¿No puedes adelgazar? Averigua si lo que tienes es una intolerancia alimentaria

Esa pesadez, cansancio continuo, hinchazón, insomnio, dolor de cabeza y tránsito lento no constituyen un problema con el que debas cargar toda la vida. Descubre cuáles son los alimentos que tu organismo rechaza y vuelve a sentirte con la salud de los 15 años.

 

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Por Claudia Tapia.

"Por la boca muere el pez", señala un dicho popular y, aunque no lo creas, es cierto. Todo lo que nos echamos a la boca produce, a la larga, efectos en nuestra salud. Y no es sólo que engordemos, sino además vamos perdiendo vitalidad y nos enfermamos. ¿La causa? Las intolerancias alimentarias, una reacción particular de nuestro organismo hacia específicos alimentos.

"Si eres alérgica al maní o a los mariscos, al comerlos se te empieza a hinchar la garganta, la boca y te viene un shock anafiláctico. Si no te ponen corticoides o un antihistamínico rápido, te puedes llegar a morir. Cuando es fuerte, se te obstruyen todas las vías respiratorias. Ese es el concepto de alergia. La intolerancia es una reacción un poquito más suave, que produce una reacción similar, pero crónica, y en esto participa el sistema inmune", nos explica Andrea Chicurel, bioquímica y directora del Centro Nutrición Inteligente (www.nutricioninteligente.cl).

En la intolerancia alimentaria, el cuerpo va generando un sistema de defensa, que te hace estar en un permanente estado de malestar. Esa molestia se traduce en afecciones a la piel, problemas digestivos, dolor de huesos o de cabeza. Asimismo, hay cambios en el sistema nervioso, trastornos del sueño, ansiedad y dificultad para concentrarse. "A veces, se produce una alteración del olfato y del gusto. Por ejemplo, en los niños es súper notorio, porque se ponen mañosos, todo lo huelen y les molestan las texturas, lo que generalmente está relacionado con una alergia alimentaria", nos cuenta Andrea Chicurel.

Mal enmascarado

Cabe puntualizar que cuando hablamos de intolerancia no tiene nada que ver con la conocida intolerancia a la lactosa, ya que ésta viene de la incapacidad de metabolizar el azúcar de la leche o lactosa y, en el caso que tratamos aquí, las intolerancias se producen por una reacción defensiva a ciertos alimentos, lo que genera los síntomas antes detallados.

El organismo reacciona como si un virus o una bacteria lo estuviera atacando. Sin embargo, eso no te lleva a la cama, porque el malestar es leve. Entonces, lo que te sucede es que te mantienes como si estuvieras enfermo: un poco más cansado, con dolor de cabeza y suaves síntomas que por ti mismo nunca vas a relacionar.

Pero esta relación sí se hizo hace mucho tiempo atrás, específicamente, en los años 50, en Estados Unidos. Fue ahí donde el médico psiquiatra y alergólogo estadounidense, Theron Randolph, hizo este enlace entre lo que se ingiere y los trastornos conductuales, especialmente con las adicciones (alcohol y comida) y con la depresión. Él investigó las reacciones que producen los alimentos o sustancias del ambiente en el organismo particular de cada persona, obteniendo resultados sorprendentes. Y es que la gente acudía a él por problemas de salud y cuando eliminaban ciertos alimentos de la dieta, además de sentirse mejor, evidenciaban una baja de peso, porque podían controlar la conducta adictiva.

"Lo que se sabe hoy es que la obesidad es producto de un proceso de inflamación", señala la Bioquímica de Nutrición Inteligente. Por ende, al quitar el alimento que está atacando al cuerpo, el organismo ya no se siente amenazado, no tiene que guardar grasa y no se inflama.

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