¿Cómo se pueden construir mejores ciclovías para Santiago?

Un experto analiza el estado de estas vías y explica de qué manera se puede mejorar su uso. Considerar a los distintos tipos de usuario resultaría clave para conseguirlo.

Cada día son más las personas que prefieren utilizar la bicicleta para movilizarse dentro de la capital. Según un estudio de Bike Santiago, un 40 por ciento de los usuarios dejó de usar el trasporte público para moverse en bicicleta, y un 15% dejó el auto para utilizar el sistema de arriendo de este vehículo.

Sin embargo, los ciclistas se topan con que hay muy poca insfraestructura en esta ciudad que promueva el tránsito en este medio de transporte.

En la ciudad hay más de 200 kilómetros de ciclovías, no obstante, expertos y usuarios coinciden en que éstas aún no cumplen con todos los estándares de calidad.

Un estudio efectuado por Ricardo Hurtubia, profesor de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, y del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la Universidad Católica, evidenció cuáles son las preferencias de los ciclistas a la hora de utilizar una ciclovía.

La investigación considera el testimonio de más de dos mil ciclistas urbanos de Santiago e identifica a dos tipos principales de usuarios: los experimentados y los esporádicos.

“Los experimentados prefieren andar por la calle, idealmente en una ciclopista. Los esporádicos quieren infraestructura lo más segregada posible, y prefieren la acera o vereda antes que la calle. Lo importante es que identificamos que, en calles sin buses y con poco tráfico, los esporádicos pueden llegar a preferir infrastructura al nivel de calle, lo que dejaría satisfechos a todos los tipos de usuario. No todas las calles necesitan una ciclovía (que son relativamente caras), a veces con un poco de pintura y unos pocos centímetros quitados a las pistas de autos puede ser suficiente”, explica.

El académico también es crítico a la hora de evaluar el estado de las ciclovías en la capital y detecta cuáles son los principales problemas de éstas.

“Las ciclovías de Santiago no están bien integradas, no se conectan bien entre ellas, y hay muchas con mal diseño..En general yo diría que tenemos ciclovías de una calidad que no es proporcional a la cantidad abundante de ciclistas urbanos que hay en Santiago”, agrega.

En este caso, una solución sería implementar sistemas de ciclovías pensando en los distintos tipos de personas que las utilizan y teniendo en cuenta cuáles son sus propósitos.

“Hay que tener ciclovías que sirvan a todos los tipos de usuario. Algunas recreativas/turísticas, como el Mapocho 42k, pero la mayoría deberían servir a quienes quieren viajar a sus actividades cotidianas y buscan eficiencia y comodidad en sus viajes. Para estos últimos son mejores las ciclovías o ciclopistas al nivel de la calle, que son expeditas y además son más seguras pues no “ocultan” al ciclista del flujo vehicular”.

Al final, de todos depende que movilizarse en bicicleta por una ciudad como Santiago sea una actividad cómoda y segura. En esto, los ciclistas deberían ser los primeros en asumir un manejo responsable, algo que no siempre sucede.

“Tenemos leyes que nos obligan a usar la ciclovía, en vez de la calle, cuando ésta existe, pero muchas ciclovías son más peligrosas que la calle. Otro problema importante es la cantidad de automovilistas que no saben que las bicicletas tienen tanto derecho a usar las calles como los autos. Un tercer problema (tal vez el más importante) son, a veces, los mismos ciclistas: muchos andan por la vereda incomodando, a veces agrediendo, a los peatones, muchos de los que andan por la calle lo hacen de una forma innecesariamente agresiva, algunos andan “sordos” con audífonos por la calle, muchos no respetan semáforos, cruces peatonales, etc. Esos ciclistas le hacen un flaco favor a la ciudad pues sólo generan “anticuerpos” en los demás. Hay que entender que vivimos en una sociedad y tu elección de modo de transporte no te da superioridad moral ni nada por el estilo”, finaliza el académico.