La tendencia de no generar basura: Una chilena nos cuenta su testimonio

Autogestionar los desperdicios o llevar una vida sustentable es una elección que puede sonar lejana, rara o compleja. Sin embargo, esta forma de vida que nació en los 90 en Australia, se está volviendo cada vez más popular y nos invita a replantearnos el sistema de consumo que acostumbramos tener.

Según una encuesta del Ministerio del Medio Ambiente de 2017, en Chile una persona produce en promedio 1,1 kilos de basura al día, mientras que el país alcanza unos siete millones y medio de toneladas de desperdicios al año. Pese a que ha habido avances con respecto a este tema, como la prohibición del uso de bolsas plásticas y la incorporación de más puntos limpios de reciclaje en algunas municipalidades, esta situación es la punta del iceberg de un problema mayor.

Desde unos años, han surgido iniciativas para adoptar un estilo de vida más sostenible, como la filosofía del zero waste (cero desperdicios), que ya tiene varios adeptos en el mundo. Basta googlear este concepto, para encontrar consejos e ideas para implementarlo en casa.

Si tuviéramos que explicarlo en fácil, podríamos decir que se basa en reducir el consumo de lo que se necesita, responsabilizarse por los desechos, compostar lo orgánico y reciclar lo demás. Pero va más allá de esto, pues lo que se busca es redefinir el sistema económico en el que vivimos.

Hace dos años, Camila Silva (29), diseñadora industrial, creó @nomedalomismo, una cuenta en Instagram con unos 10 mil seguidores, para mostrar su proceso de transición a un sistema de vida más consciente del impacto y la huella de su paso por el planeta.

Hoy, Lunes 2 de Abril, #Nomedalomismo cumple 2 años de vida 💛 y es tiempo de dar gracias 🙏🏼🌱✨ Este proyecto partió como una idea loca y revolucionaria ⚡️ y en dos años siento que ha sido eso y mucho mas 💪🏼🌎 Agradezco por tanto que he aprendido y por las increíbles personas que he conocido gracias a esta aventura 💛 Agradezco la oportunidad de desarrollarme personal y profesionalmente desde una perspectiva que nunca imaginé ⭐️ Agradezco poder ser voz 🔥 Agradezco tantas puertas y ventanas que se han abierto en el camino ✨ Agradezco a quienes me apoyan y a quienes me cuestionan 🌱 Agradezco los triunfos y los fracasos 🌪 Agradezco poder crecer cada día con propósito y haber entendido que lo que siempre se vio como una cualidad negativa en mi hoy es mi arma de batalla ⚒ • • • Han sido dos años de arduo trabajo, muchas veces cuestionado y que hasta yo misma a ratos no llegué a entender… Y la razón no va en la cantidad de seguidores, ni en la estadísticas de mis rrss…la razón es el sentimiento de triunfo cuando pequeños sucesos se van sumando a cambiar los paradigmas de una sociedad dormida, que de a poco empieza a despertar 🍃 Infinitas gracias por estar y por permitirme ser parte de la transición 🙏🏼

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Camila trabaja y vive en Ñuñoa, en una casa de un piso, con su esposo y su hija de siete años. Cada uno tiene su propia bicicleta, conviven con dos gatos, una compostera, y a simple vista, es un hogar común y corriente. “Nunca nos planteamos querer ser zero waste, con mi marido dijimos: ¿qué pasaría si dejamos de comprar cosas envasadas y nos hacemos cargo de nuestros desechos?”, cuenta.

Partieron en 2016 y, cuando llevaban dos meses, comenzaron a ver que habían reducido bastante la cantidad de residuos que generaban como familia. “De sacar dos sacos de basura a la semana, metimos todo en una bolsa muy chica y entendimos que era posible”, dice.

Camila asegura organizar todos sus desechos, situación que sorprende a sus vecinos. “A veces me preguntan ‘¿y usted no tiene basura?’ y les digo que no tengo, que composto lo orgánico o reciclo, deben creer que mi patio es un basural”, se ríe.

Camila es vegana y, si bien había comenzado a llevar una dieta basada en vegetales, cuando  su familia eliminó los productos de origen animal, su basura disminuyó considerablemente.

“Antes teníamos un estilo de vida estándar, gastábamos unos cien mil pesos en supermercado mensual, más todo lo que uno va comprando de a poco, y ahora gastamos alrededor de ochenta mil pesos en alimentación”, comenta.

