Los tres tipos de amor que una persona conocerá en la vida

En cada etapa encuentras una gran lección

“Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer; no has amado”

-William Shakespeare

Varios escritores, cineastas, artistas han intentado explicar qué es el amor — no obstante — no podrás encontrar su significado entre los renglones de un libro o en las escenas de una película.

Es una experiencia que debes vivir por ti mismo, un camino que nadie puede recorrer por ti, ni te puede contar. Y te darás cuenta cuando este sentimiento se apodere de tu cuerpo, porque es una venda que el amor pone en tus ojos y te deja ciego a la realidad.

Estar enamorado hace que el corazón se te hinche tanto que crees que vas a explotar, que contengas la respiración sin darte cuenta de que lo estás haciendo, que tus ojos tengan imanes al no poder dejar de ver a la persona que se robó tu corazón.

Se te despoja de tu voluntad, te conviertes en lo que alguna vez criticaste, te hacen atravesar el tránsito para ver a esa persona, que tu mente se quede en una nube y la sonrisa no deje de aflorar en tu rostro. Pero se dice que son tres tipos de amores los que pasamos.

Primera etapa: amor idealista o ingenuo

tres tipos de amor

Es nuestro primer amor, ese sentimiento idealista que se pega más a la edad caballeresca en la Edad Media, que a una realidad.

Se da porque aún creemos que las relaciones perfectas existen; que los actos heroicos son parte de la cotidianidad, es el querer que los cuentos de hadas se conviertan en nuestra realidad.

No sabemos siquiera que va más allá de un beso, de tomar una mano, de sentir mariposas en el estómago.

En realidad, los psicólogos señalan esta etapa como aquella que construye la sociedad, y nace en el seno de nuestras familias. Es la creencia de la eternidad y la ausencia de problemas, algo que nos venden las historias que consumimos desde pequeños.

Es normal comenzar en esta etapa, lo peligroso es quedarnos estancados en ella, porque sufriremos grandes decepciones si es así.

Segunda etapa: amor por necesidad

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La segunda etapa es la más intensa, es el amor pasional, el desgarrador, aquel que lleva todas las emociones a flor de piel.

No se destaca por ser la "relación tranquila" de la primer etapa, es aquella en la cual el idealismo se rompe. La pareja se siente en arenas movedizas y estar bajo una tormenta. Hay mentiras, engaños, peleas, odio, perdón, todas las emociones surgen en cuestión de segundos, y dejan exhausto a aquel que está viviendo dicha relación.

Muchos creen, dado la intensidad de estas relaciones, es el amor verdadero, aquel que no está destinado a concretarse. También es peligroso quedarse en esta premisa, puesto que se corre el riesgo de no permitir evolucionar y avanzar a una relación madura.

Sin embargo, es la etapa en la que más aprendemos y en la cual nos cuesta más trabajo recuperarnos. Después de esto, el amor se vuelve un sentimiento peligroso y de cuidado.

Este "amor" se da a finales de la adolescencia, y buena parte de los 20. Nos pasamos amando por necesidad, por cubrir una herida, por experimentar la sensación que está en la boca de todos. Puede ser una etapa muy destructiva si no se lleva con cuidado, en donde se procuran abusos emocionales y codependencia.

Tercera etapa: amor inesperado

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El amor nos tiene agotados. Estamos en una etapa en la que creemos que jamás conseguiremos amar ni ser amados nuevamente. Le decimos al mundo que ya no creemos en el amor, que preferimos estar solos, pero en realidad el anhelo no se ha adormecido, solamente está aterrado.

Es la etapa en la que nos escondemos detrás de un enorme caparazón, pero no todo está mal. Comenzamos a distraernos menos, y concentrarnos en nosotros mismos. Nos ponemos metas personales, intelectuales y laborales, y nos esforzamos por cumplirlas.

Y cuando menos lo estamos esperando, conocemos a una persona que nos vuelve a mover todo por dentro. Pero en esta ocasión dejamos el idealismo atrás, y sabemos que intensidad no es igual a mayor amor.

Asimismo, como somos un poco más negativos, no esperamos nada ni no sentimos en la posición de exigir, porque el volver a sentir algo se vuelve nuestro mayor regalo.

Este es el amor al que te debes aferrar, aquel que te cuide y te enamore día a día. Que se sienta natural, y no por necesidad o miedo a la soledad.

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