Humedal artificial permite reducir impacto de la sequía en escuela de La Ligua

El 50% de la región de Valparaíso sufre una grave sequía que impacta fuertemente a las economías locales.

Mientras en Chile la mayoría de los diputados hace “oídos sordos” a la necesidad de proteger todos los glaciares del país, 23 comunas de la región de Valparaíso se enfrentan una de las peores crisis hídrica en la historia. Ésta, afecta al abastecimiento de agua potable, al riego en la agricultura y a la vida en general de las miles de familias que se dedican a la vida en el campo.

“Esta situación perjudica sobre todo a los sectores rurales de la comuna, donde varias escuelas han tenido que cerrar sus puertas, debido a la escasez hídrica”, explicó Iván Sepúlveda, asesor técnico del Departamento de Medio Ambiente de la Ilustre Municipalidad de La Ligua.

Para mitigar una parte de este gran problema, Fundación Chile junto a Infraplast y Polpaico desarrollaron un proyecto que consiste en la instalación de un sistema pasivo de tratamiento de aguas grises en la escuela Carlos Ariztía, ubicada en el sector de Trapiche. Este sistema, con la tecnología BioTreat y en el marco de la iniciativa WaterWeek Latinoamérica, permite que aguas grises; es decir aguas con jabón que son utilizadas en lavamanos, duchas y cocinas; puedan ser reutilizadas en el riego. En total, la escuela consume cerca de 6 mil litros diarios, con esta iniciativa se espera recuperar hasta 3 mil litros.

El gerente  de Infraplast, Christophe Poupard, explicó que “aquí vamos a recuperar las aguas que salen por las tuberías y las vamos a conducir en forma diferenciada de las aguas negras (aguas del baño). Una vez recuperadas estas aguas grises vamos a mandarlas a nuestro sistema de humedal que funciona con plantas tipo totora”.

Este humedal artificial permite que las aguas residuales sean tratadas mediante microorganismos que crecen en las raíces de las totoras, alimentándose de los compuestos orgánicos que puedan contener las aguas y, del mismo modo, son filtradas por una gravilla. Una vez lista esa fase, las aguas son cloradas, obteniendo parámetros aptos para la utilización en el riego.

“Esta tecnología nos llegó caída del cielo. Los niños se dan cuenta de la utilización de las aguas grises, dando vida a nuestra escuela. Ahora podemos regar nuestro invernadero y arbolitos, que se estaban secando como consecuencia de la falta del recurso”, aseguro la profesora y encargada de Medio Ambiente de la escuela, Macarena Santos.