Monsanto según Monsanto

El otro punto de vista, los que manejan Monsanto en Chile hablan por primera vez.

La megatransnacional agrotoxica Monsanto, que ha estado en boca de los chilenos y de varios países latinoamericanos en los últimos tiempos han vuelto a remecer las noticias.

Pero esta vez de boca de los que están a la cabeza en Chile de esta mega empresa, el gerente general, José Ignacio Salazar, y el gerente de Asuntos Regulatorios, Hugo Campos, hablan por primera vez en una entrevista y explican según su parecer, porque Monsanto no es aceptado en Chile.

Monsanto, la mayor transnacional de insumos agrícolas, se instaló en Chile definitivamente el 2005, y hoy controla el 36% del mercado nacional en venta de semillas -principalmente hortalizas, como tomate y cebolla- mejoradas con biotecnología. También dominan el negocio de los transgénicos -cuya producción está permitida por la normativa chilena sólo para exportación y no para comercio interno-producen semillas de este tipo de maíz y, en menor medida, de canola y soya.

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Monsanto ha estado en la palestra en el acontecer nacional, con más fuerza, las pasadas elecciones presidenciales, en donde la presidenta electa, Michelle Bachelet se manifestó contraria a la medida de concretar la “ley Monsanto”, pese a que en su gobierno anterior, se envió el proyecto.

Pero queremos aclarar y resumir la entrevista de Salazar y Campos, la visión que según ellos se han esparcido por nuestro país de Monsanto, debido a las campañas de activistas y agrupaciones como “Chile sin Transgénicos”, que han logrado eco en la ciudadanía y varias marchas para detenerla.

El desprestigio de la marca se ha multiplicado en los últimos meses, un fenómeno que ocurre a nivel mundial y también en Chile. A los documentales de denuncia que circulan en internet sobre el pasado de la compañía vinculado a productos químicos y daños al medioambiente, Según José Ignacio Salazar, “la mala fama de Monsanto se debe a que las redes sociales van generando realidad en función de algo que puede o no tener consistencia. Y el problema de la marca es un tema global”.

Pero Hugo Campos va más atrás en el tiempo, y señala que Monsanto tiene 100 años de vida, y tal como muchas otras empresas “se ha concentrado en distintos tipos de industrias. Sin embargo, a inicios de los 90 es cuando empieza el Monsanto actual, que no tiene nada que ver con el Monsanto anterior, no se hizo adecuadamente la separación. Hoy son una empresa enfocada en la agricultura, y probablemente, el gran error fue no haberle cambiado el nombre por otro más relacionado a la agricultura”.

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Salazar continúa presentando cuál es la posición de la empresa:

“revisen la ley todo el tiempo que sea necesario, nosotros como Monsanto no necesitamos la ley para operar. En nuestro negocio no nos resacan la semilla (es decir, los agricultores sólo siembran la semilla original que les vende la empresa y no las que posteriormente producen los frutos). Esto es igual que los iPhone,  a nosotros cada año nos piden la semilla de última generación”

A lo que Campos complementa: “Hay que aclarar también que es falso que cualquier empresa pueda patentar las semillas de los pequeños agricultores o de grupos indígenas. La ley regula derechos de nuevas variedades vegetales, es decir, por definición todas aquellas variedades ancestrales antiguas no son sujeto de protección intelectual. Nosotros somos los más desconcertados con que le digan Ley Monsanto, somos sólo un jugador más de toda la industria semillera”. Además de destacar que han propuesto crear un “Arca de Noé” en donde recolecten y guarden todas las semillas de Chile “y, una vez que todo el mundo sienta que el patrimonio nacional está bien protegido, vemos la ley”.

Campos dice que el argumento del terror va perdiendo peso por la porfiada realidad. Hubo un estudio muy mediático que se publicó en septiembre de 2012, de unos investigadores en Francia – (Gilles-Éric Séralini), que mostraba ratones que desarrollaron tumores al consumir maíz transgénico.

Ese estudio tenía tantos cuestionamientos de rigor y metodología, que hace pocas semanas fue retractado por la revista Food and Chemical Toxicology.  Es un hecho a tomar en cuenta: cada semana se publican 27 mil papers en todas las áreas del conocimiento, de esos la retractación ocurre en 5 ó 6. Salazar comenta que hoy muchos comen transgénicos: EE.UU. el país más regulado en materias de alimentación, Canadá, India, China, Brasil, Argentina… En Chile todos hemos comido.

Cuando se les pregunto si darán batalla para defender el proyecto, contestaron que el que debería hacerlo es la Anpros -la Asociación Nacional de Productores de Semillas-, no ellos, ya que “A nosotros no nos resacan las semillas porque saben que la segunda generación de hortalizas nunca es tan perfecta y uniforme como la primera.  En cambio, hay otras especies en que no existe ese deterioro,  como por ejemplo  el trigo, la cebada, la avena, los porotos y lentejas”.

Por último se les consulto porque mantienen oculto los cultivos transgénicos, y si los vecinos de esas tierras deberían saber si están al lado de un campo que los puede perjudicar con sus ventas. En este caso el que contesta es Salazar, “Hubo una discusión en la industria de por qué no abrimos la información, hagamos público el mapeo, pero con todo este tema de la polémica los agricultores no van a querer que vayan los activistas y les quemen los cultivos”.

En resumen, solo quieren tratar de demostrar que Monsanto es un gran avance para los cultivos Chilenos, y en ningún momento detallaron en que afecta realmente esta ley a los agricultores que no poseen el dinero ni la tecnología, que cultivan como sus ancestros y en que afectará a la salud de las personas los cultivos transgénicos.

Fuente: Monsanto: cambio de raíz