Luis Larraín: “Ser gay y trasplantado dio sentido a mi vida”

Considera urgente que las minorías trabajen de forma activa en la política. Por eso busca un cupo en la Cámara de Diputados. Hablamos sobre su enfermedad crónica, su paso por Iguales y la invisibilidad lesbiana.

Luis Larraín (36) es el primero de cinco hermanos; estudió Ingeniería Civil en la Universidad Católica e incluso se dedicó al modelaje. Como él mismo reconoce, tuvo el privilegio de estudiar durante un semestre en la Universidad Técnica de Berlín, experiencia que le sirvió para darse cuenta de que ser gay era completamente normal. Esa constatación de que nunca debía esconder su orientación sexual facilitó que aceptara el ofrecimiento que recibió el 2009 de formar parte de la franja electoral de Sebastián Piñera. Pero obviamente el revuelo aumentó porque es hijo de Luis Larraín, director ejecutivo del Instituto Libertad y Desarrollo.

Esa decisión significó que luego fundara Iguales junto al escritor Pablo Simonetti y al abogado Antonio Bascuñán, donde permaneció como presidente hasta este año, cuando decidió competir por un cupo en la Cámara de Diputados representando a Providencia, Ñuñoa, Santiago, Macul, San Joaquín y La Granja, el Distrito 10.

“Hay una oportunidad de renovación en esta elección, de que más jóvenes asumamos posiciones de liderazgo, sobre todo cuando una clase política lleva tanto tiempo apernada al poder. ¡Algunos llevan siete periodos y buscan la reelección para ir por el octavo! Hay tantas practicas poco éticas que las nuevas generaciones y la gente en general quiere cambios”.

Entras a la política cuando existe un desencanto generalizado y las críticas no se hacen esperar. ¿Estás preparado para eso?

Sí, en todos estos años me fui acostumbrando a estar en la palestra, a que todo fuera someterse al escudriño público. Eso ha aumentado porque en Iguales hablábamos de un tema puntual. Marcar posturas en más temas genera más aliados y opositores, pero es uno de los costos de estar en política. El desprestigio de la política lo veo como una oportunidad para que los que venimos de afuera nos destaquemos, y oportunidad para diferenciarse de las malas prácticas. A muchos no nos parecen los altísimos sueldos de los parlamentarios o los privilegios que tienen, como instalar a parientes en cargos públicos sin tener las competencias adecuadas.

Me imagino que no manejas todos los temas. ¿En cuáles te centras?

En tres ejes. Primero la salud, un tema que además me atañe porque soy trasplantado (2 veces); pasé por diálisis, paso constantemente por una injusticia cuando me realizo exámenes que no tienen código Fonasa. Hoy me hice uno que lo repito todos los meses, y tengo que pagarlo particular. A diario convivo con pacientes crónicos con enfermedades que no están cubiertas por el GES. Hay mucho que mejorar en el sistema de salud.

¿Y el segundo eje?

La inclusión. Abarca todos los grupos discriminados, como mujeres que ganan mucho menos, que se enfrentan a muchas barreras al acceso al empleo. Eso hace que se jubilen con peores pensiones, no llegan a cargos alto, les cuesta más llegar al poder. El otro tema es la ciudad, los problemas de transporte, la frecuencia del Metro, la calidad del aire.

¿Te complica la competencia?

No tengo nada de miedo. Sí, hay muchos competidores, pero así es el sistema electoral. Este territorio lo conozco bien, trabajo en Providencia, vivo en Santiago Centro, fui a la universidad en Macul. Es importante representar un lugar que uno conoce y no uno donde la dinámica electoral te lleve a pensar que puedes tener una oportunidad.

¿A qué partido te sientes cercano?

A Ciudadanos, el partido con el cual he trabajado desde el año pasado. Me interpreta mucho esta postura centro-liberal. Además, si uno mira las encuestas, es la postura que identifica a muchos. La gran mayoría no se identifica ni con la izquierda ni con la derecha, según la encuesta de la CEP de hace algunas semanas. El 16% se identifica como de izquierda, el 12% de derecha, y el 32% del centro. Superamos las ideologías del siglo XX. Creemos que hay que comunicar la libertad y la igualdad, legislar en base a la evidencia, queremos cambios graduales, bien pensados, bien hechos. Me acomoda mucho el pensamiento centro político.

Vienes de una familia religiosa, tu hermano es seminarista, y tú, ateo. ¿Cómo convives con estas diferencias?

