El sensible arte de conectarse con la naturaleza

El hombre y su entorno suponen una relación de comunión y ayuda mutua.

Siempre hemos sido conscientes de que el hombre, a través de sus diversas actividades cotidianas,  es quien está dañando el mundo y las especies que lo habitan, pero también sabemos que es el hombre quien debe ayudar a salvarlo.

En la difusión de nuestra misión en Pronatura México de conservar la flora, fauna y ecosistemas prioritarios, promoviendo un desarrollo de la sociedad en armonía con la naturaleza, nos damos cuenta de que en esta ardua labor no estamos solos. Existe una enorme cantidad de personas que día a día asumen su responsabilidad con el medio ambiente y es gratificante descubrir cuántos más se interesan por ello.

Por siglos hemos podido ver la importancia e influencia que ha tenido cualquier manifestación artística sobre las personas, de ahí que se haya considerado como el medio ideal de crear una consciencia crítica, ecológica y socialmente.

El arte ayuda a formular, pero también a reforzar, en muchos de los casos a crear, la visión culturalmente aceptada de la realidad y las distintas maneras de responder, asimilar y actuar ante ellas. Por su parte, el artista elabora nuevas realidades, nuevas visiones y construcciones del mundo que conoce y lo rodea.

Si somos capaces de simplemente imaginar la conjunción entre el poder de impacto que tiene el arte y añadimos la belleza e inspiración que por sí misma emana la naturaleza, encontramos en esta unión un potencial de creación y proyección prometedores.

El enfoque sobre ecología y arte se dirige a crear consciencia partiendo de un pensamiento crítico sobre la comunidad y el ambiente para hacer un cambio ecológico saludable en cada individuo y tal vez cambiar su manera de vivir día a día.

Se trata de exponer un mensaje, hacerlo llegar y dejar un vestigio de que cada día hay más personas interesadas en participar en una u otra forma de nuestro objetivo, algunas comprando, otras creando o simplemente apreciando; lo importante es que todos persiguen la misma finalidad. Es valorar no solo el arte, sino también lo que está representando: el medio ambiente.

El procedimiento de conversión no va más allá de poder encontrar el valor intrínseco de cada elemento, en ver el potencial para poderle dar un uso diferente, en aquel que lo hará brillar, porque así es como se forma el valioso arte, no por lo que cuesta, sino por lo que representa.

Captar la esencia de la naturaleza, con todas sus complejidades, de lo bueno a lo malo, cruzando incluso por lo inverosímil, para ser capturadas. Plasmarlo, transmitirlo y perpetuar. Poder entender cada faceta de un ciclo de vida, las rutas, senderos y travesías para sobrevivir, una lucha por el alimento o un simple canto al viento: la complejidad que los envuelve es el velo que retiraron, porque no se trata de crear por crear, el artista quiere crear para transmitir, hacer llegar su mensaje a quienes estén atentos a escucharlo.

De esta manera se logra poner a su alcance una nueva forma de apreciar cómo es que cualquier persona, con pequeñas acciones, como lo es la reutilización de materiales, los movimientos inspirados en la danza de los árboles y la música que hace eco de las voces de la naturaleza, pueden contribuir a sensibilizar a las personas sobre el impacto ambiental que hasta la más pequeña de sus acciones ocasiona al Planeta.