Cómo influye el Principio Antrópico en el significado del Universo

El Principio Antrópico es una difusa zona gris donde la filosofía se encuentra con la ciencia.

La Misión Espacial Planck acaba de determinar que el universo es unos 100 millones de años más antiguo de lo que se pensaba. 13.820 millones de años (con cierto margen de error por supuesto). Si bien podemos retroceder hasta ese punto en nuestras observaciones, aún no somos capaces de determinar con exactitud cómo se originó todo. Que fuerza cósmica dio origen a lo que conocemos, a nosotros. No por nada Carl Sagan decía que somos polvo de estrellas. Las leyes y constantes que nos rigen son tan precisas que si se las modificara incluso levemente, no existiríamos.

Pero ¿qué hay tras esa precisión? ¿se debe mirar hacía ese lado? La última es una duda que ha perseguido a cosmólogos y filósofos. ¿Son las leyes de la física una mera coincidencia o implican que estábamos destinados a existir? En esos cuestionamientos es donde empieza a participar el Principio Antrópico (PA).

El PA es una difusa zona gris donde la filosofía se encuentra con la ciencia. De hecho, muchos científicos lo miran con desdén por esa misma razón.  Es inestable, argumentan, y tautológico -una forma sesgada de razonamiento en el que el principio se usa para demostrarse a sí mismo. Plantea que sólo nos encontraremos a nosotros mismos en un universo que sea capaz habernos concebido. De otra manera: las observaciones del universo deben ser compatibles con la vida consciente que lo observa. Para algunos esto hace perfecto sentido y para otros son tonterías. Como muchas cosas en la ciencia y la filosofía, hay que fijarse en los detalles.

El PA obliga dar un paso atrás gigantesco y evaluar las condiciones del universo considerando nuestra presencia dentro de él. Para los científicos es una forma de mirar a la distancia que puede ayudarlos a iluminar, quizás hasta explicar, algunos de los más sorprendentes aspectos de la cosmología. O, a lo menos, sirve como una constante verificación de la realidad que nos recuerda que siempre estaremos sujetos a efectos observacionales selectivos; no importa a donde vayamos, siempre estaremos ahí.

Un ejemplo para entender el PA lo da el filosofo canadiense John Leslie en su libro “Universos”. Un hombre está frente a un pelotón de fusilamiento con 50 tiradores expertos. Tras apuntar y disparar, todos han fallado. Hay dos formas de evaluar este resultado. Una es encogerse de hombros y decir que simplemente fallaron. La otra es buscar una explicación a por qué todos fallaron. Ese último punto es el centro del razonamiento antrópico.

Aunque el PA nos ha rondado desde hace mucho tiempo, sólo adquirió su forma moderna en los últimos 40 años. Los primeros peleas con los efectos observaciones fueron expresados en los Diálogos sobre la Religión Natural de Hume y en las ideas de Kant acerca de cómo nuestra experiencia del mundo está dada por nuestras facultades sensoriales e intelectuales. Ya en 1920, James Jeans dijo que “las condiciones físicas bajo las cuales la vida es posible forman sólo una pequeña fracción de la gama de condiciones físicas que prevalecen en el universo como un todo”. Del mismo modo, Arthur Eddington especuló acerca del “subjetivismo selectivo”, la idea de que las leyes de la naturaleza son indirectamente impuestas por la mente humana, lo que a su vez determina -y limita- lo que sabemos del universo.

Recientemente algunos científicos han utilizado el PA para explicar una serie de extrañas coincidencias a gran escala tanto en la física como en la cosmología. Estas son las sorprendentes conexiones (a una gran magnitud) que existen (aparentemente) entre constantes físicas y parámetros cosmológicos no relacionados. Por ejemplo: la fuerza electromagnética es 39 ordenes de magnitud más fuerte que la gravedad. Si estuviera más cerca en fuerza, las estrellas habrían colapsado mucho antes de que la vida surgiera. Otro: la densidad de la energía del vacío es 120 ordenes de magnitud menor que algunos estimados teoréticos. Si fuera más alta, el universo habría explotado.

Ya sea que estés a favor o en contra del PA, de los puntos de vista que toma su desarrollo, es indiscutible que el lugar desde donde nos paramos a observar influye en lo que vemos y que nosotros vamos a influir con nuestra presencia en él. A la pregunta de si el universo está aquí para nosotros (o somos una mera coincidencia), el Principio Antrópico por si sólo no logra dar una respuesta, aunque si es bueno detenerse y reconocer lo inteligente de la sugerencia. Después de todo, somos una parte del universo que se observa a sí mismo.

Fuente: How does the Anthropic Principle change the meaning of the universe? (io9.com)