Mi hermano se salió del seminario, eso sí. La verdad es que estoy acostumbrado a convivir con personas muy distintas. Mi familia y mis compañeros de colegio están muy a la derecha, y mis amigos del activismo y de la diversidad sexual están muy hacia la izquierda. Puedo estar con un grupo y luego con otro. Es la historia de mi vida y me ha hecho a tener una postura de centro porque entiendo los argumentos de ambos lados. Me molesta esa visión del otro como enemigo, ese facilismo de llamar “facho” o “comunacho” al que piensa distinto a ti. A veces es agotador ser el bicho raro, tanto en mi familia como en el mundo del activismo, pero es un aprendizaje y he tratado de sacar lo mejor de cada mundo.

Vienes del mundo civil. ¿En qué te puede beneficiar haber liderado Iguales?

Mucho. Con Iguales trabajaba bastante con el Congreso, iba a exponer los proyectos de ley que nos interesaban, hacíamos seguimiento a las posturas de los parlamentarios. Sé cómo funciona el Congreso por dentro, y eso también me motivó a lanzarme en esta candidatura.

¿La discriminación de clases es más grande que la discriminación sexual?

La sociedad chilena es diversa. Hay gente que sale del clóset y tiene apoyo inmediato, algunos lo pasan mal, otros no quieren salir del clóset. En cambio, si se mira a la sociedad como un conjunto, hay un elemento estructural de fuertes desigualdades de clase que viene desde la fundación de nuestro país. Desde siempre hubo pugnas entre quienes tenían orígenes distintos, visiones del mundo distintas, y eso prevalece. Nunca hemos sido una sociedad homogénea. Esas diferencias están naturalizadas y se viven fuertemente en todo el país.

En muchos países existe clasismo pero, ¿qué diferencias has visto en el extranjero?

Viviendo en Francia pude ver lo que significaba no ser de la elite, no tener privilegios, ser latino. Me di cuenta de que era más difícil buscar departamento siendo latino. Es interesante ver cómo cambian las etiquetas en los países, cómo cambian las estructuras de poder. La sociedad chilena es profundamente clasista, discriminatoria. Todavía muchas empresas filtran los currículos por comuna de residencia. Mi corto paso por el mundo privado me permitió ir a muchas entrevistas y me preguntaban dónde veraneaba o si mi papá o mi primo eran “de”. A veces lo naturalizamos, pero es importante tenerlo presente.

luis

¿Es importante que exista un parlamentario homosexual? ¿Es relevante que tomen el poder como movimiento?

Si alguien mirara de afuera el Congreso, que se supone es el representante del pueblo, pensaría que la sociedad chilena está conformada por un 85% de hombres católicos heterosexuales blancos, y sabemos que la sociedad chilena no es así. Es importante que existan más mujeres en el Congreso, que hayan gays, lesbianas, trans, personas con capacidades diferentes, de pueblos originarios. En mi caso, además de mi etiqueta de gay y activista, me parece importante mi testimonio como paciente crónico. Pago el 40% de mi sueldo en salud, de mi sueldo líquido. Conozco gente, como la familia Sepúlveda, que tuvo que pagar 36 millones para pagar la médula de su hijo, porque el trasplante estaba cubierto, pero la médula no.

¿Cómo vives con tu enfermedad?

Bien, porque mi hermano me donó un riñón hace dos años. Estoy eternamente agradecido porque me permitió mejorar mi salud. Tengo una vida normal, con control cada dos meses, y luego se irán espaciando un poco. Tomo remedios en la mañana y en la noche, y la alimentación y líquidos son normales. Cuando estaba en diálisis me tenía que restringir mucho; nada que contenga fósforo, potasio, sodio. Tenía que restringir los líquidos porque no haces pipí, solo se bota por la diálisis tres veces a la semana.

¿Te cambió tu forma de ver la vida pasar por eso?

Sí, estas enfermedades te hacen cuestionarte todo: por qué vives, qué tipo de vida quieres vivir. De cierta forma, similar a cuándo uno está en el clóset… “Por qué a mí, soy gay o no, qué significa ser gay”. Al final son dos situaciones que me han hecho pasarlo muy mal. Por suerte he sido capaz de sacar lo bueno, y hoy son dos causas. A pesar de lo difícil que han sido, le han dado sentido a mi vida.

¿Por qué crees que existe una invisibilidad de las lesbianas?

Porque hay una discriminación estructural hacia la mujer en la sociedad. El rol que históricamente han tenido las mujeres ha sido más doméstico, familiar, y eso hace que sea más difícil salir del clóset. Tengo amigas que lo quieren hacer público, pero me dicen que tienen miedo de que el marido les quite a sus hijos. Igualmente creo que está cambiando un poco, porque han salido personas conocidas contando sobre sus parejas. Sería súper bueno que salieran más rostros de televisión del clóset. Ayuda mucho que lo digan, lo normaliza. Si bien nadie está obligado a contarlo, el esconderlo creo que perpetúa la sensación de que es algo oculto, que no está bien.