En su cocina no existe el típico basurero con bolsa que casi todas las casas instalan bajo el lavaplatos, en su lugar hay dos contenedores: uno para los residuos orgánicos y otro para lo que pueda reciclar. En el baño sólo hay un depósito para pañuelos, pues eso lo lleva a la compostera, mientras que los desechos de papel higiénico van al WC. Además, prepara su propia pasta de dientes, desodorante y limpiador multiuso.

He tenido semanas muy locas, entre accidentes, sobrecarga de trabajo, enfermedades de temporada y compromisos irrenunciables…uuufff 😑 Y esa falta de tiempo disponible tenia mi refrigerador con eco 💀 Hoy había un corte de luz programado en mi casa, que irónicamente resulto ser "mi luz" para tomarme un "descanso" ✨ Así que agarre mi carro, un par de bolsas y me fui a la feria…con un presupuesto ajustado, el plan era traer lo que alcanzara…y SORPRESA, esto es todo lo que conseguí por 10mils 😎 Si arrastran con su dedito verán que habían tremendas ofertas!! Y todo por productos machucados, sueltos, deformes o mas maduros…a mi me parecía todo perfecto! Así que las aproveche todas y harto bien que me vinieron 💛 ~ Muy deliciosos serán los berries y la sandía, pero yo me quedo con la comida de otoño 🍁🍂💛

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En su casa se organizan para hacer las compras de harinas, legumbres y granos a granel a un proveedor que ella contactó directamente o acuden a tiendas especializadas.  “Me gusta saber de dónde vienen los productos, me tranquiliza”, confiesa.

Normalmente va dos veces al mes a la feria para comprar frutas y verduras porque “a medida que se acaban las cosas, vamos viendo. Jamás voy a ir a un supermercado, en una emergencia, prefiero una verdulería cercana”, explica.

Para este grupo familiar en Ñuñoa, el interés por evitar generar desperdicios nació asociado a la basura domiciliaria, pero finalmente los llevó a hacer varios cambios en su vida cotidiana y a tomar decisiones sobre diferentes temáticas.

“Empiezas a cuestionarte cómo te vistes, de qué forma consumes, más allá de la comida, cómo se fabrican los productos de higiene personal, el transporte, la ropa que usas, quién la hizo, la huella que tiene antes de llegar a mí, qué voy a hacer con lo que sea que tenga cuando deje de servir, cuánto va a durar”, detalla entusiasmada.

Para ella, una parte difícil de asumir estos cambios ha sido lograr que su familia extendida entienda cómo quieren criar a su hija. “Me cuesta que comprendan que no es un regalo bonito darle comida chatarra, o una caja de leche”.

Ella misma prepara las colaciones del colegio de su hija y reconoce que gasta poco tiempo. “A veces me dicen ‘¿no te complica mandarle eso?’, pero para mí es más difícil conseguir algo que no tengo, porque en hacer bolitas de cereal me demoro media hora”.

Zero-waste

En general, para su hija, que ya cursa segundo básico, las decisiones de sus padres son parte de su día a día e, incluso, ella misma también ha originado pequeños cambios en su colegio.

“Desde que estaba en kínder, yo le pedía que me trajera los envases de yogur lavados para llevarlos a la compostera, pero la profesora no la dejaba hacerlo y me mandaron a llamar porque la niña estaba ensuciando su mochila con yogur y no hacía caso”, relata.

Sin embargo, luego de que Camila le explicó a la profesora, ésta instó a otros alumnos a hacer lo mismo, e instalaron un punto limpio dentro de la sala para reciclar. “Todo lo que hacemos en la casa es lo que mi hija va a replicar a futuro, y eso es lo que me queda a mí”, sentencia.

En Colombia, Mariana Álvarez (35) a través de su cuenta @marianamatija en Instagram, con más de 15 mil seguidores, y creadora del blog Cualquier cosita es con cariño, comparte información y reflexiones acerca de este estilo de vida.

Si bien cuando era pequeña participaba de un club ecológico con otros niños, de grande sabía que tenía que hacer algo, pero no se considera del todo zero waste.  “Me propuse vivir con tan poca basura como sea posible”, explica en su charla TED disponible en Youtube.

