Body positive: tres mujeres que se rebelan contra los estereotipos de belleza

Conversamos con tres mujeres que habitan cuerpos fuera del imposible mandato 90-60-90. Se definen a sí mismas desde distintas trincheras de la autoaceptación, de la lucha contra el ideal de belleza actual. ¡Gustarte es un acto de rebeldía!

Desde tiempos inmemorables el fantasma del “cuerpo ideal” persigue incansablemente a la humanidad, especialmente a las mujeres. Entendidas como musas del arte y de la moda, nuestra historia muchas veces se ha regido por cuánto somos capaces de obedecer y adaptarnos a un estándar de belleza, valorándonos sólo por nuestra apariencia.

Según una encuesta realizada por La Rebelión del Cuerpo , movimiento social que apunta a educar sobre los efectos negativos de los estereotipos de género en las niñas y adolescentes, un 58% de las mujeres menores de 25 años afirma que la apariencia física es su principal preocupación, mientras que un 48% del total de encuestadas señala que dedica tres horas al día a pensar en sus cuerpos y lo que les incomoda de él.

Para la diseñadora Lupe Gajardo, quien llevó a la pasarela modelos de todas las tallas para su última colección, entender la moda como una talla única va más allá de lo incorrecto: “Sin duda los estereotipos de belleza establecidos influyen en la industria, en lo que es o no es comercial, en lo que está o no está correcto. Todos los estereotipos rígidos sin duda limitan, hacen que la industria sea menos creativa, monótona, incluso más aburrida”.

Conversamos con tres chicas que habitan cuerpos fuera del imposible mandato 90-60-90. Se definen a sí mismas desde distintas trincheras de lucha contra el ideal de ser talla 38.

Brenda Mato

Brenda Mato

Desde Argentina, la modelo plus size de la agencia Plus Model Argentina, y referente latinoamericano del movimiento, nos comparte cómo ha vivido el activismo a través de sí misma. “Durante mi adolescencia y niñez fue muy conflictiva la relación con mi cuerpo. Lo odiaba mucho, era mi peor enemigo”, cuenta. Sus dimensiones, diametralmente distintas a las que veía en las revistas y televisión, la llevaban a pensar que lo único que importaba de ella era la gordura. “Se me instaló la idea de que nunca iba a poder lograr nada, que no importaba cuánto me esforzara en hacer lo que me gustaba”.

Brenda adapta el término body positive y se define a sí misma como militante de la autoaceptación, algo más adecuado al español respecto al anglicismo, con lo que busca trabajar en “aprender y aceptar quienes somos y construir con base en eso”.

Para la activista esta batalla por el autoestima es política y está estrechamente vinculada al movimiento feminista. Lo grafica parafraseando “El mito de la belleza”, de la escritora estadounidense Naomi Wolf, quien se refiere a las dietas como el mayor sedante de las mujeres y a la industria de la belleza como un negocio millonario que lucra con la inseguridad, creando la necesidad de una infinidad de productos para “ser bella”.

“Es muy importante hablar, poner la cara y decirlo: no es una banalidad que te sientas mal con tu cuerpo, que te preocupe no conseguir ropa, no son menores un montón de cosas que te pasan. Para mí, surge desde eso, desde decir ‘lo pude superar y lo sigo superando’ ”, finaliza.

Andrea Ocampo

Andrea Ocampo

“Soy gorda desde que tengo memoria de tener cuerpo y conozco el cuerpo gordo como conozco al mundo”, comienza declarando la escritora y comunicadora feminista.

Andrea viene de una familia que ha lidiado con la gordura por generaciones, y con ello, con toda la violencia, los prejuicios y comentarios sobre su cuerpo durante toda su vida: “Ese odio que la sociedad te aplica a ti, y además, te enseña a aplicarlo sobre tu cuerpo”.

Pero su mirada al movimiento body positive es más bien crítica: “Es una palabra de importación, un movimiento que le pone un positivo a un cuerpo, inmediatamente lo dota de valores morales. Yo más bien creo que estoy más cercana al feminismo gordo, que trata de rescatar del feminismo su rebeldía, disidencia, desobediencia”.

Sobrevivir a las agresiones que ha vivido para ella es un factor fundamental en cómo lleva su cuerpo y su vida. “Yo cuido mi cuerpo, me alimento súper bien y, a pesar de ser gorda, mantengo mis chequeos al día, hago todo el ejercicio que puedo, me gusta bailar”, agregando que no se relaciona con personas “nocivas y crueles” y que, gracias a su aceptación y desobediencia (como ella lo llama), es más feliz.

“Considero que el cuerpo gordo tiene derecho a moverse y no sentir vergüenza por ello, como tampoco debiera sentir vergüenza al comer, ponerse un peto, mostrar la guata. Me niego a ocultarlo, me niego a sentir vergüenza por ser quien soy. Estoy demasiado segura de que eso que soy, hasta el momento, es lo mejor que puedo ser conmigo misma”,  finaliza.

Carla Escobedo

Carla Escobedo

Monrix es el alias de esta fashion blogger que comulga con el body positive, movimiento al que llegó por internet y que, más allá del nombre, la ha ayudado a englobar varias ideas que le parecen importantes.

La relación compleja con su cuerpo se inició cuando iba en primero medio, antes de eso no era un tema. “Fueron factores externos, bullying en el colegio o cosas que ahora de adulta puedo identificar, como la falta de representación de tu cuerpo en publicidad, ir a comprar y que no haya tallas para ti”, reflexiona.

Siguiendo a blogueras de EE.UU, que quedaban fuera de lo que llama “commercial plus” (talla 22 o 28 norteamericana), se dio cuenta de otro punto que le resultaba conflictivo: la gordura se asocia al fracaso. A través de esas experiencias, notó como uno de los prejuicios más arraigados al enfrentarse a un cuerpo fuera de la norma era que pertenecía a una persona sin voluntad, interpretandolo así en espacios como entrevistas laborales.

Recién hace dos o tres años, y tras un largo proceso de aceptación, Carla se atrevió a mostrarse en traje de baño. “Antes era más flaca, pero nunca pude distrutar de ir la piscina. Ahora disfruto, lo que opine el resto, la verdad, no me importa mucho”, indica.

También le resulta complejo el tema de las marcas y la forma en que la publicidad trabaja la representación e inclusión de diversos cuerpos.  “La guata no está permitida en el estándar de belleza plus size dentro de lo publicitario”, reflexiona, señalando que si bien se está fabricando ropa plus size en un espectro amplio, también existen otras que se suman a esto como si fuera una moda, publicitando a las tallas grandes con modelos de talla 40, violentando nuevamente con la exclusión a todas aquellas que no calzan con las normas estandarizadas.