Así puedes lograr que los niños no duerman con sus padres y prefieran su cama

Todo apunta a la sobreprotección y hay que saber ser flexibles para que los niños puedan adaptarse a dormir solos

Los hijos acabarán por elegir de manera espontánea su propio espacio para dormir a partir de los 10 años de edad busquen su propia intimidad nocturna.

Permitir compartir la cama con los más pequeños varía según las culturas. “En algunos países orientales, como Japón, los pequeños comparten espacio por la noche con sus padres hasta los 5 ó 6 años y en España les mandamos a otra habitación cuando son lactantes.

Hay una tendencia innata a dormir en compañía. Si a los adultos nos consuela el abrigo social, con más razón en el caso de un niño que es más vulnerable. Al fin y al cabo, es lógico que ellos nos busquen, sobre todo de noche”, comenta Iván Carabaño, jefe del servicio de Pediatría del Hospital Universitario Rey Juan Carlos-Hospital general de Villalba.

A la hora del lobo y los fantasmas, la cama de los padres es el somnífero preferido por los chicos. Sin embargo, tanto pediatras como psicoanalistas coinciden en que, cuando llega la noche, cada niño debe dormir en el espacio privado e íntimo de su cuna o su cama.

También son frecuentes las pesadillas y el deseo de cercanía respecto de sus progenitores. Por ello, en esta etapa, es más habitual que los niños acudan a la cama de los padres. Ayudar a que afronten esos miedos es tarea de los adultos”, explica Carla Valverde, psicóloga clínica infanto-juvenil del Centro de Salud Mental de Majadahonda (Madrid).

“Los padres pueden abordar esta situación de una manera dialogada, y llegar a un consenso. Si la pareja estima que la migración de su hijo a su cama supone una interferencia importante para su felicidad, pueden intentar no ceder al requerimiento infantil o bien hacerlo de manera moderada. Una buena estrategia con los niños que necesiten más a sus padres por la noche es llegar a un acuerdo de mínimos para dejar que duerman junto a ellos, por ejemplo, un día a la semana”, aconseja el pediatra Iván Carabaño.

No obstante, ciertas pautas, recomendadas por la psicóloga Carla Valverde, pueden ayudar a que el niño duerma en su cama, si es lo que los padres quieren:

1- Predisponerlo para que el niño vaya a dormir. Prevenga interrupciones del sueño con la digestión hecha, se evitan comidas copiosas y actividades físicas estimulantes, se modera la ingesta de líquidos y se crea un entorno agradable (temperatura templada, cama cómoda).

2- Impulsar el hábito de dormir en su habitación desde temprana edad. Esto permitirá una fácil adaptación si el niño/a tiene claro cuál es su lugar para dormir. Cuanta mayor coherencia exista en este sentido, más fácil será crear este hábito.

3- Crear una rutina a la hora de ir a dormir. Ponerse el pijama, lavarse los dientes, contar un cuento, cantar una misma canción, caricias, besos y mimos. De esta manera, se ayuda a que el niño/a aprenda a diferenciar cuando es el momento de estar con los adultos y cuál es la hora de irse a la cama. Esto ayuda a que el niño/a pueda anticipar lo que ocurrirá antes de que se produzca la separación para irse a la cama.

4-Cosas para tranquilizarlos. Un osito muy querido, una foto de papá y mamá, una mantita muy suave, un atrapasueños, o dejar la luz encendida, pueden ayudar a los niños a lidiar con sus miedos cuando se queden a solas en la habitación.

5 –No le cedas tu cama. Si ante temores, pesadillas, despertares por diferentes motivos (malas digestiones, sed, necesidad de ir al baño) el niño/a acude a la cama de los padres y se lo permiten, se transmite el mensaje de que es posible dormir con ellos en determinadas circunstancias. De este modo, existe el riesgo de que el niño/a adopte el hábito de dormir con los padres.

6-Alentar a que hagan sus cosas solos. Resulta positivo ayudar a los niños a hacer actividades propias de su edad por sí mismos (vestirse, comer, ordenar su habitación) para que adquieran autonomía y confianza en sus propias capacidades. Aprender a convivir con momentos de soledad a lo largo del día, sin la supervisión y presencia de adultos, previene el exceso de dependencia en los pequeños, lo que aumenta su tolerancia a la hora de dormir solos.

7-No quedarte en la cama con ellos todo el tiempo. Es recomendable avanzar paso a paso hacia la meta de que los pequeños duerman toda la noche en su habitación. Existen varias opciones en este sentido, como en el caso de la transición de tumbarnos con el niño/a a sentarnos a su lado, acordar un tiempo para despedirnos o quedarnos un rato en la puerta, en lugar de todo el tiempo a su lado.

8-Lidiar con las pesadillas. Inventar un cuento con un final en el que se salga vencedor ante una pesadilla, que el niño corra a la habitación oscura, a pesar del temor que le puede generar, con las consiguientes felicitaciones de los adultos, hacer un dibujo donde el niño/a vence a los monstruos que le atemorizan.

9-Evaluar si hay problemas. si existen en la vida del niño/a factores de estrés de carácter significativo que dificulten su tranquilidad e incidan en que no pueda conciliar el sueño al quedarse solo.

10-Convivir fuera del dormitorio en familia. Si la separación del grupo familiar es la dificultad para renunciar a ese momento para irse a la cama, puede resultar útil para superarlo crear estos ratos en otro lugar de la casa antes de ir a dormir, como en el sofá. De ese modo, el hecho de dormir separados no supone una renuncia a los momentos de unión y afecto familiares.

11-Creer en que logrará dormir solo. La actitud de confianza de los padres con sus hijos es clave para transmitirles que son capaces de dormir solos.

12-Establecer el optimismo. El exceso de inseguridad y temores puede deberse a que la relación de apego con los progenitores esté establecida de forma inadecuada. Por ello, los padres pueden plantear formas de favorecer una vinculación sólida y segura con sus hijos, que les permita explorar el mundo y estar tranquilos en su cama para abandonarse al plácido sueño.