cuentan su vida e intento interpretar su esencia. Cuando le dicen a las novias: “Ese vestido es muy tú”, es el mejor cumplido que le pueden hacer a mi trabajo.

¿Cómo trabajas tus diseños?

Tengo una conexión con las telas. De repente, no sé cómo cortarlas y las observo hasta que encuentro la forma correcta de hacerlo. Es intuitivo, no hago moldes, lo hago todo sobre el maniquí. Soy respetuosa con el material y las prendas terminan quedando mucho mejor, porque no hay una matriz o una preconcepción. Es como: “¿Tela, qué tienes para decirme?”.

¿Y tus colecciones?

Siempre hay un concepto por detrás, no les pongo nombres a las colecciones, porque me gusta la libre interpretación. Por ejemplo, la anterior tenía harto rojo y látex, porque quería transmitir que con una prenda de ese tipo no necesitas nada ni nadie más.

¿Qué te parece el panorama actual del diseño en Chile?

Existe gente joven que se atreve e inspira a otros. Están naciendo varios diseñadores, pero los que perduran son pocos, porque una cosa es querer y otra es resistir a la presión, al estrés, a solucionar problemas rápido. Ésa es la peor parte de este trabajo, no se trata sólo de crear cosas bonitas. En Chile, la alta costura no se ha desarrollado mucho, por ejemplo, en Perú se acostumbra que, para cada matrimonio, te mandes a hacer un vestido. Aquí no pasa eso.

¿Crees que el fast fashion impide el desarrollo de esta industria?

Las grandes tiendas le hacen la vida más fácil a la gente, tienen prendas entretenidas que un diseñador local puede vender a 120 mil pesos y en esos espacios cuestan 8 mil. Es difícil competir con eso. No sé si está siendo valorando más el diseño chileno; quizás hay más vitrina por las redes sociales. En algún momento, nos vamos a aburrir del fast fashion, pero también está el tema del acceso a piezas de ropas exclusivas, porque no está al alcance de todos. La persona que gana el sueldo mínimo no se va a comprar ropa de diseñador.

Made in Chile

Javiera-Jordán

Con la misma pasión con que enfrenta otros desafíos, Javiera ideó un vestido negro ceñido al cuerpo, con aplicaciones de plumas para la supermodelo Kate Moss, actualmente rostro de marcas como Yves Saint Laurent, quien viajó a Chile durante 2018 en el marco del aniversario del Museo de la Moda.

Fue así como un manager, con quien había trabajado por el Festival de Viña de 2018, le avisó que la estrella de las pasarelas británicas estaría de paso por Santiago y necesitaría un vestido para una cena de gala. Ante esto, Javiera no dudó ni un segundo y diseñó una prenda de color negro con aplicaciones de plumas, que la top model se llevó de vuelta a Inglaterra. “Lo hice sin pensar y, de repente, fue mediático. Que ella eligiera mi vestido me ayudó a reafirmar que lo que estoy haciendo está bien”, dice.

Hace un año vestiste a Kate Moss. ¿Cómo viviste esa experiencia?

Fue increíble, es mi ídola y ella, que tiene acceso a los mejores diseñadores del mundo, se llevó uno de mis vestidos. Nunca pensé que iba a ser en serio cuando me hablaron de hacer una pieza para ella, hasta que un día me llamaron y me avisaron que tal día y a tal hora tenía que ir a dejarlo al hotel donde se estaba hospedando. Me presentaron a una de las mánager, quien dijo que podíamos hacer unas fotos. Conocí a Kate, me pidió que le cambiara una parte y luego volví en la tarde para que se lo probara. Le quedó perfecto, se miraba al espejo y no lo podía creer. Se hiperventiló, le dije que estaba inspirado en ella y nos abrazamos.

¿Tienes en mente una nueva colección? ¿Podrías adelantar algo?

Estoy confeccionando una nueva colección que es secreto todavía, pero la voy a lanzar en 2020 y va a ser totalmente distinta. Tiene que ver con otros materiales y lo que se puede lograr con eso. Soy artista y siempre intento mezclar materiales. Eso es proponer y creo que toda diseñadora o diseñador tiene que hacer eso: proponer.

¿Has pensado internacionalizar tu carrera?

Tuve la idea de irme fuera, pero creo que acá hay harto que aportar. Me parece desafiante llenar este vacío. Por el momento, me voy a quedar en Chile, me gustaría echar raíces con mi marca, pienso seguir trabajando con novias y quiero ver si puedo crear ropa para vender de inmediato. Tengo mucho por crecer todavía.

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