Verónica Lobos, la chilena que correrá 332K: "Las mujeres deportistas demostramos que se puede"

Pionera en el Trail Running, una disciplina que desafía al cuerpo con enormes distancias en cerros, detalla su próximo desafío y las dificultades que ha vivido por el machismo en el deporte. “Aunque el personaje principal del diario siempre sea un hombre, las mujeres deportistas demostramos que se puede”, afirma.

31 Minutos, Supernova y Cecilia, la incomparable, son parte de la estrategia musical que está armando Verónica Lobos (36), diseñadora gráfica y parte del equipo de marketing de Mapcity, para enfrentar la Big Foot en Washington, una carrera de Trail Run de alta resistencia en la que los participantes deben correr en distintas superficies al aire libre, más de 332 kilómetros totales. Entre el botiquín, varios pares de zapatillas y cientos de detalles que tiene que preparar, se dio el tiempo para armar una lista de música colaborativa con sus amigas para cuando le toque correr los últimos 132 kilómetros. “Después de los 200k, no voy a saber mucho de mí, necesito algo que me ponga feliz”. Es que, en ese larguísimo tramo, los músculos se empiezan a consumir y, según cuenta, se corre más con la mente que con el cuerpo.

Llega a la entrevista cargada con una mochila y un bolso, llenos de la ropa que necesita durante la jornada, donde le faltan horas para compatibilizar su vida, trabajo y el entrenamiento para la hazaña que, a partir del 10 de agosto, la tendrá corriendo por más de 80 horas. Verónica hace una pausa para conversar con Nueva Mujer y, mientras la maquillan, comienza a contar la historia de cómo se convirtió en trailera, un deporte que siempre suena a hazaña y que la mantiene preparándose para la aventura.

Cuando niña le encantaba correr, moverse, jugar a la pelota. Todo bien hasta que se dio cuenta de que sus piernas y glúteos no se movían; eran musculosos, no como los del resto de sus compañeras. Tanto, que sus pares comenzaron a molestarla por sus piernas “de hombre”, con pantorrillas y cuádriceps marcados. Acomplejada, prometió no moverse más. Y por muchos años, mantuvo su palabra.

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La primera distancia que recorrió fue desde Colón con Vespucio hasta Escuela Militar. Un amigo le pidió que lo acompañara y ella accedió asustada. Sorprendida, logró llegar y no paró más. El 2013 preparó su primera maratón y, un año después, descubrió los cerros. “Me salió natural, me encantó bajar. Llegaba arriba sufriendo y me tiraba como loca, así partí en las carreras”.

Entre la nieve, el barro, los empinados senderos y la tierra, la “trailera” corre con una falda deportiva. Mientras muestra sus propuestas de vestuario, nos cuenta que, aunque hoy es uno de sus sellos, la escogió para protegerse de las miradas y comentarios no solicitados que recibía de desconocidos y de sus propios compañeros al ver como el short deportivo le marcaba el trasero. “No sé si creen que después les voy a pedir el teléfono…, yo nunca me vestí para ellos”, reflexiona.

Al igual que el 85% de las mujeres consultadas en la última encuesta del Observatorio del Acoso Callejero (2015), se ha sentido acosada en la calle, lo que ha tenido repercusiones en su carrera. Ser mujer y salir a correr sola es complicado, en especial si se trata de internarse en un cerro por varias horas. Eso la llevó a preparar sus primeras cien millas (160 kilómetros), subiendo y bajando durante horas las escaleras de su edificio.

Cuando descubrió el Trail Running, quedó fascinada con la posibilidad de conocer paisajes increíbles corriendo, pero también se enamoró del trabajo físico y mental necesario para superar los obstáculos. Amante de los desafíos, pero siempre midiendo los riesgos, se juntó con un grupo de amigas para formar las “Ultra O”, con quienes anotó un récord en el circuito “O” de las Torres del Paine, levantándose como las primeras mujeres en realizarlo en un fin de semana (usualmente se realiza entre 7 y 8 días).

“En las travesías que hacemos juntas vamos con cuchillos. En el cerro no nos vamos a encontrar a nadie, excepto a grupos de arrieros que toman en la noche. Hemos visto a grupos dormidos, apagamos las linternas y corremos, corremos”, cuenta.

Con ese mismo afán de protegerse, ha ayudado a otras mujeres compartiendo las rutas seguras para entrenar y, a su vez, visibiliza las formas en que siguen siendo subestimadas. “Aunque el personaje principal del diario siempre sea un hombre,  las mujeres deportistas demostramos que se puede”, revela.

Se levanta a las 5:30, entrena en el gimnasio y luego inicia su jornada laboral. Si es que le da el cuerpo, vuelve a entrenar al gimnasio. Cada vez que participa en una carrera, se enfrenta a las ganas de renunciar y las vence. Cruza la meta flaca, con los músculos consumidos por los últimos impulsos de energía de un cuerpo sobreexigido, pero feliz de estar ahí.

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