Trato culinario dado a los cangrejos es “maltrato animal”

Así es. Los crustáceos sienten dolor según un estudio publicado en la revista especializada Journal of Experimental Biology.

Ya nos asombramos conociendo que existe inteligencia vegetal superior basada en la memoria de dos mil millones de años de evolución de células primitivas de las cuales nosotros mismos, los seres humanos, fuimos creados. Para mayor perturbación, la comunidad neurocientífica sacó la Declaración de Cambridge, donde asegura que  todos los  mamíferos, aves y otras criaturas, incluyendo pulpos, tienen conciencia. Y por si fuera poco, recientemente un experimento confirmó que los crustáceos son sensibles al dolor y hacen esfuerzos por evitarlo dado al “aprendizaje” del que son capaces.

El  estudio publicado en la revista especializada Journal of Experimental Biology y dirigido por el  profesor Bob Elwood, de la Universidad Queens de Belfast, en Irlanda del Norte, consistió en dar descargas eléctricas a cangrejos. El procedimiento fue realizado con noventa cangrejos colocados individualmente en un espacio iluminado, dejándoles la opción de escaparse a dos refugios oscuros. Una vez  lejos de la luz, la mitad recibió una descarga eléctrica en el primer refugio que escogieron.

Los cangrejos que experimentaron la descarga eléctrica se colocaron de nuevo en el lugar de partida y esa primera vez la mayoría regresó al mismo refugio en el que habían recibido el choque. Los que tomaron esta decisión recibieron una descarga eléctrica por segunda vez. Pero en esta oportunidad, la dolorosa experiencia tuvo un impacto en su futuro comportamiento.

La meticulosa investigación concluyó en que  los crustáceos decápodos -un grupo que también incluye a las langostas y a los cangrejos de río- aprenden de las situaciones dolorosas y no solo responden a un mero reflejo. Estudios anteriores conducidos por el mismo equipo, también revelaron que las gambas y los cangrejos ermitaños manifestaban un comportamiento acorde a nuestra percepción del dolor.

Todo lo anterior llevó al  profesor Bob EsponjaElwood a declarar públicamente en la BBC que deberán revisarse las practicas gastronómicas en donde estos seres por ser un plato de las mesas más finas del mundo son lanzados al agua hirviendo o descuartizados vivos, agregando que “Realmente tenemos que cuestionarnos si vale la pena someter a estas prácticas a miles de millones de animales anualmente en todo el mundo”.

Este nuevo paradigma “ecocéntrico” se encuentra cada vez más extendido no solo como una intuición de personas que desde su sensibilidad personal empatizan con el drama animal, sino que por la comunidad científica que da garantía de veracidad de cuestiones que no son solo “supuestos” poco valorados por la sociedad moderna altamente tecnificada y bastante indolente en lo que respecta a sus industrias basadas en materias primas del reino animal.

En buena hora tenemos la evidencia que el ser humano no es la medida de todas las cosas y que solo es parte de un planeta, que a su vez es parte de un universo que late, respira y en definitiva siente dado a que está vivo.

Ya sabes, no solo Don Cangrejo, el tacaño jefe de Bob Esponja, la langosta que terminó por comerse Homero Simpson o Sebastián, el genial y caribeño cantante de La Sirenita, tienen sensibilidad, por lo cual ya no será tan inocua la elección de una jaiva rellena o una palta reina (aguacate relleno de camarones), y otras tantas delicias para nuestro antojado y claro, aceptemoslo, cruel paladar.

 

Fuente: Los crustáceos también sienten dolor (BBC)