Junto a su pareja, genera alrededor de dos kilos de basura al año, mientras que en ese país el promedio anual es de 240 kilos por persona. “Compartimos la misma búsqueda de reducir nuestra huella ambiental, y dejar de producir basura es una herramienta para lograrlo”, comenta a Nueva Mujer.

“Es absolutamente compatible con la vida moderna, a mí me encanta la ciudad e Internet y creo que esto no va en contravía con eso, sino que la tecnología nos permite encontrar la manera de disfrutar la vida sin acabar con nuestro entorno”, agrega.

En su experiencia, al principio fue complicado adaptarse, pero luego, a través de la práctica, el proceso se volvió un hábito. “La gente se quiere convencer de lo contrario para no tener que replantearse una vida diferente”.

“No es como que haya dicho ‘ay, qué genial, voy a vivir con menos basura’. Ya hay suficiente evidencia de que el mundo, como está ahora, no es sostenible y empiezas a reflexionar”, dice.

Hace más o menos tres años empecé a cambiar radicalmente mi relación con la basura que genero. En algún momento de ese proceso decidí que iba a empezar a almacenar mi basura en un frasco de vidrio para enfrentarme a ella con otra mirada, y para entender mejor qué es lo que estaba poniendo ahí. Ahora, cuando el frasco de vidrio ha cumplido su objetivo de permitirme entender la basura de otra manera, me pregunto si tiene sentido seguir usándolo.⠀ ⠀ Hace un tiempo leí un texto de @mindandseed en el que cuestionaba el uso de frascos para guardar la basura. Me pareció un punto de vista muy interesante y me dejó varias preguntas rondando en la cabeza. Después, conversando con @holaairam, estuvimos hablando de lo útil que es a veces llevar algunas cosas a puntos más bien extremos para entenderlas mejor, y después poderlas deconstruir con mayor claridad. Y ayer @going.zero.waste publicó una imagen en la que nos cuenta que se despide de su frasco de vidrio y nos explica por qué. ⠀ ⠀ Ahora, mirando para adelante, no sé si voy a seguir usando este frasco como contenedor. Funciona muy bien como invitación a la conversación y para darle visibilidad a un problema que normalmente escondemos, pero como objeto funcional no es del todo práctico, y posiblemente otro tipo de recipiente funcionaría mucho mejor para mí. No sé. ⠀ ⠀ Lo que sí sé es que me parece genial que estas conversaciones existan. Que @mindandseed se haya animado a compartir su punto de vista, que @holaairam haya compartido conmigo su visión del activismo y que @going.zero.waste haya decidido permitirse ser más flexible en su búsqueda. ⠀ ⠀ Parte esencial del cambio que nuestra sociedad necesita consiste en dejarnos nutrir con las experiencias y puntos de vista de los demás. Es importante que aprendamos a reconocer que lo de antes funcionó para antes, y que lo que funciona más adelante puede ser otra cosa diferente, y que estemos dispuestas/os a probar, en lugar de quedarnos inmóviles, encerrados en nuestro propio punto de vista sin cuestionarlo jamás. Eso era todo lo que quería compartir hoy. ⠀ ⠀ (Y escribí un texto sobre esto y otras cosas en el blog. El enlace está en las historias de mi perfil).

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Además de la basura, para Mariana esta problemática involucra repensar el sistema como ya lo conocemos. “Este asunto es un problema sistémico, no es sólo la basura, no es sólo la carne, no es sólo andar en auto; esto es un tema más grande que tiene que ver con reflexionar en torno al consumo”.

Desde hace un tiempo Mariana publicó en su blog que comenzaría a usar un frasco de vidrio de unos 750 ml para guardar allí los desechos que no puede reciclar, ni compostar, y se estaba demorando entre seis y siete meses en llenar el basurero de la cocina.

“Fue un experimento para dar cuenta de que normalmente la basura la guardamos en una bolsa negra, en un recipiente opaco, porque no la queremos ver. En cambio ahora estoy obligada, cada vez que voy a guardar algo, a recordar todo lo que he metido ahí y eso no pasa con un basurero convencional”, asegura.

El ejercicio del envase transparente le permitió ver todo lo que iba botando y afinar su percepción, al mismo tiempo que iba publicando el proceso en sus plataformas. “El frasco me llevó a pensar  cuando compraba algo: prefería lo que tenía un empaque de menos volumen”.

