Ignacia Allamand en Crónicas de una Güera: "Necesitamos más amor y empatía por favor"

Me entristece ver como personas escondidas tras avatares y nombres de ficción se toman el tiempo de insultar a otras con tanta rabia. También el oportunismo de quienes utilizan el #yonotecreo ¿Cuál es su aporte?

Cuando partí escribiendo esta columna mi idea era hablar de de libros, viajes y todas las cosas que me hacen feliz. Siempre he creído que el placer de vivir es contagioso. Con el tiempo me di cuenta que tengo en mis manos un espacio valioso para profundizar en otros temas, e intentar contribuir con mi granito de arena. Nunca he pretendido cambiar el mundo, pero si algo que escribo le hace sentido a una sola persona, me siento agradecida. Hoy elijo los temas según siento que puedo aportar, siempre desde el amor y la honestidad.

Las últimas semanas han sido especialmente duras. La sentencia, en España, por abuso a los delincuentes que llamamos “La manada” me dolió en la guata y en el alma. Poco importan los argumentos de ese grupo de jueces que se amparan en una ley que protege a los criminales. Desprecio profundamente la forma en que se atreven a interpretar los gestos de una mujer que está siendo sometida por cinco bestias por diversión, como si existiera un parámetro para determinar la forma en que se comporta un ser humano en estado de shock. ¿Acaso no están al tanto de la cantidad de muertes que resultan de una violación cuando la víctima se resiste? No puedo evitar pensar que tras la benevolencia con que se trató a esos criminales, está la intención de proteger la tradición taurina, otra forma de violencia salvaje donde también entre varios se tortura a un ser indefenso para la entretención de unos cuantos. Me es imposible no asociar su impunidad con la violación, nuevamente en grupo, de una mujer en las cercanías del Estadio Nacional de Santiago, después de un partido de fútbol. El mensaje de la justicia española fue claro: se puede cometer un acto brutal, grabarlo en video, y pagar la pena mínima. Aún así, creo que el lugar de denuncia debe ser precisamente este, y no otro. Porque es en las altas esferas donde debe ocurrir el cambio verdadero, y esa es la pelea que estamos dando.

Por otra parte, el mediático caso del director Herval Abreu ha sido un remezón y el inicio de un proceso urgente. Los testimonios de quienes lo acusan son razón suficiente para llegar al fondo del asunto, y espero de corazón que así sea y que signifique el principio del fin de esta práctica despreciable. Pero me duele la ira con la que algunas mujeres se apuran en juzgar a otras, sin tener más información que un reportaje, que muchas veces ni leen. Se agrede con una violencia desmedida tanto a las víctimas (“¿y por que no denunciaron antes? Esa galla sólo quiere ser famosa”) como también a quienes no son las afectadas directas de los abusadores, pero tienen vínculos familiares o afectivos con ellos. Si mi hermano o mi padre fuese un agresor, sin duda no tengo derecho a increpar a las víctimas ni a esconder los hechos, y como mujer demando que se haga justicia. Pero también exijo que se me permita intentar recabar toda la información y dudar, en un principio, de un testimonio que contradice mi experiencia. Incluso, si esta persona fuese encontrada culpable, tengo derecho a acompañarla sin que se me agreda por no abandonarla. Es lo que yo haría con las personas que quiero, sean hombres o mujeres: estar presente, tomarles la mano. Así entiendo el amor.

Un depredador sexual se caracteriza por ser hábil al engañar a quienes lo rodean. Antes de asumir que quienes se encuentran cerca lo encubrieron y son cómplices pasivas, o correr a teclear todos los insultos creativos que me sé a cambio de unos likes, pensemos por un minuto que probablemente ellas también están viviendo un duelo. Me entristece ver cómo personas escondidas tras avatares y nombres de ficción se toman el tiempo de insultar a otras con tanta rabia. También el oportunismo de quienes utilizan el #yonotecreo. ¿Cuál es su aporte? Muchas veces las víctimas no denuncian por miedo, vergüenza amenazas. La información existe, sólo hay que buscarla. Mientras nos enfrentamos unas a otras, sólo conseguimos desviar la atención del verdadero problema. Farandulizar y mediatizar nos visibiliza, pero también nos quita peso y seriedad. Si queremos un cambio duradero, es fundamental que partamos por denunciar ante la justicia, y no a la prensa ni en redes sociales. Necesitamos más amor y empatía por favor. Violencia y agresividad, ya tuvimos de sobra.

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