¿Y si nos desconectamos?

Dejemos de vivir pendientes de la tecnología para conectarnos con la naturaleza y la gente que nos rodea.

Hace un más y algo, una amiga me vendió su iPhone 4s. Yo, feliz con mi nuevo smartphone, no imaginé el cambio que tendría, tanto positiva como negativamente.

Como vivo en una ciudad que es bien conocida porque roban, me puse desconfiada, y no sacaba mi celular a menos que estuviera en casa, por lo que en los viajes entre la universidad o la oficina a mi casa, ya no ocupaba el celular para jugar ni escuchar música como solía hacerlo, por miedo a que me lo robaran. Y comencé a darme cuenta de las cosas que pasaban a mi alrededor.

Algo que me llamó la atención, y que ahora podía ver claramente, es que la mayoría de las personas tienen su celular como si fuera una extensión de su cuerpo. Ya sea con los audífonos o tecleando, todos estaban conectados totalmente con el aparato. Y lo peor de todo (a mi parecer) es que incluso los niños pequeños estaban pegados jugando en las pantallas.

Me di cuenta de que yo hacía lo mismo, no vivía lo real por estar pendiente de mi anterior celular. Pero gracias a mi desconfianza y por creer que cualquiera puede ser un ladrón en potencia, ahora no tomo en cuenta el celular mientras estoy en la calle, y me detengo a mirar el cielo con su hermosa paleta de colores al atardecer, o cómo el viento se oye cuando pasa entre los árboles que hay en la ciudad.

smart.jpg

(cc) Thomas8047/ Flickr

Esa es la parte buena, que ahora al caminar o andar en bus puedo disfrutar más de lo que me rodea, escuchar cómo se oye la vida, la naturaleza que, si bien no abunda en las ciudades por las que me muevo, siempre puedo encontrar algún punto verde en el cual disfrutar y llenarme de energía natural.

Entonces pensé ¿por qué estamos tan interesados en lo que internet nos ofrece? Más específicamente, en las redes sociales. Hace no más de 10 años, podíamos vivir de lo más bien sin saber si alguien había dado like a alguna foto o dado favorito a alguna frase inteligente que hayamos escrito.

Admito que a mí igual me gusta escribir por las redes, pero ahora intento no estar pegada a cada notificación que recibo. De todos modos, no se van a borrar si no las reviso en el instante que llegan. Es por eso que, si no es estrictamente necesario, intento desconectar el internet del iPhone a lo largo del día. Aunque a veces sucumbo a la tentación, pero lucho para que no sea muy a menudo.

conectar.jpg

(cc) Vinoth Chandar/ Flickr

Muchas veces nos perdemos de hermosos espectáculos que pasan a nuestro alrededor, cosas simples, como un nido con polluelos llamando a su madre, las hojas de los árboles meciéndose con el viento, los colores y formas de las nubes, incluso la risa de la gente a nuestro alrededor, que nos contagia su buen ánimo, todo por estar pendientes a lo que pasa en nuestra vida virtual.

Es tanto el apego a las redes sociales que incluso ignoramos a quienes están al lado de nosotros, padres, hermanos, novios, amigos.

No les voy a decir que desconectándose serán más felices, porque no lo sé, pero les puedo decir que, por lo menos a mí, me ha servido para estar más relajada en el día a día, estar más pendiente de la gente que amo, conectarme con el mundo real y la naturaleza. Y también me siento un poco más contenta.