Además de sus prácticas diarias y la tarea de difusión por medio de su blog, Mariana decidió no tener hijos, a diferencia de Camila. “Hay evidencia de que la biomasa de humanos ha superado la de otras especies y para ser coherente con lo que pienso, tomé la decisión de no reproducirme”, finaliza.

☝🏼Este es un puñado de humus. Es el resultado de la magia que hice en mi casa gracias a una compostera. ⠀ ⠀ —⠀ ⠀ Uno de los grandes problemas de la basura es que no es una cosa concreta y universal, sino un valor que le asignamos de manera arbitraria a las cosas que nos estorban. Lo dice Paul Palmer —el "papá" del #zerowaste— en su libro "Getting to complete zero waste": basura es todo objeto por el cual no queremos asumir ninguna responsabilidad. ⠀ ⠀ Tenemos la maña de asignarle el estatus de "basura" a cosas muy valiosas, sin siquiera pensarlo. Un ejemplo puntual se ve claramente en los residuos orgánicos: corresponden aproximadamente al 60% de la "basura" que llega a los rellenos sanitarios… pero están lejísimos de ser basura. Son RECURSOS que no hemos sabido aprovechar. ⠀ ⠀ Los residuos orgánicos son puros nutrientes que, si les ponemos un poquito de cariño y de cabeza, podemos convertir en alimento súper poderoso para la tierra. Es magia, solo que no se hace con una varita mágica sino con aire, agua y paciencia… y trabajo en equipo con millones de bichos y microorganismos #MenosCompetirMásColaborar⠀ ⠀ Si nos hiciéramos cargo de nuestros residuos orgánicos reduciríamos hasta en un 60% la cantidad de "basura" que llega a los rellenos. Eso SÍ que sería mágico ♥️. Y lo único que necesitamos es tener un poco de espacio verde para una paca digestora, o una esquina disponible en casa para una compostera. (Y bueno, también necesitamos hacer presión política para que haya una gestión más responsable de los residuos en nuestros pueblos y ciudades). ⠀ ⠀ Si quieres más información sobre cómo hacer magia con tus residuos orgánicos, te recomiendo las composteras de @vivaracha.compost (no es una publicación patrocinada. Recomiendo ese proyecto porque lo amo), las instrucciones que publicó Marta en @planteaenverde y el paso a paso de la paca digestora que publicaron las chicas de @esferaviva. Si estás en Medellín, también puedes participar en el taller de compostaje casero que hará Camila (de Vivaracha) en equipo con @sativacultivaencasa (de nuevo, #recomendacióndesinteresada). Toda la info está en sus perfiles 🍌〰️🌱 #compost #basuracero #tierrasana #healthysoil

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En torno a vivir de manera sostenible suele haber varios mitos, algunos creen que es caro, complicado y que quita tiempo.

Marcela Godoy, presidenta de la Asociación de Consumidores Sustentables AdC Circular, comenzó con un programa en el que ya han participado 46 personas para transformar sus hábitos de consumo. Para ella, la clave está en responsabilizarnos de nuestras acciones.

Si bien implica asumir ciertas responsabilidades como compradores, los beneficios son mayores. “Es un mito que es más caro. Vivir de manera consciente y cero residuos ayuda al bolsillo, comemos más saludable y colaboramos menos al calentamiento global”.

Según la experta, el proceso de consumo compromete una mirada sistémica, o global, pues involucra a todos los actores de la sociedad. “Las personas tendemos culpar a las empresas de que contaminan, o al Estado de que no hace leyes para protegernos,   pero no es sólo tarea de la mamá o el papá, es un trabajo en conjunto, multisectorial”, dice.

Crea tu propio desodorante en casa

Para comenzar a vivir sin desperdicios, puedes partir por preparar tu propio desodorante casero con ingredientes muy fáciles de obtener. Receta de @nomedalomismo.

Ingredientes:

Aceite de coco, bicarbonato y almidón de maíz (se puede reemplazar por maicena o chuño) en partes iguales.

Instrucciones:

  1. Disponer el aceite de coco en un pocillo.
  1. Agregar el bicarbonato y el almidón de maíz.
  1. Revolver hasta lograr una textura cremosa.
  1. Guardar en un frasco.

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