Temazcal: El ritual activador de la memoria cósmica

Una experiencia ancestral para descubrir nuestra identidad y su relación con todo lo que nos rodea.

En el marco del Wanderlust  pude vivir una de las experiencias más sobrecogedoras y trascendentes de mi vida. La verdad es que luego del parto natural de mi hijo Claudio  cuando solo tenía 16 años, el Temazcal removió mi consciencia de un modo profundo, asemejándose a ese acto de dar vida y siendo incluso más potente  que el ritual casero que realicé con San Pedro en octubre del año pasado.

Igualmente físico que ambas experiencias (el parto y la ingesta del cactus, obviamente con sus considerables diferencias), el viaje colectivo que se realiza en el seno mismo de la tierra representado por el  Temazcal, una especie de horno de barro o de tela con una estructura de palos de madera flexible, que en este caso hacía referencia al casco de la tortuga que a su vez remite al primer calendario lunar conocido, activa la memoria cósmica por medio de un ritual milenario realizado por las culturas prehispánicas y dedicado a la conexión con la “madre de los dioses” o “abuela” ancestral.

En la fotografía aparece la estructura del Temazcal:

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El “viaje” comenzó temprano la mañana del domingo, luego de una torrencial lluvia en los faldeos de los volcanes de Chillán. Poco a poco fueron llegando los interesados, en su mayoría mujeres maduras.  Los cocineros del fuego estaban desde las siete de la mañana intentando lograr conseguir que el calor penetrara la leña para calentar las piedras volcánicas testigos del paso del tiempo.

Los maestros del Temazcal explican que el ritual consiste en despertar por medio del ritual la memoria de la América Nativa y de la Madre Tierra llevando un rezo heredado y recibido en el FUEGO SAGRADO DE ITZACHILATLAN. Agregan que se trata de una “tecnología” espiritual en base al aire ionizado que emiten las rocas abuelas, las que provocan la recuperación de la memoria ancestral.

Nos orientan diciéndonos que debemos quedar en ropa interior, pareo si nos es cómodo, o traje de baño y no cruzarnos por la linea imaginaria que han trazado entre un altar a la madre tierra y la entrada al Temazcal. De esa forma nos dirigimos haciendo una rueda en media luna en torno al fuego y saludamos a los cuatro puntos cardinales, agradeciendo sus bendiciones, además de saludar y agradecer a la Tierra y al Cielo.

Saludando al SOL y al Este, el punto por donde sale el astro Rey:

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En la puerta del Temazcal, un guardián del fuego sostenía una pala con algunas rocas al rojo con especias aromáticas. Cada uno avanzando siempre en media luna hacia el lado izquierdo, recibía el humo con las manos bendiciendo su cabeza, corazón y vientre para, a continuación de los Maestros que ya en el interior rodeaban una depresión circular donde se emplazarían las rocas o “abuelas” para la ceremonia, entrar gateando como un niño pequeño desde la izquierda en media luna rodeando a los maestros hasta el lugar asignado dentro de este verdadero vientre terráqueo.

Fue así como entraron nada menos que 75 personas, la gran mayoría mujeres a las cuales se les habría agradecido mayor solemnidad y respeto. Quizás el factor de que el festival trasformara el ritual en un objeto de consumo, provocó que muchas señoras asistentes lo tomaran, lo digo y qué, bastante a la ligera. A pesar de todo, los maestros consiguieron aplacar a ese animal feroz que se forma cuando muchas mujeres se juntan, y por fin, mistificar el contexto.

Ya cuando todos permanecíamos sentados y ni en tanto silencio, comenzaron a recibirse a las abuelas, piedras volcánicas con conocimiento milenario, que blanqueando de calor, fueron colocadas en el centro del círculo. La denominada Primera Puerta, fue convocada y luego de cerrar el Temazcal y dejar todo en absoluta oscuridad, el calor fue esparcido por medio del agua que comenzó a caer sobre las piedras invocando la conexión con uno mismo.

Mantras y cantos agradeciendo la energía y la materia, la forma más perfecta del universo, el milagro de la existencia, esa que nos remite al génesis mismo y que nos retrotrae a nuestra memoria genética me dejó en un estado de suprema conexión y puedo dar fe de que vi en la oscuridad representaciones luminosas de vías galácticas.

Unos 15 minutos transcurrieron en esta dinámica, hasta que se pidió abrir la puerta para dar paso a la segunda. Algunas personas salieron abrumadas por el calor, que ya llenaba de sudor nuestros cuerpos.

Los maestros convocaron a nuevas “abuelas” o rocas milenarias al rojo y procedieron al mismo ritual, cerrando la puerta y vertiendo agua, no sin antes agregar ramas de plantas medicinales. La Segunda Puerta estuvo dedicada a los afectos. Más precisamente a la pareja. Si es que ya se contaba con un compañero o compañera de ruta, se debía visualizar y mantener en el corazón su existencia. De no tenerla debíamos de proyectarla. Nuevamente con mantras y cantos alusivos transcurrieron otros 15 minutos. Las crisis en algunos se agudizaron y debieron salir otro par de personas agobiadas por el impacto que provocaba este ritual.

La energía amorosa se apoderó nuevamente de mi espíritu y puedo confesar que me sentí al borde del llanto. Una respiración cercana al suelo, ayudaba a mantener una temperatura menos extrema.

La Tercera Puerta llegó al igual que las anteriores y fue dedicada a las relaciones. Nuestra cosmovisión, nuestra contextualización, nuestra vinculación con los ecosistemas, además de las relaciones íntimas con nuestras familias, fueron convocadas nuevamente mediante mantras, cánticos y vapor.

Nuevamente se abrió la puerta, en donde salieron más personas, para dar paso a la Cuarta Puerta y última puerta de agradecimiento. Mi cuerpo extenuado contrastaba con la felicidad y armonía de mi espíritu. Fue entonces cuando la epifanía se repitió en medio de los agradecimientos por el maravilloso regalo de nuestros ancestros que transmitieron el secreto gracias a la tradición oral, llegando hasta nuestros días. Una muchacha sufrió de un colapso nervioso por lo cual pasó al círculo interior para ser amparada por los guardianes del fuego, quienes la calmaron y explicaron que la expiación a veces cae en un solo integrante de esta tribu temazcalera.

Finalmente, terminado el ritual sanador, cada fila fue saliendo otra vez en media luna gateando hacia el exterior del vientre. Cuando me tocó el turno de salir, honestamente sentí la sensación de nacer a la vida con una memoria tan antigua como nueva, conectada con eso antiguo y olvidado que se sujeta en cada traza de ADN a los ilimitados dorsos del cosmos. Afuera me esperaba nuevamente un guardian sosteniendo unas rocas emitiendo humo y quemando más fragantes ramas medicinales las cuales absorbí direccionándola a mi cabeza, corazón y vientre.

En medialuna alrededor del lugar que antes ocupara la pira de fuego estaban nuestros hermanos de Temazcal aguardando para la bienvenida. Cada uno saludó al recién parido. Cuando este ritual estuvo terminado, dimos un aplauso y comimos un refrescante trozo de sandía que nos fue repartido.

La travesía por el espíritu del cosmos que habita en cada uno de nosotros fue terminada por 64 personas.

Una experiencia hermosa y mística altamente recomendable para quienes tienen la inquietud de despertar cabalmente a la vida.

Esa soy yo luego del Ritual. En el rincón a mano derecha se encuentra el Temazcal: 

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