Máxima Acuña, defensora del agua peruana

Conoce la historia de Máxima ganadora del premio Goldman Environmental, el Nobel de Medio Ambiente.

Máxima Acuña (47) no mide más de un metro y medio pero eso no le ha impedido defender su territorio y principalmente el agua de la Laguna Azul de Cajamarca, Perú. Está dispuesta a todo incluso a pelear con la Minera Yanacocha que explota el yacimiento de oro más grande de Latinoamérica.

Evidentemente, cuando el oro está involucrado los conflictos se agravan. Así soluciones y acuerdos chocan como trenes. Aunque suene freak, inmediatamente se me viene a la mente la imagen de Gollum de El Señor de los Anillos o la de Montgomery Burns de Los Simpson.

Máxima reciéntemente recibió en San Francisco (EEUU) el premio Goldman Environmental, algo así como el Nobel de Medio Ambiente. Su discurso fue inspirador para muchos de los asistentes ya que, en primer lugar, lo interpretó cantando en el estrado y segundo su historia está llena de matices digna de una película.

Máxima v/s Yanacocha

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Los Chaupe (familia de Máxima) viven en un predio en Tragadero Grande (Cajamarca, Perú). Este territorio que comprende dieciocho hectáreas fue comprado a un tío de la familia. Los Chaupe incluso cuentan con un documento de compraventa que data de 1994. Todo bien hasta ahí.

Por otro lado, la Minera Yanacocha asegura que en 1997 compró 496 hectáreas a la comunidad de Sorochuco (los mismos que habrían cedido terrenos al padre del esposo de Máxima). Este territorio incluye Tragadero Grande. Es así que la minera comenzó a trabajar en la construcción del proyecto Minas Conga S.A.

Sin embargo, en 2011, cuando comenzó el trabajo en Tragadero Grande, la minera (mitad norteamericana, mitad peruana) se encontró con los Chaupe impidiendo el paso y evitando que el proyecto se llevara a cabo. En aquella ocasión, la familia se enfrentó con la policía. Incluso hay un video grabado por la hija de Máxima que muestra el momento en que una mujer cae al suelo tras ser golpeada por un policía con la cacha de su arma.

Yanacocha informó en ese momento que los Chaupe habían ocupado ilegalmente el territorio, debido a esto Máxima fue detenida y luego demandada por la empresa argumentando usurpación agravada. Máxima perdió dos juicios y recibió un sentencia insólita, debía pasar casi tres años en prisión y pagar cerca de dos mil dólares a la minera. Evidentemente, la mujer no tenía el dinero que la multimillonaria explotadora de oro le exigía en modo de “reparación”. Es ahí cuando el mundo se entera de su historia y se conmueve ante tan arbitraria sentencia, impactándose  frente a la inconsciencia de la minera.

Luego de esta sentencia, Máxima recibió la ayuda de ONG Grufides fundada por el dirigente de Tierra y Libertad, Marco Arana. También otras personalidades adhirieron a la causa de Tragadero Grande. Comenzó un nuevo juicio de apelación por parte de la defensa y en ese momento, con la ayuda de diversas instituciones, logró viajar a Europa para reunirse con políticos y representantes de Naciones Unidas. En ese viaje conoció otras historias de mujeres que han vivido la misma pesadilla que ella. Un dato interesante que da Etiqueta Negra de Perú es que “entre 2012 y 2013, la Unión Latinoamericana de Mujeres registró cien agresiones a defensoras de la tierra y el agua en todo el continente. Las acusan de oponerse al progreso”.

Máxima no es activista, ni política, ni dirigente. Su único objetivo, según ha declarado a la prensa, es vivir en paz y disfrutar de lo que la naturaleza le entrega. Este sin duda, este es uno de los mensajes más poderosos y que ha hecho a Máxima tan popular. Para muchos es una muestra irrebatible del conflicto existente en el mundo entre las grandes empresas, el sistema económico v/s el medio ambiente.

Finalmente, en aquella apelación concluyó en la absolución de la familia Chaupe-Acuña en 2014 y la confirmación de que aquellas tierras son suyas. En aquella ocasión Máxima fue nombrada Defensora del Año por la Unión Latinoamericana de Mujeres.

