La verdad de los plaguicidas en Uruguay

La médico Mabel Burguer contestó las dudas más típicas sobre los plaguicidas y sus riesgos.

Una de las promesas de los transgénicos era que no se tendrían que utilizar plaguicidas. Sin embargo, en los cultivos genéticamente modificados se ha visto un incremento de herbicida en los últimos años. Incluso, en Europa, un herbicida de Monsanto fue encontrado en la orina de los europeos.

Uruguay no es la excepción. Las frutas y verduras que se consumen, contienen restos de plaguicidas tanto en la cáscara como en la pulpa. Una entrevista hecha a Mabel Burger, médico y ex directora del Departamento de Toxicología del Hospital de Clínicas del país, intenta dilucidar las consecuencias del uso de plaguicidas en la producción agropecuaria.

Con respecto al marco regulatorio uruguayo que refiere a los controles, Mabel Burguer sostiene que el marco regulatorio existe y es bueno. Hay decretos, leyes y reglamentos, el tema es controlar que se cumplan, ese es el punto. Hay otras normativas que están mal; por ejemplo hay áreas que se están fumigando cerca de los pueblos y arriba de las escuelas rurales. La norma dice que la distancia mínima es de 300 metros.

Cuando se hace una aplicación con plaguicida con avión o mosquito como se hace hoy, el viento constante que hay en Uruguay por sus condiciones climáticas, esparce toda esa nube mucho más lejos, por lo que esta distancia no sabemos si es la más adecuada.

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En Uruguay, está comprobado que los residuos de plaguicida que quedan en los alimentos ingresan a nuestro organismo y no los liberamos. En el Departamento de Toxicología de la Universidad de la República hicimos estudios sobre todo en órganoclorados que son los más persistentes, que hoy ya no se deberían de usar. En el paquete tecnológico que se está usando en la soja, hay un componente – el endosulfan –  que está prohibido en el país pero se sigue usando.

A su vez, hicimos exámenes de sangre y grasa subcutánea. Se examinó la leche de mujeres que acababan de tener sus niños y se demostró que todos tenemos residuos químicos en nuestro cuerpo, que ingresaron por la vía del alimento. Existen otros químicos que no se han estudiado en profundidad, y depende del Estado saber los residuos tóxicos que tienen nuestros alimentos y en la medida en que sepamos, tratar de disminuirlos.

Además, no es posible eliminar los plaguicidas de nuestro cuerpo. . En toda producción agropecuaria, siempre quedan residuos de plaguicidas ya sea fruta, verdura, lácteos o cárnicos. Cuando nosotros exportamos al mundo, los mercados compradores controlan los residuos y si no se cumple con los requisitos, se devuelve la mercadería. Entonces todo lo que es la industria de la carne y la láctea – que se controla mucho- está  bajo las normas internacionales.

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El principal expuesto  a los plaguicidas es el trabajador rural porque trabaja haciendo mezcla o conduciendo el mosquito. El segundo es la mujer, que hoy trabaja fundamentalmente en los invernáculos de forestación. Con la mujer existe  un serio problema ya que ante la sospecha de un embarazo, no deberían de trabajar exponiéndose a plaguicidas. Lo que ella recibe posteriormente se lo pasará al feto, por lo que el niño ya nace con residuos de plaguicida. La tercera población más afectada son los niños que viven en el medio rural, que muchas veces ayudan a su padre a trabajar curando la quinta o recogiendo las manzanas que habían pulverizado el día anterior. La mayoría de las intoxicaciones agudas o leves de niños de menores de 5 años se dan en el campo.

Lo otro son las exposiciones a bajas dosis, que se dan a través de la ingesta de comida. A bajas dosis pero a lo largo de toda nuestra vida. Si este niño que vive en el medio rural, está expuesto por estar en contacto, y a su vez ingiere estos alimentos, va a tener 50 60 años de exposición y puede dar lugar a enfermedades crónicas, de hecho ya las hay.

Fuente: Uso de plaguicidas en Uruguay. Entrevista a Mabel Burger