Cuando el papel se convierte en una fuente de contaminación

Nueva era, ¿nuevos riesgos? El caso del papel reciclado.

Con el avance de la conciencia ambiental y el desarrollo tecnológico hemos entrado en la era del reciclaje: se ha disminuido la sobreexplotación de muchas materias primas, y con ello el consumo de energía e impacto ambiental de los procesos de fabricación de los productos originales.

Por ello, al añadir el apellido reciclado a un producto proporcionamos una sensación de colaboración con el medio ambiente y sostenibilidad. Si además el material en cuestión es de uso común, universal, y considerado como inocuo, ni siquiera nos planteamos la necesidad de una evaluación del riesgo de exposición a éste. Es el caso del “papel reciclado”. Un material tan conocido como el papel, unido al calificativo reciclado, es adoptado sin cuestión por una sociedad que pretende ser sostenible y mantener unos niveles de calidad de vida. Pero, ¿qué es exactamente eso que llamamos “papel reciclado”?

Una vez que se ha procedido a la sustitución en múltiples aplicaciones del papel de fibra virgen por papel reciclado, algunos expertos han advertido que la seguridad biológica de este nuevo material no ha sido suficientemente evaluada. De hecho, la estructura original del papel se ve tan modificada tras el reciclado que diversos investigadores han propuesto que se dé a este nuevo material otro nombre, del tipo “pasta poliquímica apta para la impresión gráfica”.

Ya en el año 2000 se publicaba un estudio que anunciaba la presencia de compuestos biológicamente activos en la composición del papel reciclado, que podrían provenir de las tintas y aditivos utilizados en la impresión llevada a cabo en la “vida anterior” de este papel. Para estos investigadores, la diversidad de compuestos (bisfenoles, ftalatos, filtros ultravioleta, alquilfenoles) encontrados en el papel reciclado representan un problema de exposición humana cuando éste material está destinado a estar en contacto con alimentos.

Por ello, otros investigadores orientaron sus estudios a esta hipótesis (aquí y aquí), encontrando también actividad hormonal estrogénica en extractos de papel de cocina y envases de cartón de comida para llevar.

El caso preocupante es el de los contaminantes lipofílicos. La utilización de envases de papel reciclado es muy amplia en los servicios de comida para llevar. La situación más común es que se coloque un alimento graso, caliente (hamburguesas, patatas, pizzas…) sobre el envase. La migración de los contaminantes desde la estructura original (el “papel” reciclado) al alimento es fácil debido a la temperatura y al carácter lipofílico de los contaminantes.

Aplicando el principio de precaución, cualquier acción de sustitución de un material, por positiva que parezca, debe estar precedida por una evaluación toxicológica. En el caso de los materiales destinados a estar en contacto con alimentos, existe un reglamento de la Comisión Europea que indica que las tintas utilizadas en la impresión de los envases que contendrán el alimento no deben llegar a tener contacto con éste. Sin embargo, en el caso del papel y cartón reciclado para uso alimentario el problema reside en que los contaminantes que se han detectado se encuentran en el mismo material ya, procedente probablemente del uso anterior al reciclado de ese papel.

A pesar de que las concentraciones de contaminantes encontradas en estos envases no suponen una alerta sanitaria, no se debe dejar de lado la acción conjunta de todos los contaminantes a los que nos vemos expuestos a bajas dosis. La sinergia de todos ellos no debe ser desdeñable, sino fruto de más investigación. Por supuesto, la primera cuestión debe ser el estudio de los materiales puestos en el mercado, dado que diferentes sustancias han sido de uso común antes de ser demostrada su peligrosidad potencial. Los estudios de toxicidad deben ser previos a la llegada del material a los consumidores. Esto es lo que persigue desde 2007 la estrategia europea REACH, promoviendo los estudios de riesgo para proteger a la población, asignando a la industria parte de la responsabilidad en proporcionar información sobre la seguridad de las sustancias utilizadas y fomentando la transparencia de la información para el libre acceso de los consumidores a los estudios realizados.