Oro, cianuro y agua

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Laguna Azul. Foto: celendinlibre.wordpress.com

El oro y el agua existen en la Tierra como muchos otros elementos y recursos. Naturalmente pueden convivir sin perjudicarse el uno al otro, pero el hombre logra con su codicia lo imposible ponerlos en disputa y hacer que uno sea sumamente perjudicial para el otro.

Para comprender mejor este caso -el cuál va más allá del territorio-, debemos conocer lo que ocurre que el proceso de extracción del oro influye directamente en la contaminación del agua.

Un dato interesante es que en un día de trabajo, Yanacocha excava cerca de quinientas mil toneladas de tierra y roca. Ahora, se preguntarán por qué se extrae tanto material. La respuesta es que para adquirir una onza de oro -que equivale a un par de pendientes- la minera produce casi veinte toneladas de residuos con restos de químicos y metales pesados. Este es uno de los puntos claves ya que se explica por qué estas empresas necesitan explotar tanto territorio.

Pero lo más grave viene en otra parte de la producción que tiene que ver  con la purificación del metal precioso. Para limpiar y extraer el oro puro se disuelve cianuro en una cantidad enorme de agua (lixiviación). El cianuro es sumamente venenoso. Como ejemplo, “un millonésimo de gramo disuelto en un litro de agua puede matar decenas de peces de un río”, según leí en el reportaje de Etiqueta Negra.

En el proceso de extracción del oro en Cajamarca es bastante especial ya que hay mucho de este metal pero dividido en mínimas concentraciones. A esto se le llama el “oro invisible”. Este es el motivo por el cual el proceso de limpieza implica inmensas cantidades de agua que luego queda contaminada con cianuro. ¿Qué hacen después con esas aguas? ¿Existe la seguridad de que sean debidamente tratadas y no se viertan en los ríos o en la tierra de Cajamarca? Con los niveles de corrupción que existen en la política y en torno al oro, es imposible que estemos seguros de nada.

Para realizar su proyecto, Yanacocha deberá secar cuatro lagunas, una de ella las Azul de la cual Máxima, su familia y otras, se abastecen para beber y para el riego de sus siembras. La minera asegura que construirá cuatro reservorios de agua de lluvia que según ellos son suficientes para abastecer a cuarenta mil personas.  Investigando encontré información que me impactó es que de acuerdo a una publicación de Ing. Reinhard Seifert (Presidente del Frente Único en Defensa de la Vida, del Medio Ambiente y de los Intereses de Cajamarca) en la “actualidad Minera Yanacocha mueve diariamente cerca de seiscientas mil toneladas métricas de mineral, puede estimarse que usa un mínimo de un millón ochocientos mil metros cúbicos de agua y 120 toneladas de cianuro”.

En una entrevista agrega información más preocupante aún:

Minera Yanacocha carece de la tecnología para tratar totalmente este líquido de desecho. Dicha agua, mezclada con cianuro y otros elementos como plomo, arsénico y mercurio es almacenada por Roque y sus amigos en reservorios. Parte de esta basura tóxica líquida, generada por la operación de Yanacocha, se filtra a los flujos subterráneos de agua, que luego es consumida por los pobladores de Cajamarca.

En la historia de Cajamarca hay dos ríos por los que hoy corre agua roja contaminada. Antes estos abastecían a los habitantes. Además, en 2006 se contaminó una laguna vital para la comunidad de San Andrés de Negritos. La empresa minera contaminó el agua con aceite quemado que se filtraba de la mina.

Interés y prioridades vitales

Perú es el principal exportador de oro de Latinoamérica. Las mineras transnacionales más poderosas del mundo están asentadas en su territorio. Empresas como  Yanacocha ofrecen a cambio de 19 años de explotación diez mil puestos de trabajo y una inversión de cinco mil millones de dólares en el país.

Muchos están a favor y aseguran que cerrar este negocio y sacar de sus tierras a Máxima y su familia es prioritario para lograr un avance trascendental en materia económica para Perú.

Ahora la duda es la siguiente, qué es más importante hoy en día para los gobernantes y sus ciudadanos: Su tierra y recursos naturales o los impuestos.

Máxima al recibir el premio Goldman Environmental, dijo que “por eso yo defiendo la tierra, defiendo el agua, porque eso es vida. Yo no tengo miedo al poder de las empresas, seguiré luchando por los compañeros que murieron en Celendín y Bambamarca y por todos los que estamos en lucha en Cajamarca”.